50 grandes películas colombianas

Desde la violencia y el narcotráfico, hasta el florecimiento autoral contemporáneo, pasando por el costumbrismo y la tragicomedia: las obras que transformaron nuestra narrativa audiovisual.

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME Y RICARDO DURÁN |

agosto 6, 2026

3:04 pm

FOCINE, 2; Wanda Visión; Procinor Ltda; Pimienta Films; Ciudad Lunar; Caracol Cine

Desde que llegó el cinematógrafo a Colombia, a finales del siglo XIX, y cuando se empezaron a desarrollar las primeras películas colombianas hace poco más de 100 años, el cine en el país ha sido un poderoso instrumento de memoria, identidad y resistencia. Generalmente ha estado marcado por un visceral sentido de realismo y una búsqueda incesante por explorar las fracturas sociales del país, el relato audiovisual nacional ha navegado azarosamente  entre la denuncia política, la poesía trágica y el humor negro que caracteriza a la idiosincrasia local.

La década de 1980 marcó un punto de inflexión decisivo. Gracias al impulso inicial de instituciones como FOCINE, el cine nacional empezó a fortalecerse, y comenzó a sumergirse en las dinámicas urbanas y las complejidades del conflicto armado. Surgieron voces autorales imprescindibles —como el Grupo de Cali (‘Caliwood’) y cineastas de la talla de Víctor Gaviria o Sergio Cabrera— que retrataron la violencia, la marginalidad y la resistencia cotidiana a través de una estética innovadora y un estilo crudo que logró llamar la atención en muchas otras latitudes.

Entrado el siglo XXI, la promulgación de la Ley de Cine de 2003 transformó radicalmente la cinematografía colombiana; además de institucionalizar la producción y profesionalizar el sector, dio origen a un florecimiento sin precedentes. Las últimas dos décadas han sido el marco para una tremenda diversificación técnica, temática y geográfica, donde se refleja lo pluriétnico y multicultural de la Constitución de 1991. Hoy el cine colombiano ha abandonado muchas de sus taras, y se celebran los géneros populares que conviven con historias más íntimas y personales, además del cine de autor, mientras las películas se abren paso en festivales como Cannes, Berlín y los premios Óscar.

Esta lista celebra 50 obras esenciales que han forjado esa identidad dolorosa, tragicómica y cambiante: es un intento por visibilizar manifestaciones artísticas que aprendieron a retratar las sombras de un país, y luego han iluminado el pasado, el presente y el futuro.

50. Gente de bien (2014)

Director: Franco Lolli

Eric (Brayan Santamaría), un niño de diez años, debe irse a vivir con su padre Gabriel (Carlos Fernando Pérez), a quien apenas conoce. Cuando María Isabel (Alejandra Borrero), una mujer adinerada, intenta ayudarlos, las diferencias de clase se hacen inevitables.

Con enorme sensibilidad, Franco Lolli construye un retrato íntimo sobre la desigualdad, la dignidad y los afectos en una sociedad profundamente dividida.

49. Horizonte (2024)

Director: César Augusto Acevedo

Inés (Paulina García) y su hijo Basilio (Claudio Cataño) se reencuentran en la muerte para emprender un viaje físico y espiritual por un mundo devastado por la guerra. Entre la memoria y el duelo buscarán la redención y la posibilidad de reconstruir sus vínculos.

Con una puesta en escena de gran fuerza visual, el director de La tierra y la sombra regresa al conflicto colombiano desde una dimensión poética, donde el amor y la esperanza sobreviven incluso después de la muerte.

48. Alis (2022)

Directores: Clare Weiskopf y Nicolás van Hemelryck

En un hogar de acogida de Bogotá, un grupo de adolescentes imagina la vida de una compañera ficticia llamada Alis. A través de ese ejercicio, las jóvenes reconstruyen sus propias historias de violencia, abandono, identidad y esperanza.

Ganadora del Oso de Cristal y del Teddy Award en la Berlinale, este es un documental profundamente conmovedor sobre la memoria, la resiliencia y la posibilidad de reinventarse.

47. Alma del desierto (2024)

Directora: Mónica Taboada-Tapia

Georgina Epiayú, una mujer trans wayúu, recorre La Guajira para obtener un documento que reconozca legalmente su identidad. Su viaje revela las barreras que enfrentan quienes viven entre la discriminación, el olvido y la burocracia.

Con una mirada respetuosa e íntima, Mónica Taboada-Tapia construye un poderoso documental sobre la dignidad, el reconocimiento y la búsqueda de justicia en los márgenes de Colombia.

46. El juego de la vida (2026)

Director: Andrés Ruiz Zuluaga

Durante 14 años, este documental acompaña a varias familias colombianas para comprender por qué romper el ciclo de la pobreza resulta tan difícil. Sus historias revelan cómo el origen, la educación y el territorio condicionan las posibilidades de cada generación.

Con cercanía y rigor, la película ofrece una profunda reflexión sobre la desigualdad y los desafíos de la movilidad social en Colombia.

45. Amalia, la secretaria (2018)

Director: Andrés Burgos

La rutina de Amalia (Marcela Benjumea), una secretaria metódica y solitaria, cambia con la llegada de Lázaro (Enrique Carriazo), un técnico que pone en duda todas sus certezas. Entre ambos surge una inesperada oportunidad para comenzar de nuevo.

Con sensibilidad y humor, Andrés Burgos construye una entrañable comedia romántica sobre la soledad, el afecto y las segundas oportunidades.

44. Mamagay (1977)

Director: Jorge Gaitán Gómez

Un humilde albañil bogotano (Humberto Martínez Salcedo) cambia su vida al ganar la lotería, pero pronto descubre que la riqueza atrae políticos oportunistas, falsos amigos y negocios corruptos que pondrán a prueba sus principios.

Con humor y una aguda crítica social, Gaitán Gómez retrata la ambición, el clientelismo y las contradicciones del poder en una de las sátiras más mordaces del cine colombiano.

43. El bolero de Rubén (2024)

Director: Juan Carlos Mazo

Marta (Majida Issa) vive atrapada entre el desamor y los recuerdos cuando el regreso de Rubén (Marlon Moreno) altera el equilibrio de su vida. La música se convierte en el hilo conductor de una historia marcada por la pasión, los secretos y la tragedia.

Con canciones que impulsan la narración, Juan Carlos Mazo propone un inusual musical colombiano que mezcla melodrama, sicariato, thriller, sangre y romance de una manera disruptiva, arriesgada y salvaje.

