Studio Ghibli y otros gigantes de la animación japonesa cuestionan a OpenAI

La Content Overseas Distribution Association (CODA) sostiene que Sora 2, modelo de inteligencia artificial, habría sido entrenado con obras protegidas y exige que se detenga el uso

Por VALENTINA VILLAMIL |

noviembre 5, 2025

2:42 pm

La Content Overseas Distribution Association (CODA), una organización japonesa dedicada a la protección y distribución internacional de contenido creativo, dirigió recientemente una petición formal a OpenAI solicitando que la empresa detenga el uso de obras pertenecientes a sus miembros para el entrenamiento de Sora 2, la plataforma de generación de video con inteligencia artificial lanzada en septiembre. La misiva, que data del 27 de octubre, señala que la herramienta ha producido videos cuya estética y composición guardan un parecido directo con producciones japonesas, lo que sugiere, según el grupo, que modelos de aprendizaje automático habrían utilizado material protegido por derechos de autor, sin autorización previa.

CODA agrupa a algunas de las compañías más conocidas del entretenimiento japonés, entre ellas Studio Ghibli, Bandai Namco, Square Enix, Toei, Toho, TV Tokyo, Nippon TV, TMS Entertainment, Kadokawa, Aniplex, Universal Music Japan, Shogakukan-Shueisha Productions y NHK, entre muchas otras. Desde su fundación en 2002, la organización se ha enfocado en impulsar la proyección internacional del contenido japonés y en combatir la piratería, por lo que la aparición masiva de videos generados por Sora 2 con elementos visuales y personajes similares a los pertenecientes a estas empresas ha sido motivo de preocupación.

El documento enviado a OpenAI afirma que la similitud entre las imágenes generadas y el contenido japonés existente no puede considerarse una simple coincidencia. “CODA ha confirmado que una gran parte del contenido producido por Sora 2 se asemeja estrechamente a obras japonesas. CODA ha determinado que esto es resultado del uso de contenido japonés como datos de aprendizaje automático”. El grupo sostiene que, cuando modelos de inteligencia artificial reproducen obras con derechos de autor o versiones considerablemente similares, el uso del material durante el entrenamiento podría constituir una violación a la legislación de propiedad intelectual del país. En Japón, como señalan, es necesario obtener permiso de los derechos antes de utilizar una obra, y, en su marco legal, no se permite reparar la infracción después del hecho.

CODA también cuestiona el sistema inicial de exclusión voluntaria propuesto por OpenAI, el cual requería que los propietarios de contenido solicitaran explícitamente que sus obras no fueran incorporadas al entrenamiento del modelo. Esta pauta ya había sido criticada por organizaciones estadounidenses como la Motion Picture Association, y el propio Sam Altman, director de OpenAI, había mencionado que Sora 2 eventualmente permitiría controles más específicos para resguardar la identidad visual de personajes y estilos animados. No obstante, para la asociación japonesa, el problema va más allá de las futuras herramientas de gestión y se centra en el hecho de que material protegido habría sido utilizado sin autorización desde el inicio.

Esta situación surge en un momento en el que Japón ha comenzado a manifestar inquietud institucional frente al uso de inteligencia artificial para recrear elementos culturales propios. A mediados de octubre, el gobierno japonés solicitó formalmente a OpenAI que evitara replicar personajes y universos creativos considerados parte del patrimonio cultural contemporáneo del país. Minoru Kiuchi, ministro encargado de la estrategia nacional para propiedad intelectual e inteligencia artificial, calificó al manga y al anime como “tesoros irremplazables” del país.

No es la primera vez que el estilo japonés se vuelve viral a través de herramientas de OpenAI. Tras el lanzamiento de un generador de imágenes integrado en ChatGPT a comienzos de año, circularon masivamente autorretratos y escenas recreadas con estética inspirada en las películas de Studio Ghibli. Altman llegó a comentar en redes sociales, en tono irónico, el interés por producir versiones estilizadas de su imagen en ese estilo. 

Cabe resaltar que Hayao Miyazaki, cofundador de Studio Ghibli, ha manifestado una postura crítica frente a la animación generada con inteligencia artificial. En una reunión en 2016, al observar una demostración de animación asistida por algoritmos, declaró: “Estoy completamente disgustado. Si realmente quieren hacer cosas inquietantes, pueden hacerlo, pero nunca desearía incorporar esta tecnología en mi trabajo. Siento profundamente que es un insulto a la vida misma.”

Tras la publicación de la carta de CODA, reportada inicialmente por Automaton, la asociación hizo un llamado a que OpenAI atienda las inquietudes de sus empresas y detenga de inmediato el uso de sus obras sin autorización expresa, tanto en el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial, como en la generación de contenidos. Hasta el momento, la compañía estadounidense no ha ofrecido comentarios públicos sobre la solicitud.

El caso se suma a un debate mucho más amplio sobre la relación entre la inteligencia artificial generativa y el contenido cultural que utiliza como base. La posición de CODA y de las autoridades japonesas apunta a que la protección del valor creativo, histórico y económico de las obras producidas en el país no debe verse comprometida por herramientas tecnológicas que se apoyan en ellas sin establecer mecanismos de consentimiento o compensación.

Otras compañías alrededor del mundo han enfrentado situaciones similares con herramientas de inteligencia artificial. A principios de octubre, Disney envió una carta de cese y desistimiento a Character.ai al detectar que la plataforma permitía el uso de personajes de su catálogo sin autorización, desde sus clásicas princesas hasta personajes de Marvel y Star Wars. La compañía advirtió que este tipo de recreaciones puede confundir a los usuarios, especialmente a niños, haciéndoles creer que las interacciones están avaladas por Disney. Tras la notificación, Character.ai retiró ese contenido.

En Estados Unidos, Disney y Universal también mantienen una demanda contra Midjourney por la generación de imágenes que imitan de forma directa a sus personajes más reconocidos. Los estudios argumentan que no se puede justificar la reproducción de obras protegidas bajo el pretexto de la innovación tecnológica.

VALENTINA VILLAMIL

Redactora Senior

Redactora senior en The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone. Ha retratado a un centenar de artistas con relatos donde convergen música, cine, televisión y moda.

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