El año era 2009 cuando por primera vez en la historia se transmitió al aire el reality show de TV, Rupaul ‘s Drag Race, inaugurando la primera temporada de las 18 que vendrían más tarde acompañadas de una revolución queer global.
Producida por World of Wonder e inicialmente transmitida por el programa de televisión por cable, Logo TV, el reality comenzó siendo un programa de nicho que abordaba la cultura del drag y por supuesto, la cultura queer. Aunque no fue el primer programa LGBTIQ+ que alcanzó números importantes en la televisión, con antecedentes como The L Word, Will & Grace y Queer Eye for the Straight Guy, si se convirtió en el primer reality show sobre cultura drag en ser un fenómeno mainstream, trascendiendo la localidad e incluso el demográfico inicial.

El impacto cultural fue tan grande en audiencias de todo el mundo, que en 2018 se estrenó la primera temporada internacional del reality: Drag Race Tailandia. Seguido de esta primera franquicia, el show se extendió a Reino Unido, Canadá, España, Italia, Australia, Nueva Zelanda, Francia, Filipinas, Brasil, Alemania, y claro, México en el 2023.
El éxito en diferentes países nace de una argumento clave, y es que a pesar de que la cultura queer se comparte en todo el mundo por pertenecer a las mismas comunidades, esa cultura tiene sus matices dependiendo de la geografía y se ve reflejado en el slang, en las frases que han marcado la historia del movimiento LGBTIQ+ en cada país, en el humor, en las carencias y luchas particulares, en los contextos sociopolíticos, y en el mismo estilo del drag que es influenciado por el arte que nutre a cada región.
Sin embargo, a pesar de esta diversidad, muchas de las franquicias internacionales han mantenido la estructura y las convenciones del programa original, profundamente arraigadas en la cultura estadounidense. Esto ha provocado que, en algunos casos, sean percibidas como versiones parcialmente diluidas de las identidades locales que buscan representar.
Mientras Drag Race México aún estaba a cinco años de convertirse en una realidad, los mexicanos Carlos Villarreal y Bruno Olvez ya se habían adelantado a la franquicia. En 2018, bajo la productora La Gran Diabla, estrenaron la primera temporada de La más draga, una adaptación profundamente mexicana del formato popularizado por RuPaul ‘s Drag Race.
La apuesta de Villarreal y Olvez consistía en trasladar el arte drag a la cultura mexicana y latinoamericana tal como existe y se vive en la región. Aunque el programa toma inspiración del formato de Drag Race, construyó una identidad propia cimentada en el folclore y la identidad nacional. Cada episodio gira en torno a categorías que celebran distintos elementos de la cultura popular mexicana: La más peltre, La más cine de oro mexicano, La más alebrije, La más Catrina, etc. Su objetivo ha sido visibilizar el arte drag mexicano y latinoamericano desde una perspectiva local, alejada de los referentes estadounidenses.
La más draga también desarrolló una estética inconfundiblemente mexicana que atraviesa todos los aspectos del programa, desde su estructura narrativa hasta su música original. La producción recupera géneros tradicionales como la banda, el huapango y el mariachi, y los fusiona con sonidos electrónicos e hiperpop, característicos de las celebraciones queer.
Otro de los diferenciadores es la manera de transmitirse, mientras RuPaul’s Drag Race se transmitía por TV de paga y más tarde, por servicios de streaming como Netflix y Paramount+, La más draga ha transmitido todas sus temporadas a través de YouTube, democratizando el acceso a sus contenidos.
La tercera temporada, estrenada en 2020 marcó un hito importante para el reality, atrayendo a miles de nuevos espectadores y ampliando el demográfico hacia fuera de México, conquistando a varios países de Latinoamérica. Pero la verdadera expansión viene en la cuarta temporada, cuando participa la primera artista internacional: C-Pher de Chile. Su participación generó interés por el programa fuera de México y en las siguientes temporadas la presencia internacional aumentó considerablemente. Para la quinta temporada, la final comenzó a realizarse en recintos masivos como la Arena Ciudad de México.
El estreno de Drag Race México en junio de 2023 generó comparaciones y debates sobre la relación entre ambas franquicias. Sin embargo, La más draga mantuvo su popularidad y continuó apostando por una identidad cultural propia.
Actualmente se transmite la segunda temporada de Solo las más, un spin off del reality original en dónde solamente participan dragas de temporadas pasadas, lo que en Drag Race sería el formato de All Stars. Su autenticidad y cercanía con la cultura ha posicionado a La más draga como uno de los programas más influyentes de la comunidad LGBTIQ+ en latinoamérica, celebrando los colores y los matices de la región, y por supuesto, de la comunidad queer que la conforma.