Crítica Off Campus: La serie romántica de hockey no es Heated Rivalry, y eso no está tan mal

Basada en las novelas de Elle Kennedy, la serie sigue a una tímida estudiante de música que accede a ayudar a una estrella del hockey con sus estudios, a cambio de que él la ayude a conquistar al chico que le gusta

Por ANGIE HAN |

junio 2, 2026

8:58 am

Prime Video

¿Aplica el dicho “una marea creciente eleva todos los barcos” a los subgéneros del romance televisivo? Amazon seguramente espera que sí. Como una historia de amor que involucra a una estrella del hockey con problemas familiares, su nueva nueva serie Off Campus difícilmente podrá evitar las comparaciones con Heated Rivalry y, considerando el éxito casi irrepetible de la producción de HBO, es poco probable que esté a su altura.

Off Campus solo puede confiar en que esas comparaciones atraigan la atención de una audiencia recién interesada en historias de amor protagonizadas por hombres sudorosos sobre patines y con un stick en la mano, y que sus propios encantos sean suficientes para que se queden.

Veredicto final

Dulce y encantadora, aunque irregular en su tono.

Lugar de estreno: 13 de mayo (Prime Video)
Elenco: Ella Bright, Belmont Cameli, Mika Abdalla, Stephen Thomas Kalyn, Antonio Cipriano, Jalen Thomas Brooks, Josh Heuston, Steve Howey y Julia Sarah Stone
Creadora: Louisa Levy, basada en las novelas de Elle Kennedy

En ese sentido, hay buenas y malas noticias. Menos sensual, menos emotiva y, de alguna manera, menos interesada en el hockey que Heated Rivalry, Off Campus difícilmente reemplazará a la serie anterior en el corazón de los amantes del romance. Pero, una vez que se deja de pensar en lo que no es, la serie que realmente es ofrece sus propios y modestos encantos. 

Adaptada por Louisa Levy, a partir de la serie de novelas de Elle Kennedy, Off Campus funciona como un collage de clichés románticos reciclados, desde “los opuestos se atraen” hasta el “noviazgo falso”, o el clásico “playboy empedernido se enamora de la última persona que esperaba”. Esto no es un defecto de la serie, sino más bien parte de su atractivo principal. Entrar en este mundo debería sentirse tan familiar y reconfortante como sumergirse en una tina caliente llena de burbujas, quizá incluso con un vibrador de por medio, si eso es lo tuyo, como lo es para algunos de estos personajes. 

En algún lugar de un genérico campus universitario de Nueva Inglaterra hay dos estudiantes fotogénicos con problemas aparentemente inconexos. Hannah (Ella Bright) es una estudiante de música perdidamente enamorada de Justin (Josh Heuston), un aspirante a estrella de rock. Garrett (Belmont Cameli) es el capitán del equipo de hockey de la universidad y una promesa rumbo a la NHL, pero tiene dificultades para mantener las calificaciones necesarias para seguir jugando.

Garrett nunca le había prestado demasiada atención a Hannah, a pesar de que uno de sus tres empleos universitarios consiste en atender mesas en el lugar del campus que él frecuenta y de que su mejor amigo, Logan (Antonio Cipriano), está claramente enamorado de ella. Sin embargo, cuando descubre que Hannah sobresale en la materia que él está reprobando, le propone un trato: si ella acepta ayudarlo a estudiar, él la ayudará a conquistar a Justin, principalmente, fingiendo ser su novio para ponerlo celoso.

Si este acuerdo no tiene mucho sentido —uno pensaría que Garrett, que es rico, podría simplemente pagarle a Hannah, que necesita desesperadamente el dinero— Off Campus tampoco se esfuerza demasiado por justificarlo. En realidad, se trata de un pretexto para reunir a dos personajes que, de otro modo, se moverían en círculos sociales completamente distintos, con la esperanza de que la química entre ellos haga el resto. 