42. Pepos (1983)

Director: Jorge Aldana

Un grupo de adolescentes atrapados por la drogadicción intenta sobrevivir en las calles de Bogotá, enfrentando el abandono, la violencia y la exclusión. Con un tono directo y sin moralismos, la película retrata una realidad pocas veces vista en el cine colombiano de la época.

Considerada una obra pionera del cine urbano nacional, esta cinta de culto denuncia las consecuencias sociales del consumo de drogas y la indiferencia frente a una juventud sin oportunidades.

41. Virus tropical (2018)

Director: Santiago Caicedo

Basada en la novela gráfica autobiográfica de Power Paola, la película acompaña el crecimiento de Paola (con la voz de María Cecilia Sánchez), una joven que descubre el amor, la amistad y su identidad mientras enfrenta las tensiones de su familia y el paso a la adultez.

Con una animación en blanco y negro cargada de emoción, Santiago Caicedo convierte una historia íntima en un retrato universal sobre crecer, encontrar una voz propia y aprender a habitar el mundo.

40. Adiós al amigo (2025)

Director: Iván David Gaona

Al terminar la Guerra de los Mil Días, Alfredo Duarte Amado (Willington Gordillo Duarte) emprende la búsqueda de su hermano desaparecido junto a Benito Pardo (Cristian Hernández). El viaje por un país devastado revela las cicatrices que deja la guerra incluso cuando el combate ha terminado.

Con ecos del western clásico, guiños cinéfilos y un profundo amor por Güepsa, su lugar de origen, Iván David Gaona vuelve a explorar la historia colombiana para reflexionar sobre la amistad, la memoria y la difícil reconciliación después de la violencia.

39. Memento Mori (2024)

Director: Fernando López Cardona

En Puerto Berrío, el Animero (César Badillo) emprende la búsqueda de la cabeza de un cadáver sin nombre para devolverle su identidad y permitirle descansar en paz. Su recorrido lo enfrenta a las heridas que la violencia ha dejado en una comunidad acostumbrada a convivir con los muertos.

Inspirada en una tradición real del Magdalena Medio, la película reflexiona sobre la memoria, los desaparecidos y la necesidad de dignificar a las víctimas del conflicto colombiano mediante una puesta en escena de gran fuerza simbólica.

38. Lapü (2019)

Directores: César Alejandro Jaimes y Juan Pablo Polanco

Cuando sueña con su prima fallecida, Doris (Doris González Jusayú) comprende que debe cumplir el segundo entierro, uno de los rituales más importantes de la tradición wayúu. Su viaje revela una profunda relación entre los vivos, los muertos y el mundo espiritual.

Con una fotografía de gran belleza (cada fotograma es un cuadro exquisito) y un ritmo contemplativo, Lapü ofrece una aproximación respetuosa y cargada de poesía a la cosmovisión wayúu y a la riqueza cultural de La Guajira.

37. Perros (2017)

Director: Harold Trompetero

Misael (John Leguizamo) llega a prisión tras cometer un crimen pasional. En un entorno marcado por la violencia y el abandono, encuentra su único refugio en Sarna, la perra del penal, con la que establece un vínculo capaz de devolverle algo de humanidad.

Lejos de la comedia, Harold Trompetero dirige un drama carcelario contundente sobre la culpa, la redención y la necesidad de afecto incluso en las circunstancias más adversas.

36. Siembra (2015)

Directores: Ángela Osorio y Santiago Lozano

Turco (Diego Balanta), un pescador desplazado del Pacífico, intenta reconstruir su vida en Cali junto a su hijo Yosner (José Luis Preciado). La violencia, la muerte y el desarraigo marcarán un camino donde la esperanza parece desvanecerse.

Con una fotografía de enorme belleza y una puesta en escena de enorme sensibilidad, Siembra es una de las óperas primas más poéticas del cine colombiano reciente y una profunda reflexión sobre la identidad y la pérdida.

35. Jericó, el infinito vuelo de los días (2016)

Directora: Catalina Mesa

Un hermoso retrato coral de las mujeres de Jericó, Antioquia. A través de sus recuerdos, canciones, oficios y sentido del humor, el documental revela la riqueza humana de un pueblo donde cada vida encierra una historia extraordinaria.

Con una mirada luminosa y profundamente afectuosa, la película celebra la memoria, la feminidad y la sabiduría popular, convirtiéndose en uno de los documentales colombianos más entrañables de los últimos años.

34. El film justifica los medios (2022)

Director: Juan Jacobo del Castillo

Este documental revisita el cine político colombiano de los años 60 a través de imágenes de archivo y los testimonios de figuras fundamentales como Marta Rodríguez, Carlos Sánchez y Carlos Álvarez. Una reflexión sobre el poder transformador de las imágenes.

Más que reconstruir una historia del cine, Juan Jacobo del Castillo reivindica la memoria audiovisual del país y la importancia de preservar un patrimonio que ayuda a comprender la historia reciente de Colombia.

33. El día de la cabra (2017)

Director: Samir Oliveros

La primera película colombiana hablada íntegramente en creole transcurre en Providencia, donde los hermanos Corn Denton (Honlenny Huffington) y Rita Denton (Kiara Mitchel Howard) intentan reparar el daño causado tras atropellar una cabra por accidente.

Con mucho humor, algo de realismo mágico y un profundo respeto por la cultura raizal, Oliveros celebra la identidad del Caribe colombiano, la travesura infantil  y el valor de la reconciliación.

32. Una madre (2022)

Director: Diógenes Cuevas

Tras la muerte de su padre, Alejandro (José Restrepo) rescata a su madre Dora (Marcela Valencia) de un hospital psiquiátrico. Juntos emprenden un viaje por las montañas de Antioquia que los obliga a enfrentar viejas heridas y una realidad cada vez más incierta.

Con sensibilidad y una puesta en escena austera, se construye un conmovedor retrato sobre el amor filial, la enfermedad mental y la fragilidad de los vínculos familiares.

31. Estimados señores (2024)

Directora: Patricia Castañeda

Inspirada en hechos reales, la película rescata la lucha de las mujeres que conquistaron el derecho al voto en Colombia. Esmeralda Arboleda (Julieth Restrepo), Josefina Valencia (Paula Castaño) y Teresa Santamaría (Marcela Mar) desafían una sociedad profundamente machista para abrirles camino a las generaciones futuras.

