Sergi López: actuar es saltar al vacío

Sergi López habla sobre Sirat, una película que lo obligó a actuar desde la incertidumbre

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

enero 14, 2026

11:11 am

Cortesí de Godot

Con una trayectoria que atraviesa el cine de autor europeo, el teatro y personajes inolvidables, el español Sergi López ha construido una carrera marcada por la intensidad y el riesgo. Desde la violencia desbordada de Harry, un amigo que te quiere de Dominik Moll hasta trabajos con directores como Ventura Pons (Caricias, Morir o no), Manuel González Pereira (Entre las piernas), Isabel Coixet (Mapa de los sonidos de Tokio), Stephen Frears (Dirty Pretty Things) y Woody Allen (Rifkin’s Festival), López ha evitado siempre la repetición.
En Sirat, dirigida por Oliver Laxe, interpreta a Luis, un padre que atraviesa el desierto con su hijo después de un quiebre radical. Lejos del estallido emocional, su actuación se construye desde la contención, la deriva y una relación casi física con el entorno. López nos habla sobre actuar sin respuestas, el rechazo al sentimentalismo y la necesidad de asumir que, en cine, no hay más opción que lanzarse.

Tu actuación en Sirat es radicalmente distinta a la de Harry, un amigo que te quiere. Allí todo era explosión; aquí todo parece ir hacia adentro.

No sé poner mis trabajos en un ranking, eso siempre se me escapa. Pero sí es verdad que esta película me hizo atravesar zonas que no había atravesado antes como actor. Y no lo digo desde el sufrimiento personal. Yo vengo del teatro. Para mí, entras por una puerta siendo un personaje y sales por otra siendo otro. El personaje no se viene a casa conmigo. Nunca trabajo el dolor desde mi vida privada. No voy a buscar mis hijos, mi familia o mis heridas para actuar. Trabajo mejor desde la distancia y la imaginación. No soy yo, Sergi, el que sufre; es un tipo que se llama Luis, que tiene un hijo llamado Esteban y al que le ocurre algo terrible. Ahí es donde puedo entrar.

¿Cómo fue tu primer encuentro con el guion?

Me gustó mucho, pero también me molestó profundamente lo que ocurre en el primer tercio. Estuve a punto de cerrar el guion porque el exceso emocional en el cine no lo soporto. Luego entendí que la película no iba de eso, que ese hecho era solo un punto de partida. En realidad, hablaba de cómo se sigue caminando con la muerte al lado. Se lo dije a Oliver: me encanta el guion, pero no sé cómo actuar algo tan frontal, tan absoluto. No sabía si era posible. Me parecía que hicieras lo que hicieras, nunca iba a ser suficiente. Y eso me reconcilió con mi oficio: actuar no es resolver, es intentar.

Cortesía de Cineplex

Hablas mucho del verbo “jugar” cuando te refieres a la actuación.

Sí. Me inspira mucho más que “actuar”. En francés (jouer) o en inglés (play) es más evidente. Jugar implica distancia. Estoy jugando a ser este hombre, aunque la situación sea trágica. Termina el rodaje y me voy a tomar un té a la menta. No me lo llevo encima. En cine, puedes ensayar, pero llega un momento en que todo el mundo calla, dicen “acción” y algo tiene que pasar. Ahí no hay estrategia posible: saltas al vacío. Por suerte hay tomas, elecciones, montaje. El trabajo es confiar.

Tu personaje parece cargado de culpa, pero nunca se verbaliza. ¿Construiste un pasado para él?

No. Y fue deliberado. Al principio, cuando era más joven, me inventaba biografías enteras y a veces eso me bloqueaba. Demasiada información pesa. Aquí me interesaba no responder esas preguntas. ¿De dónde viene ese hombre? ¿Dónde está la madre? ¿Por qué está ahí con ese niño? Son preguntas legítimas, pero me gusta que no tengan respuesta. El personaje acaba teniendo algo casi simbólico. Es un hombre cualquiera, sin herramientas claras, que hace lo que puede como padre y al que la vida golpea. Y está hecho para que la vida lo golpee.

Cortesía de Cineplex

El paisaje y la música parecen dialogar con el estado interior de los personajes. ¿Cómo influyó eso en tu trabajo?

La música no estaba durante el rodaje, salvo en la rave. Cuando vi la película terminada entendí hasta qué punto conecta con lo interior. Pero mientras filmábamos, lo que había era el desierto real. En el desierto no hay horizonte. O miras hacia arriba o miras hacia dentro. Y eso es muy poderoso. No es lo mismo imaginarlo en teatro que estar ahí, con 40 grados, sed, cansancio real. Todo eso ayuda. A mí me encantó usarlo como herramienta. Lo disfruté mucho, incluso el calor. No sufrí. Además, a los actores nos cuidan bastante; los que realmente la pasaron duro fueron los técnicos.

Algunos han leído a Sirat desde lo bíblico, desde la tragedia, incluso desde lo mitológico.

Es una película muy curiosa. Tiene muchas capas. Puedes contarla como una historia sencilla de aventuras, pero luego aparecen lecturas que conectan con el libro de Job, con la tragedia griega. Los personajes son muy humanos y, al mismo tiempo, no sabes de dónde vienen ni a dónde van. Eso es un gran logro del guion. La película no se agota. Genera debate, enfado, discusiones. Tengo amigos no cinéfilos que dicen que no les gustó, pero no paran de hablar de ella. Eso me parece fascinante.

¿Qué te dejó Sirat a nivel personal?

Como te decía, yo siempre he tenido una relación lúdica con mi trabajo. Pero con los años me doy cuenta de que hay un lazo emocional muy fuerte entre lo que actúo y lo que le pasa a mi cuerpo. En esta película fue muy evidente. No viví el personaje, pero mi cuerpo pasó por ese desierto. Y eso deja algo. Una relación más espiritual con el trabajo, con lo físico, con lo material. No es solo trabajo. Es parte de mi vida.

¿Qué viene ahora para ti?

Pues primero tengo que ver cuándo me opero la rodilla, porque voy a tener que parar unos meses. Y mientras tanto, teatro. Estoy girando con un monólogo que escribí con Jorge Picó en 2005. Lo hago en catalán, francés y castellano. Estoy viajando mucho, en furgoneta, trenes, aviones. Eso es lo que tengo ahora: carretera y escenario.

Tráiler: 

ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

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