En general, lo consigue, aunque tarda un poco en llegar a ese punto. Mientras Bright (quien, con 19 años, quizá sea la única del elenco que no interpreta a alguien varios años menor que ella) encarna desde el inicio la energía luminosa de Hannah, Cameli tienen más dificultades para que la frialdad estoica de Garrett se perciba como algo más que simple inexpresividad. Afortunadamente, destaca mucho más en el lado vulnerable del personaje, que aparece casi de inmediato a medida que empieza a ablandarse ante Hannah. 

La serie es más entrañable cuando ambos simplemente conectan: ya sea con Garrett, normalmente seguro de sí mismo, mirando tímidamente a Hannah desde el otro lado de una habitación llena de gente, o con Hannah, generalmente reservada, tomando con confianza las riendas de la relación. Su segundo gran momento de encanto llega cuando Hannah le confía todo a Allie, su mejor amiga y amante del teatro, interpretada con un entusiasmo muy atractivo por Mika Abdalla.

Off Campus no disimula en absoluto la carga sexual entre sus dos protagonistas. La temporada comienza con Hannah entrando accidentalmente al vestidor, mientras Garret se ducha, y la cámara se detiene en su espalda musculosa, sus abdominales marcados y las gotas de agua recorriendo su cuerpo. Cuando Hannah y Garrett empiezan a desarrollar sentimientos reales —diría “alerta de spoiler”, pero vamos—, los orgasmos se convierten tanto en una forma de expresar confianza como en un mecanismo para reforzarla. 

Esto resulta ser un asunto más serio de lo que podría esperarse, ya que Off Campus dota a cada miembro de la pareja principal de un pasado traumático que explica las inseguridades de ella respecto al sexo y las de él respecto al compromiso. A su favor, logra hacerlo sin reducir a ninguno de los personajes únicamente a sus tragedias. Al revelar los detalles, poco a poco, permite que conozcamos primero quiénes son estas personas en el presente, antes de que se nos obligue a desentrañar por completo el equipaje emocional que han estado cargando todo este tiempo. 

Aunque la intención es admirable, la ejecución es irregular. Los ocho episodios tienen dificultades para equilibrar los elementos románticos más ligeros con los dramáticos, lo que provoca cambios de tono abruptos y diálogos torpemente construidos. Una de las primeras conversaciones entre Garrett y Hannah empieza como una charla divertida sobre Dirty Dancing, antes de derivar repentinamente en una crítica de Hannah a la glorificación de la violencia en el hockey; es una anticipación narrativa clave, pero también resulta desconcertante. Otro intento por equilibrar ambas facetas deriva en una conversación de vestidor sobre el consentimiento, tan exageradamente sana, que parece sacada de una temporada avanzada de Ted Lasso

Con el tiempo, Off Campus ya no puede sostener la oscuridad. Tras concentrar sus momentos más dulces y ligeros en la primera mitad de la temporada, la serie alcanza su punto más alto a la mitad del recorrido, dejando los episodios finales para abordar las consecuencias más dolorosas de los traumas de sus personajes. Cuando Hannah y Garrett finalmente vuelven a la luz, su final feliz (otra vez, diría “alerta de spoiler”, pero vamos), se siente casi como una ocurrencia de último momento.

Esa sensación se ve reforzada por el hecho de que, para entonces, Off Campus ya ha comenzado a desviar su atención hacia otra pareja dentro de su grupo de amigos (sin spoiler esta vez), aparentemente preparada para ocupar el centro de la historia en una futura temporada, del mismo modo que los distintos miembros de los Bridgerton se turnan para encontrar el amor en cada entrega. En una decisión extraña si se considera la serie como la historia de Hannah y Garret, y sugiere un desajuste entre la cantidad de historia que los guionistas tenían para contar sobre ellos y el número de episodios que debían llenar. Pero si se la ve, como el hockey, como un esfuerzo de equipo, quizá sea simplemente una buena estrategia. 

ANGIE HAN

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