Originario de San Andrés Tuxtla, Veracruz, Arístides Mantilla es un joven cineasta que en los últimos años ha construido una trayectoria que ha impulsado a su trabajo a traspasar fronteras.
Egresado de la New York Film Academy, el pasado 18 de junio el director recibió a manos del Directors Guild of America el reconocimiento a Nuevos Talentos por su cortometraje, En la quietud de la noche, que fue uno de los tres ganadores en la categoría Narrative Short. Este año, únicamente cuatro directores de todo el mundo fueron reconocidos.
En 2025, el cortometraje protagonizado por Yalitza Aparicio, Jesus Ochoa, Memo Villegas y Leonardo Nájar, fue seleccionado en el Festival Internacional de Cine de Morelia. En entrevista con The Hollywood Reporter en Español, Mantilla comparte el significado de recibir este reconocimiento, la vulnerabilidad de perseguir sus sueños y la importancia de confiar en las nuevas voces del cine.

Felicidades por este reconocimiento, es un milestone importante para cualquier cineasta. Leí la entrevista que tuviste con nosotras junto a Karla León, donde platicabas que la historia nació a partir de un sueño relacionado con tu abuelo. Quería preguntarte, porque me parece relevante para este reconocimiento, ¿en qué momento entendiste que ese recuerdo íntimo podía convertirse en una historia universal?
En el momento en que empecé a darme cuenta de qué tan constante era la pregunta de qué hubiera pasado si en aquel sueño no hubiera despertado, ¿no? Si lo hubiera seguido hasta el punto de platicar con él, de que me revelara algunos secretos de la familia, o no sé, de poder abrazarlo y escuchar su voz.
Yo ya llevaba algunos años haciendo cine y pensé: todo lo que escribo, al final, tengo el poder de decidir qué va a suceder en la historia y qué va a vivir el personaje. Entonces combiné esa misma pregunta, lo que nunca fue, lo que nunca pasó, el qué hubiera pasado, y de ahí nació la idea: ¿qué habría ocurrido si hubiera extendido ese sueño? Y lo escribí.
La historia está inspirada en eso, pero es ficticia. El niño es ficticio, la familia también, aunque obviamente tiene tintes de mi infancia y de lo que fue mi abuelo. Él es el único personaje que sí quisimos reencarnar tal cual En la quietud de la noche.
Y también sabía el alcance que podía tener, porque así como en México muchísimas personas esperamos el Día de Muertos para recordar a nuestros seres queridos, creo que, globalmente, todo el mundo extraña a alguien. Sabía que iba a conectar con muchísima gente, independientemente de su nacionalidad o de sus tradiciones, y que podía traspasar fronteras.
Claro, que es algo muy importante en la industria cinematográfica actual: contar historias locales desde experiencias o emociones universales. Y justo hablando de esto, ¿qué crees que vio el jurado En la quietud de la noche que la hizo destacar entre cientos de cortometrajes?
Claro. De hecho, al tratarse de la Directors Guild of America y venir de raíces hollywoodenses, me sorprendió mucho enterarme de que era uno de los premiados, porque suele pensarse que se inclinan más hacia Hollywood o hacia un cine más maquilado, pero no fue así.
Yo creo que lo que vieron aquí fue la intención de contar historias que conecten con audiencias internacionales sin perder la raíz. Aunque la película nace desde un core muy mexicano y, a diferencia de Coco, es una producción cien por ciento mexicana, logra conectar con muchísima gente. Lo he podido confirmar porque, aunque hemos estrenado más en Estados Unidos que en México, la reacción es la misma: seas de donde seas, hables español o inglés, terminas llorando. Eso es lo que conecta.
Viniendo de una institución tan prestigiosa como la Directors Guild of America, ¿qué significa para ti recibir este reconocimiento? A veces, como artistas, aparece el síndrome del impostor. ¿Hubo algún momento en el que realmente dimensionaste este logro?
Sí. Mira, ahorita estoy en una etapa muy especial de mi carrera, porque han sido años de formación, de trabajo, de cortometrajes y otros ejercicios, además de construir relaciones dentro de la industria. Obviamente, gracias a los festivales y a premios como este, que son espacios de networking muy importantes, comienzan a abrirse puertas muy interesantes.