Con una cuidada reconstrucción de época, Castañeda reivindica un capítulo poco conocido de la historia colombiana y rinde homenaje a las mujeres que transformaron para siempre la democracia del país con su valentía, inteligencia y perseverancia.

30. Al final del espectro (2006)

Director: Juan Felipe Orozco

Tras sufrir un evento traumático, Vega (Noelle Schonwald) desarrolla agorafobia y se encierra en un apartamento. Pronto, en medio de angustias paranoides y miedos relacionados con lo paranormal, comienza a escuchar ruidos extraños y a presenciar visiones espeluznantes que la hacen dudar de su propia cordura.

Esta película representó un hito en el cine colombiano por ser una apuesta decidida por el género del terror psicológico, un terreno poco explorado hasta ese momento. Con un presupuesto moderado, pero un trabajo muy bien logrado, Al final del espectro logró un notable éxito comercial en las salas de cine, e incluso vendió sus derechos para un remake estadounidense.

29. El páramo (2011)

Director: Jaime Osorio Márquez

Un comando de alta montaña, parte del ejército colombiano, llega a un páramo lejano con el propósito de investigar qué ha ocurrido en una base militar que ha perdido todo contacto. A partir de ese momento todo se vuelve impredecible, difícilmente podrán saber lo que ocurrió allí, y tampoco están preparados para lo que puede suceder allí, en el frío, alejados de todo, y a merced de lo desconocido.

A finales de 2021, a los 46 años, el director Jaime Osorio (que trabajó, además, en publicidad y dirigió otros largometrajes y series) optó por la eutanasia tras haber luchado durante años con una dolorosa enfermedad.

28. Matrioshka (2025)

Director: Jorge Forero

Tras un aborto, Ana (Alma Rodríguez) regresa a la casa de su abuela Lucía (Vicky Hernández), donde la espera su madre Julia (Ana María Sánchez), con quien arrastra una relación rota. Forero construye un drama íntimo sobre las heridas heredadas, la maternidad y la posibilidad de reconciliar tres generaciones de mujeres. Su mirada contenida y sensible confirma una de las voces más interesantes del cine colombiano reciente.

27. El taxista millonario (1979)

Director: Gustavo Nieto Roa

Carlos ‘El Gordo’ Benjumea siempre será recordado con inmenso cariño por varias generaciones en Colombia. Su actuación en Don Camilo, adaptación de las historias de Giovannino Guareschi, es apenas uno de los motivos para el respeto y admiración que despertó este presentador, actor y director bogotano.

En El taxista millonario Benjumea interpreta a Pepe Conde, un humilde y carismático taxista que se cruza accidentalmente con una gran suma de dinero vinculada a una banda de delincuentes. Todo esto termina desatando una divertida serie de enredos que involucran a una vedette y a las fuerzas policiales.

Con la dirección de Gustavo Nieto Roa, una figura clave en la industrialización del cine colombiano comercial de los años 70, la película se convirtió en un fenómeno masivo de taquilla que conectó con las clases populares gracias a su retrato costumbrista y jovial de la Bogotá de la época.

26. Del otro lado del jardín (2024)

Director: Daniel Posada

Carlos Framb (Julián Román) despierta en un hospital bajo custodia policial, acusado de haber asistido en el suicidio de su madre. A través de interrogatorios y flashbacks la película de Daniel Posada va reconstruyendo un dilema ético y emocional sobre el amor, la libertad individual y el derecho a una muerte digna.

En un elenco de altísimo nivel, Juana Acosta interpreta a la fiscal responsable del caso, mientras la siempre magistral Vicky Hernández encarna a la madre enferma.

Del otro lado del jardín aborda con altura y profundidad las reflexiones y discusiones en torno al suicidio asistido, la enfermedad y la autodeterminación más allá de las imposiciones sociales y religiosas. “La vida vale la pena siempre y cuando los gozos del cuerpo y de la mente superen a los sufrimientos”, ha dicho el mismo Framb, escritor, poeta, y autor de la novela sobre la cual está basada esta producción.

25. La virgen de los sicarios (2000)

Director: Barbet Schroeder

La adaptación que el director de Reversal Of Fortune y Barfly hizo de la novela de Fernando Vallejo es una de las películas más radicales y provocadoras sobre la violencia urbana en Colombia. Rodada en las calles de Medellín con un estilo que combina el realismo documental y la ficción, la película evita cualquier juicio moral para sumergirse en una ciudad donde la muerte se ha convertido en parte de la vida cotidiana. El propio Fernando Vallejo participó en la escritura del guión, conservando el tono irreverente, desesperanzado y profundamente crítico de su novela.

La historia sigue a Fernando (Germán Jaramillo), un escritor que regresa a Medellín después de muchos años de ausencia y encuentra una ciudad devastada por la violencia del narcotráfico. Allí inicia una relación con Alexis (Anderson Ballesteros), un joven sicario que recorre la ciudad asesinando con la misma naturalidad con la que reza a la Virgen. Tras la muerte de Alexis, Fernando conoce a Wilmar (Juan David Restrepo), otro adolescente atrapado en el mismo ciclo de violencia, confirmando que en esa Medellín una vida parece reemplazar a otra sin que nada cambie.

Lejos de glorificar el sicariato, La virgen de los sicarios es una elegía amarga sobre un país fracturado, donde el amor, la religión y la muerte conviven en un mismo paisaje. Presentada en la Mostra de Venecia y reconocida internacionalmente, la película sigue siendo una de las aproximaciones más duras, lúcidas y contundentes a la violencia colombiana llevada al cine.

24. María, llena eres de gracia (2004)

Director: Joshua Marston

Pocas películas han mostrado con tanta humanidad una de las realidades más dolorosas de Colombia: la de las llamadas “mulas” del narcotráfico. Sin caer en el sensacionalismo ni en los estereotipos, Joshua Marston construye un drama profundamente íntimo sobre una joven que, acorralada por la falta de oportunidades, toma una decisión que cambiará su vida para siempre. Aunque se trata de una coproducción entre Colombia y Estados Unidos dirigida por un realizador estadounidense, su retrato del país y de sus personajes la convirtió en una obra fundamental del cine colombiano contemporáneo.

La historia sigue a María Álvarez (Catalina Sandino Moreno), una adolescente embarazada que trabaja en una plantación de flores y acepta convertirse en correo humano del narcotráfico para viajar a Nueva York. En el camino conoce a Blanca (Yenny Paola Vega), otra joven que comparte su mismo destino, y a Franklin (John Álex Toro), el reclutador que la introduce en el negocio. Lo que comienza como una salida desesperada para escapar de la pobreza pronto se convierte en una experiencia límite, donde cada decisión puede significar la vida o la muerte.