Especialmente porque ya tenemos varios proyectos en puerta, más allá de los cortometrajes: largometrajes de ficción, documentales y hasta una serie. Me inspira mucho ver cómo otros directores han logrado dar el salto de proyectos independientes a producciones de gran escala, y desde el inicio pensábamos este proyecto como ese trampolín que pudiera llevarnos al proyecto A, al proyecto B y al proyecto C.
Desde el principio sabíamos que era un proyecto muy ambicioso y nunca dudé de él. Sí llegué a dudar de mí mismo en otros momentos, pero siempre pasaba algo curioso: los reconocimientos que obteníamos venían del extranjero. Eso me dio el antecedente de que podía mantener esa ambición y sacar adelante los proyectos, porque hacer cine siempre es difícil, especialmente los cortometrajes, donde conseguir inversión es muy complicado.
Al principio sí existía un poco el síndrome del impostor: pensar si el proyecto era demasiado grande para mí, si lo terminaría o si llegaría a cierto festival. Pero pasan los años y los proyectos, y te das cuenta de que sí los filmaste, sí los terminaste y sí se estrenaron. Hoy tengo ese antecedente y esa certeza de que puedo hacer realidad las historias que imagino.
Eso también me ha dado la seguridad para pitchear proyectos y hablar con personas de la industria que antes veía en la televisión o en el cine, y con quienes hoy puedo sentarme a platicar en un festival. Esa experiencia me ha dado la fortaleza de entender que no solo están mis ganas y mis ideas, sino también un portafolio y una trayectoria que respaldan lo que hago.
Además del reconocimiento profesional, este también representa un logro en lo personal, porque detrás de ese camino hay años de esfuerzo, crecimiento y transformación. Y siendo uno de los pocos directores mexicanos en recibir esta distinción, ¿cómo asumes esa responsabilidad de representar a tu estado y a tu país dentro de la industria y de una institución como esta?
Pues emocionado, obviamente emocionado de poder poner esta historia frente a muchos ojos y también fuera de mi país. Antes de empezar el recorrido por festivales se la enseñé a mi familia, incluso a familiares que viven en el extranjero, y todos lloraban. Yo sé que los mexicanos somos muy sentimentales con el tema de la muerte, de extrañar a alguien y, en especial, con una tradición tan importante como el Día de Muertos.
Pero ver que esa misma reacción sucede en personas extranjeras, que quizá no lo celebran o no tienen esa conexión con México, me da muchísima emoción. Y si puedo llevar esta historia a distintos continentes y ondear la bandera, aunque sea desde la ficción y la pantalla, para mí es un honor.
Además, el cortometraje no solo habla de experiencias personales, sino también de mi identidad como veracruzano. Poder mencionar los lugares de donde soy y llevarlos conmigo a donde llegue el proyecto significa mucho para mí. Incluso recuerdo que, en una entrevista en Estados Unidos, alguien me preguntó: “¿Tú eres Aristides, el de Veracruz?”. Y por primera vez pensé: se acordaron de Veracruz, porque normalmente todo se reduce a México o a la Ciudad de México.
Entonces, que también exista ese reconocimiento hacia los lugares de los que hablo y de donde vengo es algo que me honra profundamente, y me hace muy feliz poder llevar estas historias más allá de nuestras fronteras.
Totalmente. Y hablando de llevar estas historias a otros lugares, ¿crees que el cine mexicano está viviendo un momento en el que las historias regionales tienen cada vez más espacio?
Yo creo que sí, porque cada vez lo veo más presente en los festivales y siento que se están haciendo más películas. Hoy existe mucho más acceso que antes: he visto proyectos realizados con muy pocos recursos y otros con presupuestos importantes, pero que siguen naciendo desde una visión autoral, y eso es muy bueno para todos, especialmente para quienes estamos emergiendo en la industria.
Como te platicaba, nosotros tenemos varios proyectos en puerta y también estamos viendo algo muy interesante en Hollywood. Ahí están los casos de Backrooms y Obsession, dirigidas por cineastas muy jóvenes, uno de 20 años y otro de 26. Yo estoy en medio, tengo 23, y creo que, si eso puede pasar allá, también puede pasar en México.
Estamos abiertos y listos para colaborar con productores, empresarios y gente que quiera apostar por visiones frescas, nuevas y auténticas de cineastas emergentes. Obviamente, respaldados por la experiencia de personas que ya tienen una trayectoria en la industria, podemos aspirar a proyectos muy grandes.