La película lanzó la carrera internacional de Catalina Sandino Moreno, quien obtuvo el Oso de Plata a la Mejor Actriz en el Festival de Berlín y se convirtió en la primera actriz colombiana nominada al Óscar como Mejor Actriz. Con un estilo sobrio y una mirada profundamente empática hacia sus personajes, María, llena eres de gracia sigue siendo una de las películas más influyentes y reconocidas de la cinematografía colombiana.

23. El otro hijo (2023)

Director: Juan Sebastián Quebrada

La muerte de Simón obliga a Federico (Miguel González) a ocupar un lugar que nunca quiso dentro de su familia. Mientras intenta entender un duelo que cada persona vive de manera distinta, encuentra en Laura (Ilona Almansa), la novia de su hermano, un inesperado espejo de sus propias preguntas.

Con una puesta en escena precisa y una notable dirección de actores, Juan Sebastián Quebrada evita las respuestas fáciles para explorar cómo la ausencia transforma los afectos y reconfigura el lugar que cada uno ocupa dentro de una familia.

22. Siempreviva (2015)

Director: Klych López

Basada en la obra de teatro de Miguel Torres, la película aborda uno de los episodios más dolorosos de la historia reciente de Colombia: la toma y retoma del Palacio de Justicia en 1985. En lugar de reconstruir el enfrentamiento armado, su director sitúa la cámara en una casa de inquilinato ubicada frente al Palacio, desde donde el horror se vive a través de la espera, la incertidumbre y la desaparición de una joven.

La historia sigue a Lucía (Laura García), una madre que deposita todas sus esperanzas en su hija Julieta (Andrea Gómez), recién graduada de Derecho. Cuando Julieta desaparece tras la toma del Palacio de Justicia, la vida de los habitantes de la casa cambia para siempre. Sergio (Andrés Parra), Victoria (Laura Ramos), Carlos (Enrique Carriazo) y Humberto (Alejandro Aguilar) comparten el dolor y la impotencia de una tragedia que transforma para siempre la vida cotidiana en una larga espera por la verdad.

Más que una reconstrucción histórica, Siempreviva es una reflexión sobre la memoria, la ausencia y las víctimas de la desaparición forzada. Klych López conserva la fuerza dramática de la obra original y demuestra que los grandes acontecimientos nacionales también se cuentan desde las heridas íntimas de quienes nunca dejaron de esperar el regreso de un ser querido.

21. Confesión a Laura (1991)

Director: Jaime Osorio Gómez

Pocas películas colombianas han retratado con tanta sutileza cómo la gran historia irrumpe en la vida cotidiana. Ambientada durante los sucesos de ‘El Bogotazo’ del 9 de abril de 1948, Jaime Osorio Gómez evita mostrar la violencia de las calles para concentrarse en un apartamento, donde el miedo, la incertidumbre y los sentimientos reprimidos terminan transformando a sus personajes. Con una puesta en escena íntima y un guión de extraordinaria sensibilidad escrito por Alexandra Restrepo, la película demuestra que los grandes acontecimientos también pueden narrarse desde el silencio.

La historia sigue a Santiago (Gustavo Londoño), un tímido funcionario casado con Josefina (María Cristina Gálvez) quien, debido al caos provocado por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, queda atrapado en el apartamento de su vecina Laura (Vicky Hernández). Mientras la ciudad se desmorona al otro lado de las ventanas, ambos comparten recuerdos, frustraciones y anhelos que nunca se habían permitido expresar. Paralelamente, Josefina, la dominante esposa de Santiago, representa el peso de las convenciones sociales que han condicionado su vida.

Con una admirable economía narrativa y actuaciones memorables, Confesión a Laura se convirtió en una de las películas colombianas más reconocidas internacionalmente a comienzos de los años 90. Su reflexión sobre el amor contenido, la soledad y el impacto de la violencia política en la intimidad de las personas la mantiene como una de las obras más elegantes y perdurables.

20. Bajo el cielo antioqueño (1925)

Director: Arturo Acevedo Vallarino

Mucho antes de que existiera una industria cinematográfica en Colombia, esta cinta silente demostró que era posible contar historias con una ambición comparable a la del cine internacional de la época. Producida por el empresario Gonzalo Mejía (quien interpreta en la cinta a Don Bernardo), la película recoge la influencia del melodrama y el cine mudo europeo para retratar una sociedad marcada por las diferencias de clase, las tradiciones familiares y los cambios de la modernidad.

La historia gira alrededor de Álvaro (Juan B. Naranjo), un joven de familia acomodada que desafía las convenciones sociales al enamorarse de Lina (Alicia Arango de Mejía), desatando conflictos familiares y sentimentales que ponen a prueba los prejuicios de la élite antioqueña. Más allá del romance, la película ofrece un valioso retrato de la Medellín de los años 20, con sus calles, haciendas y paisajes, convertidos hoy en un documento histórico de enorme valor.

Considerada una de las obras fundacionales del cine colombiano (los primeros largometrajes realizados en el país como El drama del 15 de octubre y María se encuentran perdidos), Bajo el cielo antioqueño marcó un hito por la escala de su producción y por demostrar que el país podía desarrollar un lenguaje cinematográfico propio. A un siglo de su estreno, sigue siendo una pieza indispensable para comprender los orígenes del cine nacional y el esfuerzo de aquellos pioneros que imaginaron una cinematografía cuando esta apenas comenzaba a existir.

19. Todo comenzó por el fin (2015)

Director: Luis Ospina

Durante más de tres horas, Luis Ospina convierte su propia vida en una película febril y, al mismo tiempo, en la memoria de toda una generación de artistas. Mientras enfrenta un tratamiento contra el cáncer, el director reconstruye la historia del Grupo de Cali, aquel movimiento cultural integrado por cineastas, escritores y críticos que transformó para siempre el cine colombiano. El resultado es un documental profundamente íntimo que también funciona como un retrato de una época irrepetible.

A través de archivos inéditos, fotografías, fragmentos de películas y testimonios de figuras como Carlos Mayolo, Andrés Caicedo, Sandro Romero Rey y Óscar Campo, Ospina recompone el universo de ‘Caliwood’, un grupo de jóvenes obsesionados con el cine, la literatura, la música, los excesos y la provocación cultural, cuyo legado terminó siendo mucho mayor de lo que ellos mismos imaginaron. La enfermedad del director se convierte en el hilo conductor de una reflexión sobre la amistad, la creación artística y el paso del tiempo.

Más que un documental autobiográfico, Todo comenzó por el fin es una declaración de amor al cine y a quienes dedicaron su vida a hacerlo posible en Colombia. Con humor, melancolía y una admirable honestidad, Luis Ospina construye una obra monumental que preserva la memoria de una generación imprescindible y confirma que, a veces, filmar también es una forma de vencer al olvido.

18. Los niños invisibles (2001)

Director: Lisandro Duque Naranjo

En un pueblo llamado Ambalema (Tolima), de la Colombia rural de los años 50, tres chicos preadolescentes están empeñados en lograr la invisibilidad a través de un tenebroso ritual que les lleva a vivir extrañas aventuras. ¿Por qué quieren hacerse invisibles? La respuesta se encuentra en el primer amor y en el despertar de sus hormonas.

Dirigida y escrita por Lisandro Duque Naranjo, uno de los cineastas más prolíficos del cine nacional, la obra es una fábula llena de ternura y humor para hablar sobre la pérdida de la inocencia. Producida con el apoyo de fondos internacionales (Colombia-Venezuela), la cinta combina la nostalgia de la infancia con un sutil trasfondo sobre las tensiones sociales del país, respaldada por la música de Luis Enriquez Bacalov.

17. La mujer del animal (2016)

Director: Víctor Gaviria

Amparo es una joven que decide huir de un internado de monjas y llega a vivir con su hermana en un barrio marginal en las montañas de Medellín. Allí es raptada por Libardo, un violento criminal conocido como ‘El animal’; este bárbaro la obliga a vivir un calvario de abuso, violencia y opresión ante la mirada cómplice e impotente de una comunidad paralizada por el miedo y la indiferencia.

Basada en una desgarradora historia real ocurrida durante los años 80, la película explora los límites del mal y la violencia machista. “Yo nunca leí el guion, sólo llegaba a eso, a lo real”, ha dicho Tito Alexander Gómez, que interpretó a Libardo. “Al momento de la grabación, Margarita, la verdadera protagonista de la historia, estaba ahí, ella nos iba contando”.

Escrita y dirigida por Víctor Gaviria, la producción mantuvo su rigor metodológico al trabajar con muchos actores naturales que aportaron una crudeza visceral. Acá nadie tiene concesiones ante el espectador, y se entrega un testimonio implacable sobre el dolor y la impunidad.

La mujer del animal es una película que nos hace doler todo.

16. Matar a Jesús (2018)

Directora: Laura Mora

Paula, una estudiante universitaria de Medellín, presencia el asesinato de su padre (un apreciado docente de ciencias políticas en una universidad pública), y tras ser testigo de la inoperancia policial, se cruza por casualidad con el sicario responsable e inicia una aproximación peligrosa.

Aunque Paula se encuentra impulsada por la sed de venganza, sus fronteras morales pronto comienzan a desdibujarse, y nuevas puertas van abriéndose para recordarle que la vida tiene una paleta llena de grises.

Esta obra tiene un carácter parcialmente autobiográfico, y fue dirigida y coescrita por Laura Mora (junto a Alonso Torres), inspirándose en el homicidio no resuelto de su propio padre. Producida como una coproducción entre Colombia y Argentina, la película destaca por la interpretación desgarradora de sus actores naturales y por cuestionar el ciclo sin fin de la violencia.

“Lo que más me impresionó cuando pasó lo de mi papá fue descubrir que yo también me sentía capaz de matar, o sea, que también llevaba un asesino potencial adentro”, dijo Laura Mora al Programa IberMedia. “No era sólo el verbo: podía llegar al acto. Eso me impresionó sobremanera teniendo en cuenta que yo soy hija del amor”.

15. La mansión de Araucaima (1986)

Director: Carlos Mayolo

Si Luis Buñuel nunca llegó a filmar el relato de Álvaro Mutis que inspiró esta historia, Carlos Mayolo demostró que el gótico no necesitaba castillos ingleses para existir. Bastaba una vieja casona perdida en el trópico. Con esta película consolidó el concepto del “gótico tropical”, una estética donde el calor, la vegetación, el erotismo y la violencia sustituyen la niebla y los fantasmas del imaginario europeo.

La historia comienza con la llegada de Ángela (Adriana Herrán), una joven modelo que irrumpe en una misteriosa mansión habitada por un grupo de personajes excéntricos: Don Graci (José Lewgoy), el ambiguo dueño de la casa; la dominante Machiche (Vicky Hernández); Paul (Carlos Mayolo), el guardián; Cristóbal (Antonio Pitanga), el silencioso sirviente; Camilo (Luis Fernando Montoya), un piloto marcado por la frustración, y un fraile (Alejandro Buenaventura) que observa el derrumbe moral de aquel universo cerrado. La presencia de Ángela rompe el frágil equilibrio de la casa y desata una espiral de sexo, celos y muerte.

Más que una adaptación de Mutis, La mansión de Araucaima es una de las grandes obras del llamado ‘Caliwood’ y una de las películas más singulares y perturbadoras del cine colombiano. Su atmósfera onírica, su audaz carga erótica y la excéntrica dirección visual de Mayolo la convierten en una experiencia tan chocante como fascinante, una demostración de que el horror también puede florecer bajo el sol abrasador del trópico.

14. La jauría (2022)

Director: Andrés Ramírez Pulido

Con una mirada que recuerda al infierno de Papillon, al rigor hiperrealista de los hermanos Dardenne y la observación naturalista del cine latinoamericano contemporáneo, Andrés Ramírez Pulido construye un retrato inquietante sobre la violencia heredada y las escasas oportunidades de redención. Lejos de los discursos fáciles, La jauría propone una reflexión sobre cómo un entorno marcado por el abandono y el conflicto termina moldeando a quienes apenas comienzan a vivir.

La historia sigue a Eliú (Jhojan Estiven Jiménez), un adolescente recluido en un centro de reeducación para menores tras cometer un crimen. Allí conoce a El Mono (Maicol Andrés Jiménez), un joven de carácter dominante con quien establece una relación tan compleja como peligrosa. Mientras los internos participan en un programa de reinserción en medio de la selva colombiana, las tensiones, los traumas y la violencia contenida comienzan a salir a la superficie, revelando que escapar del pasado resulta mucho más difícil que abandonar un lugar.