También es importante esa colaboración entre generaciones y el apoyo de plataformas y estudios que confían en estas nuevas voces, para que el cine mexicano no solo se haga para el público mexicano, sino que también pueda competir y llegar al mercado estadounidense y al resto del mundo. Creo que tenemos ese potencial.
Lo digo también desde mi propia experiencia, porque actualmente estamos explorando muchísimos géneros. Así como En la quietud de la noche es un drama centrado en la cultura mexicana, también estamos desarrollando proyectos completamente distintos. Hay muchísimas historias por contar.
Sí, creo que es muy positivo que la industria esté abriendo espacio a nuevas voces y, sobre todo, a jóvenes que vienen de contextos distintos al centro del país. Cuando piensas en los proyectos que vienen, ¿qué es lo que más te interesa que el resto del mundo comprenda sobre México y, de cierta manera, sobre ti a través de tu trabajo?
Claro, pues un poquito romper con ese estigma, ¿no? Sabemos cómo normalmente se representa a México en las películas, o cómo, cuando una historia llega al país, todo se pinta de sepia. Entonces me emociona que personas que no son mexicanas, como la gente que verá el cortometraje en Los Ángeles, puedan encontrarse con una historia profundamente mexicana, pero llena de color.
En la quietud de la noche es un cortometraje muy colorido: está lleno de naranjas, de verdes y de azules. Los altares los hicimos con mucha planta verde porque así se hacen en Veracruz, y quisimos incorporar todos esos elementos a la película. Creo que todavía hay muchísimo de México que no se ha mostrado, o que apenas empieza a mostrarse. Y para mí se trata justamente de eso: de pintar una imagen más amplia y más auténtica de nuestro país ante el mundo.
Me gustaría preguntarte sobre tu trayectoria. Estudiaste en la New York Film Academy y, siendo un joven mexicano, seguramente te encontraste con barreras que muchos otros aspirantes a cineastas también enfrentan. ¿Cómo ha sido tu camino para llegar hasta donde estás hoy?
Pues ha sido un camino de mucha constancia. Incluso antes de entrar a la universidad ya tenía algunos trabajos previos y, afortunadamente, gracias a ellos obtuve una beca de talento que me permitió estudiar allá. A partir de ahí empezó la bolita de nieve: hice más proyectos, entendí mejor los perfiles de ciertos festivales y empecé a desarrollar historias que encontraran su espacio, lo que poco a poco me fue dando reconocimientos y respaldo para impulsar el siguiente proyecto.
Te platico brevemente, en 2023 hicimos un cortometraje con tres mil pesos en San Andrés Tuxtla, de donde soy, en Veracruz, y ese proyecto llegó a muchos festivales. Después desarrollamos En la quietud de la noche y una de las primeras personas en subirse al barco fue Yalitza Aparicio. Creo que lo que le dio confianza fue que el proyecto ya estaba muy bien estructurado, y eso también viene de la preparación y del trabajo previo.
Obviamente pensé, ¿cómo voy a dirigir a una nominada al Oscar? Pero algo tenía claro: la historia ya la tenía. Y cuando alguien como ella confía en ti, se genera un efecto dominó. Después llegaron Memo Villegas y Jesús Ochoa, pero no fue algo que surgiera de la nada; venía de años de hacer proyectos y de construir una trayectoria que me dio la credibilidad para seguir avanzando.
También hicimos un proyecto que definimos como una especie de versión mexicana de Misión Imposible, junto a mi amigo Chucho Morales, y todo ha sido así, un escalón tras otro. Hoy siento que estamos en un momento en el que podemos dar el siguiente paso hacia un largometraje de ficción. Tenemos varios proyectos desarrollándose al mismo tiempo y seguimos empujándolos a la par.

Y desde tu experiencia en estos espacios internacionales, ¿crees que los cineastas mexicanos todavía tienen que demostrar algo extra para abrirse camino en la industria estadounidense?
Sí, yo creo que todavía existe cierta resistencia. Siento que muchas veces el cineasta mexicano tiene que demostrarle al inversionista extranjero que sí puede hacerlo, que lo único que necesita es el recurso para llevarlo a cabo.