Ganadora del Gran Premio de la Semana de la Crítica en el Festival de Cannes, La jauría confirmó a Andrés Ramírez Pulido como una de los realizadores más prometedores del cine colombiano. Con una puesta en escena sobria, actuaciones de gran autenticidad y un uso expresivo de la naturaleza como reflejo del mundo interior de sus personajes, la película ofrece una poderosa reflexión sobre la culpa, la masculinidad y la posibilidad, siempre incierta, de encontrar un nuevo comienzo.

13. Señorita María, la falda de la montaña (2017)

Director: Rubén Mendoza

Fiel a su interés por los personajes que viven en los márgenes de la sociedad, Rubén Mendoza encontró en María Luisa Fuentes una historia capaz de cuestionar los prejuicios más profundos de la Colombia rural. Lejos del documental de denuncia o del retrato sensacionalista, el director construye una obra de enorme sensibilidad, donde la observación paciente permite que sea la propia protagonista quien revele, con sus palabras y silencios, la complejidad de su existencia.

La película sigue la vida de María Luisa Fuentes, conocida como Señorita María, una mujer trans que habita sola en las montañas de Boavita, Boyacá. Entre las labores del campo, la profunda religiosidad que marca su cotidianidad y el rechazo que ha sufrido durante toda su vida, María encuentra la fuerza para defender su identidad en un entorno donde la diferencia suele castigarse con el aislamiento. Su historia está atravesada por la soledad, pero también por una extraordinaria dignidad y una inquebrantable voluntad para seguir siendo quien es.

Más que un documental sobre la diversidad de género, Señorita María, la falda de la montaña es un retrato profundamente humano sobre la resiliencia y la búsqueda de reconocimiento. Gracias a la cercanía que Rubén Mendoza establece con su protagonista y a una puesta en escena que convierte el paisaje andino en un reflejo de su mundo interior, la película se ha convertido en una de las obras documentales más conmovedoras e importantes del cine colombiano.

12. La Sirga (2012)

Director: William Vega

Alicia (Joghis Seudin Arias), una joven desplazada por la violencia, llega a una hostería a orillas de la laguna de La Cocha para empezar una nueva vida junto a su tío Óscar (Julio César Robles). Sin embargo, el conflicto armado y los temores del pasado vuelven a amenazar la frágil tranquilidad que ha encontrado.

Con un estilo contemplativo y una extraordinaria fuerza visual, William Vega convierte el paisaje andino en un reflejo del dolor y la incertidumbre de sus personajes. Una de las óperas primas más importantes del cine colombiano contemporáneo.

11. Tiempo de morir (1985)

Director: Jorge Alí Triana

Esta es la versión colombiana de la cinta presentada por el director mexicano Arturo Ripstein 20 años antes, en 1965. Tras haber cumplido 18 años de prisión por matar en duelo a Raúl Moscote, Juan Sayago (Gustavo Angarita) regresa a su pueblo con el único deseo de reconstruir su vida en paz. Sin embargo, los hijos de Moscote (Sebastián Ospina y Jorge Emilio Salazar) han crecido jurando venganza.

La tragedia sobre la violencia cíclica -justificada con la excusa del honor- cuenta con un potente guión de Gabriel García Márquez. Jorge Alí Triana, un emblemático director del cine, el teatro y la televisión colombiana, logró acá una estética de western caribeño que marcó una época, con una atmósfera cargada de fatalismo.

10. El abrazo de la serpiente (2015)

Director: Ciro Guerra

Inspirada en los diarios de exploradores como Theodor Koch-Grünberg y Richard Evans Schultes, esta película dialoga con el viaje al corazón de lo desconocido de Apocalypse Now y con la tradición de las aventuras exóticas popularizadas por las novelas de Edgar Rice Burroughs. Sin embargo, Ciro Guerra invierte esa mirada y en lugar de presentar la selva como un territorio por conquistar, la convierte en un universo vivo, espiritual y enigmático que desafía la visión occidental.

La historia sigue a Karamakate (Nibio Torres en su versión juvenil y Antonio Bolívar en su versión adulta), el último sobreviviente de su pueblo, quien acompaña en dos momentos distintos de su vida a dos científicos extranjeros (Jan Bijvoet y Brionne Davis) que buscan una planta sagrada capaz de curar enfermedades y expandir la conciencia.

A lo largo del viaje, la película enfrenta dos formas de entender el mundo: la ciencia y el conocimiento ancestral, la conquista y el respeto, la ambición y la memoria. Sin lugar a dudas, una de las obras cumbre del cine colombiano, El abrazo de la serpiente fue la primera producción del país nominada al Óscar a Mejor Película en Lengua Extranjera. Su deslumbrante fotografía en blanco y negro, el carácter hipnótico de su puesta en escena y su reflexión sobre el colonialismo, la destrucción cultural y el poder transformador de la naturaleza hacen de esta una experiencia cinematográfica única, tan lisérgica como inquietante, donde la selva se convierte en el verdadero protagonista.

9. Un poeta (2025)

Director: Simón Mesa Soto

“Yo soy un poeta”, dice Óscar. “Usted es un desempleado”, responde su hermana sin duda ni compasión. Él es un poeta envejecido, venido a menos, desadaptado e incomprendido, que intenta mantener viva su pasión por la literatura mientras choca contra la dura realidad de un mundo que solo quiere TikTok.

La cinta aborda la vocación artística, la soledad y la paternidad con una mirada íntima, tragicómica y naturalista. Simón Mesa Soto, director que ganó la Palma de Oro al Mejor Cortometraje en Cannes con Leidi (2014) y debutó en el largometraje con Amparo (2021), vuelve a demostrar su dominio del realismo social. Producida de forma independiente, Un poeta refleja la madurez en el estilo de Mesa Soto y su capacidad para plasmar las dinámicas urbanas colombianas desde la empatía y el humor descarnado.

Recientemente se supo que Un poeta tendrá un remake en el que estarían involucrados Saïd Ben Saïd y Nathan Silver; esto desató toda una polémica y trajo a la conversación -entre otras cosas- el ejemplo desastroso de Abre los ojos y Vanilla Sky; Nueve Reinas y Criminal; o  El secreto de sus ojos y Secret in Their Eyes, además de la pregunta sobre qué van a hacer en la adaptación angloparlante con José Asunción Silva.

En respuesta a la polémica, Simón Mesa Soto dijo a The Hollywood Reporter en Español: “Para nosotros, el remake es un síntoma más de la repercusión que la película ha tenido en la gente. Si algo me parece triste de todo esto, es que tenga que justificar nuestra decisión como si hubiéramos hecho algo malo, como si intentar vivir de lo que hacemos estuviera mal”.

8. Los reyes del mundo (2022)

Directora: Laura Mora

Cinco muchachos marginados de Medellín (Rá, Sere, Winny, Culebro y Nano) emprenden un viaje por las carreteras y el campo colombiano para reclamar una tierra heredada por uno de ellos tras los procesos de restitución a las víctimas del conflicto armado. Esta travesía se convierte en un viaje doloroso y alucinante que reflexiona en torno a la búsqueda de libertad y dignidad.

Laura Mora (Matar a Jesús, Pablo Escobar: El patrón del mal, Cien años de soledad), directora paisa con un cine profundamente sensible hacia la violencia estructural de Colombia, coescribió el guión junto a María Camila Arias. La producción implicó un complejo y vertiginoso rodaje en el Bajo Cauca antioqueño y contó con jóvenes actores naturales.

Sin recurrir a la violencia gratuita o explícita, la película transmite un constante desasosiego, una angustia latente que termina reflejando las culpas de toda una sociedad que siempre ha pretendido dar la espalda a las injusticias que, tarde o temprano, estallan ante sus ojos.

Los reyes del mundo conquistó la Concha de Oro del Festival de San Sebastián y el premio a la mejor película en el Festival de Biarritz, consolidando a Mora como una figura clave del cine contemporáneo.

7. La gente de la Universal (1991)

Director: Felipe Aljure

La Universal es una precaria agencia de detectives liderada por el expolicía Diógenes Hernández (Álvaro Rodríguez), quien tiene la misión de vigilar a Margarita (Ani Aristizabal), actriz porno y amante de un mafioso que está en prisión (interpretado por el español Ramón Aguirre). En medio de ese panorama, desde el comienzo vamos encontrando una red de engaños, traiciones y comedia negra en la que todos los personajes dan vueltas en una espiral de deshonestidad.

Esta cinta representó el debut de Robinson Díaz en la pantalla gigante, mucho antes de que se convirtiera en referente esencial de la actuación nacional con producciones como La pena máxima, ¡Bolívar soy yo!, El cartel, Pecados capitales o La saga, negocio de familia.

Dirigida y escrita por Felipe Aljure en su ópera prima, la película revolucionó el lenguaje cinematográfico colombiano de los años 90 gracias a su ritmo ágil y su ingenioso uso del montaje. Producida en el contexto convulso de una Bogotá en permanente agitación, La gente de la Universal ofrece una mirada satírica a la muy mal llamada “malicia indígena” y a la corrupción cotidiana que contagia todas las esferas de la sociedad.

Junto a La estrategia del caracol es una de las grandes piezas de la picaresca colombiana, fundamentales para entender la Colombia de esos tiempos.

6. Pájaros de verano (2018)

Directores: Cristina Gallego y Ciro Guerra

Tras trabajar en El abrazo de la serpiente, Cristina Gallego da un paso definitivo detrás de la cámara junto a Ciro Guerra para contar una historia donde el cine de gánsteres se encuentra con la tradición oral indígena. En esta cinta conviven el espíritu aventurero y casi antropológico de Werner Herzog con la violencia operística de Brian De Palma, dando forma a una película que habla tanto del nacimiento del narcotráfico colombiano como del derrumbe de una cultura ancestral.

La historia sigue a Rapayet (José Acosta), un joven wayúu que, para poder casarse con Zaida (Natalia Reyes), comienza a vender marihuana a compradores estadounidenses durante la llamada bonanza marimbera de los años 60 y 70. Lo que empieza como un negocio prometedor termina por desencadenar una guerra entre clanes, enfrentando la ambición con los códigos de honor, los sueños proféticos y las leyes espirituales que durante siglos habían mantenido el equilibrio de la comunidad. En el centro del relato también sobresale Úrsula (Carmiña Martínez), la matriarca que intenta preservar las tradiciones mientras el dinero y el poder amenazan con destruirlas.

Más que una película sobre el narcotráfico, Pájaros de verano es una tragedia clásica sobre la caída de una familia y el choque entre la modernidad y las raíces culturales. Con una puesta en escena deslumbrante, una extraordinaria recreación de la cultura wayúu y un relato dividido en cantos, la película confirmó a Cristina Gallego como una voz rotunda del cine latinoamericano contemporáneo.

5. Rodrigo D: No futuro (1990)

Director: Víctor Gaviria

Rodrigo (Ramiro Meneses) es uno de tantos jóvenes de los barrios populares de Medellín que busca escapar de la violencia y la desesperanza a través de la música punk que escucha en casetes copiados mil veces, e intenta tocar en una batería hecha con tarros y radiografías. Mientras anda sin rumbo por las comunas empinadas, sus amigos se hunden en la delincuencia que azota a Medellín en los tiempos de Pablo Escobar. Esta cinta es profundamente perturbadora, y está llena de una estruendosa desolación.

Dirigida por Víctor Gaviria, fue producida a finales de los 80, en pleno auge del narcotráfico, y retrata el desencanto juvenil de unos años en los que los jóvenes de esas zonas parecían encontrar solo tres caminos disponibles para sus destinos: el punk, el metal o el sicariato.

Con guión de Gaviria y Luis Fernando Calderón, fue una de las primeras películas colombianas en llegar al Festival de Cannes. Rodrigo D: No futuro fue pionera en el uso de actores naturales para el cine nacional, y muchos de ellos murieron a causa de la violencia real poco después del rodaje. “Conocía a esos muchachos, los quería, había aprendido a respetarlos, a entenderlos, a amarlos como compatriotas”, dijo Gaviria a Diners. “Fue una experiencia que nos sacudió a todos”.

4. Cóndores no entierran todos los días (1984)

Director: Francisco Norden

“Sus personajes no son más que el fruto de una observación novelística, pero resulté armando para siempre la historia que se le ha olvidado a la patria”, dice Gustavo Álvarez Gardeazabal sobre la novela en la cual se basa esta película. “Surgió de la vivencia infernal de mi infancia en las calles de Tuluá”.

Durante el periodo conocido como “La Violencia” en la Colombia de mediados del siglo XX, León María Lozano, un conservador rezandero y reprimido, se transforma en el temido líder de los ‘Pájaros’, una milicia de paramilitares que se dedica a perseguir y exterminar liberales.