No diría que es más fácil empezar en México, pero sí hay menos trabas en algunos aspectos. Aquí contamos con estímulos fiscales y apoyos culturales, como los del IMCINE, mientras que en Estados Unidos gran parte de la industria funciona con capital privado. Entonces, en México puedes convencer primero a una institución con una buena historia y, a partir de ahí, sumar talento, creativos y un elenco que te ayude a impulsar el proyecto.
Muchas veces ese mismo recorrido termina funcionando como un trampolín hacia Hollywood. Hay directores que trabajan allá, regresan a México para desarrollar nuevos proyectos y luego vuelven a dar el salto. Yo no estoy peleado con ninguno de los dos mundos: disfruto el cine que se hace allá y el que se hace acá.
Tengo historias pensadas para filmarse en México, en español y con equipos cien por ciento mexicanos, algo que siempre me emociona, pero también proyectos concebidos en inglés y ambientados en Los Ángeles. Hay espacio para todo tipo de historias. Sin embargo, sí creo que al cineasta mexicano todavía le cuesta un poco más abrirse paso en Hollywood.
Muchos directores que han recibido esta distinción después se han convertido en referentes dentro de la industria. ¿Cómo visualizas el siguiente capítulo de tu carrera? ¿Qué sigue para ti y qué es lo que más te emociona?
Pues espero que esto genere curiosidad, que la gente de la industria se pregunte quién es ese chico y qué es lo que viene después. Y, por supuesto, también agradecer a los medios, en especial a The Hollywood Reporter, por acompañar y dar seguimiento a En la quietud de la noche.
Yo sigo trabajando para estar listo cuando lleguen las oportunidades, no solo para que se presenten, sino para tener algo sólido entre las manos cuando aparezcan. Lo siguiente a lo que le estamos apostando es al largometraje de ficción, aunque también tenemos un documental en desarrollo.
Afortunadamente, hemos logrado convencer a personas para que se suban al barco, igual que ocurrió con En la quietud de la noche. La diferencia es que ahora ya no hablamos de un cortometraje, sino de producciones más grandes, que requieren inversión, meses de trabajo y equipos mucho más amplios.
Me veo apuntándole a eso, esperando que la gente indicada llegue, que quienes tienen la posibilidad de impulsar estos proyectos encuentren en mí y en mi trabajo algo valioso que aportar al cine. Tenemos muchas historias por contar y ojalá esa sea la razón por la que, en el futuro, más personas decidan ir al cine a verlas.

Cuando hablas de esa idea de “subirse al barco”, ¿para ti quién sería esa tripulación ideal para tu siguiente proyecto? ¿Con quién te encantaría trabajar?
Mira, tengo muchísimas personas con las que me gustaría trabajar, incluso una lista enorme de actores. Pero, honestamente, no tengo preferencias en cuanto a estudios; al final, más allá del nombre, lo importante es el respaldo y la confianza que pueden brindar.
Por ejemplo, alguna vez platicamos con Amazon y me decían: “Tu proyecto está buenísimo, pero para poder impulsarlo necesitamos que venga acompañado de alguien en quien ya confiemos y sepamos que puede ejecutarlo”. Y lo entiendo perfectamente.
Por eso creo que es importante que los grandes estudios y productoras apapachen e incuben proyectos de voces emergentes, que ayuden a desarrollarlos y a llevarlos al siguiente nivel. Ojalá plataformas como Netflix, Amazon o HBO sigan apostando por nuevas generaciones de cineastas y confíen en que también podemos contar historias valiosas y construir proyectos sólidos.
Y para finalizar, una pregunta un poco más personal: si alguien que nunca ha visto tu trabajo te preguntara por qué debería apostar por Aristides como cineasta, ¿qué le responderías en una sola frase?
Me gusta mucho una frase que he repetido en otras entrevistas, aunque creo que hoy la modificaría un poquito: quiero ser la razón por la que la gente vaya al cine.
Me gusta porque, a veces, en lugar de decir “vamos a ver tal película”, decimos “vamos a ver la nueva de Cuarón” o “la nueva de Guillermo del Toro”. El nombre y la visión de un cineasta terminan invitándote a descubrir lo que hace, porque te gusta cómo mira el mundo, de qué habla y cómo lo cuenta.
Creo que algo así también puede construirse con los talentos emergentes en México. Hay muchísima gente talentosa que solo necesita una oportunidad.