Esta obra es fundamental por abordar sin tapujos la polarización política del país. Producida de manera independiente con un esfuerzo técnico destacable para la época, hoy permite ilustrar, entender y valorar la evolución del cine colombiano. La cinta destaca por la icónica y escalofriante actuación de Frank Ramírez como ‘El Cóndor’. “La obediencia al partido es lo más importante”, dice el aterrador personaje, que destapa sus cartas con un estallido de dinamita. “Es una cuestión de principios”.

3. La tierra y la sombra (2015)

Director: César Augusto Acevedo

“Siempre he sentido una profunda admiración por Andréi Tarkovski y por esa idea de esculpir el tiempo”, ha dicho César Augusto Acevedo sobre las influencias que marcaron su primera película. Esa mirada contemplativa, donde el silencio, los paisajes y el paso del tiempo tienen tanto peso como los personajes, encuentra en los campos de caña del Valle del Cauca un escenario profundamente colombiano. El resultado es un cine pausado, de imágenes poderosas, que convierte el dolor cotidiano en una experiencia de enorme belleza.

La historia sigue a Alfonso (Haimer Leal), un viejo campesino que regresa al hogar que abandonó años atrás para acompañar a Gerardo (Edison Raigosa), su hijo gravemente enfermo por las cenizas que produce la quema permanente de los cañaduzales. Allí se reencuentra con su familia, marcada por el resentimiento, el desgaste y una lucha silenciosa contra un entorno que parece devorarlo todo.

Ganadora de la Cámara de Oro en el Festival de Cannes, La tierra y la sombra confirmó la llegada de una nueva generación de cineastas colombianos con una voz propia y una sensibilidad excepcional. Su retrato de la soledad, el desarraigo y el sacrificio, sumado a una fotografía de extraordinaria belleza, convierte esta película en una de las obras más delicadas y conmovedoras del cine colombiano contemporáneo.

2. La vendedora de rosas (1998)

Director: Víctor Gaviria

Casi 30 años después de su estreno y de su paso por Cannes o La Habana, esta película sigue marcando la cultura popular colombiana a través de frases memorables, memes y un legado indiscutible que sabe reaparecer constantemente. Para esta producción Gaviria adaptó libremente el cuento ‘La vendedora de fósforos’ de Hans Christian Andersen, dando vida a una historia profundamente dolorosa que transcurre durante las fiestas navideñas en la Medellín de los años 90.

Sin lugar a grandes debates, La vendedora de rosas es considerada entre las obras cumbres del cine colombiano. Fiel a su espíritu, Gaviria apela a un riguroso neorrealismo y al uso de actores naturales para plasmar la realidad de una infancia desamparada y los desastres que esta termina generando en una sociedad cruel e indolente. La película ha servido como una especie de archivo y registro, como un espejo que ha confrontado a Colombia con sus propias sombras, dejando una huella estética, social y lingüística indeleble.

“Con el vicio del pegante, que es un vicio de muchas ciudades latinoamericanas y cuando uno ve esos niños ensimismados, aspirando eso, lo interpretamos como un acto mágico de búsqueda de retorno hacia las fuentes originales del amor de la mamá”, ha dicho Gaviria sobre una de las realidades más estremecedoras de la historia.

Lady Tabares interpreta a Mónica, una niña que vende rosas en la calle, rodeada de drogas, prostitución y violencia. Ella -que ha tenido una vida durísima, y ha sido ejemplo de superación incansable- impregnó al personaje de una naturalidad y verdad desgarradoras, encarnando con visceralidad la pérdida de la inocencia y la niñez en modo supervivencia, inmortalizando una interpretación que se convirtió en un reflejo trágico de la realidad social del país.

1. La estrategia del caracol (1993)

Director: Sergio Cabrera

Inspirado por una noticia que encontró en un periódico de 1975, y por el cuento de un anciano chino decidido a mover una montaña, Sergio Cabrera dio los primeros pasos para dar forma a la película más importante en la historia del cine colombiano. En ella un grupo de inquilinos de una casona colonial en el centro de Bogotá se enfrenta al desalojo inminente. En lugar de rendirse, liderados por un viejo anarquista español, idean un plan para desmantelar la casa desde adentro y mudarse con todo a un lote en la periferia. Su contexto refleja la lucha de clases y la típica picaresca colombiana en un guión escrito por Humberto Dorado, Ramón Jimeno, Jorge Goldenberg y el mismo director.

“La película tiene un fondo filosófico que creo que la hace interesante”, dijo Sergio Cabrera a El Tiempo en 2018. “Habla sobre la solidaridad, que es una virtud sospechosa: la justicia la ve con malos ojos. Mi interés principal era hacer una historia sobre la importancia de ser creativos filosóficamente, ideológicamente, prácticamente, que en vez de afrontar los problemas como se hizo en el pasado, encontremos formas propias de hacerlo”.

La estrategia del caracol contó con un elenco de estrellas y leyendas que ya tenían carreras sólidas en las pantallas colombianas: Frank Ramírez encarna al ‘Perro’ Romero), Florina Lemaitre es Gabriel/Gabriela, Fausto Cabrera da vida a Jacinto (el veterano anarquista que lidera la iniciativa), Humberto Dorado es Víctor Honorio Mosquera, el despreciable abogado del Doctor Holguín (Víctor Mallarino), Delfina Guido y Vicky Hernández interpretan a Misiá Trinidad y Doña Eulalia (dos matronas que guían espiritual y logísticamente la operación), mientras Carlos Vives es el periodista que cuenta la historia para la televisión.

“Antes de La estrategia [en Colombia] se hacía un cine angustiado, un cine angustioso. Trataba de contar muchísimas cosas y no contaba nada. Hacer una película era aprovechar la oportunidad. Al director que le salía un largometraje intentaba hacer todas las películas que tenía en mente en una sola película, y muchas veces resultaban siendo unos pastiches mal hechos, mal pegados, mal montados, con un sonido muy malo, con actuaciones a la carrera, con vainas a la carrera”, comentó a Playboy Jairo Camargo, que hizo el papel del teniente de la policía al frente del desalojo. “La estrategia ayudó a cambiar eso”.

Sin embargo, debe decirse, sin duda alguna, que solo fue posible ver esta cinta en las pantallas por la gestión del Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, quien movió cielo y tierra después de ver emocionado los rollos de película que permanecían archivados, porque el dinero no había alcanzado para la postproducción. “Es la primera película que veo escrita en colombiano”, dijo Gabo, añadiendo que se trata de “la película que mejor refleja a Colombia en toda la historia del cine nacional”.

ANDRÉ DIDYME-DÔME Y RICARDO DURÁN

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