Con motivo del centenario de La Vorágine, clásico indiscutible de la literatura colombiana, una alianza entre canales regionales y la productora Quinto Color da vida a una ambiciosa adaptación para la televisión pública y HBO Max. En el centro de esta travesía selvática está Juan Pablo Urrego, actor antioqueño de largo recorrido en cine y televisión, quien se mete en la piel de Arturo Cova: poeta, fugitivo, violento y trágico.
En esta conversación Urrego reflexiona sobre la vigencia de la novela, el reto actoral de encarnar a un personaje bipolar y la necesidad urgente de contar una historia que, cien años después, sigue latiendo en el corazón mismo del país.
La Vorágine cumple 100 años y sigue viva. ¿Qué crees tú que la hace inmortal?
Hermano, lo que tú mismo dijiste: su vigencia. En Colombia seguimos hablando de lo mismo que abordaba la novela. Siguen existiendo zonas olvidadas por el Estado, controladas por actores armados ilegales, marcadas por la violencia, por las desapariciones. Lo que José Eustasio Rivera escribió en torno a la fiebre del caucho hoy se transforma, pero no desaparece: son otras formas de explotación, de desplazamiento, de muerte. Y ahí está la conversación. Por eso es tan importante contar esta historia. Hay mucha gente que ni siquiera sabe qué es La Vorágine, no la conocen como una de nuestras obras más importantes. Esta serie puede ser una puerta de entrada al libro, como pasó con Cien años de soledad.
¿Siempre se pensó como serie o en algún momento fue una película?
Cuando me contactaron, ya estaba planteado como serie. Me escribieron José Lombana y Jorge López desde Quinto Color y ya era una miniserie. Creo que si se hiciera como película sería demasiado extensa. Tiene que tener algo intermedio. La Vorágine es una novela extensa, con muchos personajes y capas. Y mira que incluso en ocho capítulos nos quedó corto. Hubo cosas que no se pudieron incluir. Lo más esencial está, claro, pero hubo que condensar bastante.
La calidad de las producciones de televisión pública ha subido muchísimo, pero me preocupa que el público aún no las esté viendo por estar pegado a las plataformas. ¿Qué se está haciendo para contrarrestar eso?
Estoy de acuerdo contigo. La televisión pública está haciendo cosas increíbles. Quinto Color ya lo demostró con Emma Reyes, y ahora con La Vorágine van más allá. Lo que se está haciendo es una gran campaña: todos los canales regionales la transmitieron en simultáneo desde el 9 de junio, en el “mes de La Vorágine”. Hubo especiales, entrevistas, detrás de cámaras, expectativa. Estuvimos haciendo mucha bulla para que la gente se conecte, para que miren hacia acá y digan: “Quiero ver eso”.
Luego se confirmó que La Vorágine se iba a presentar también en HBO Max. Esta fue una noticia maravillosa, porque así podrán verla fuera del país, tanto colombianos como públicos de otras latitudes. Es una historia profundamente latinoamericana, pero también universal. En otros países han pasado cosas similares.

¿Cómo construiste tu personaje? ¿Cómo llegaste a Arturo Cova?
Lo primero fue releer el libro. Yo lo había leído en el colegio, pero tenía recuerdos vagos. Volví a la fuente, subrayé, anoté. Luego me metí en los guiones, trabajé escena por escena, tuvimos muchos ensayos con el director. Arturo es un personaje muy complejo: es poeta, impulsivo, machista, violento. Cambia de estado de ánimo en segundos, y eso al principio me descolocaba. Le decía al director: “¿No es raro que pase de estar feliz a explotar de ira tan rápido?”. Y él me decía: “Es que él es así”. Entonces, como actor, uno debe justificar esos cambios, construirlos desde miradas, gestos, momentos… para que el espectador entienda que algo está pasando dentro de él. Que se está quebrando, que está enloqueciendo.
Es un personaje que hoy diagnosticaríamos como bipolar…
¡Total! Es una montaña rusa emocional. Se escapa con Alicia, una niña rica de sociedad, sin tener idea de a dónde va. La arrastra a la selva, y pronto se da cuenta de que le estorba. Es mujeriego, errático, contradictorio. Fue un gran reto actoral, pero también un placer interpretarlo.
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La Vorágine es una novela que se desarrolla en un entorno profundamente machista. ¿Se pensó en darle más peso a las mujeres en esta adaptación?
Sí, totalmente. En la serie las mujeres tienen una fuerza distinta. Alicia sigue siendo inocente, sí, pero también tiene más carácter, más decisión. Griselda, Clarita, la Turca… son personajes potentes. La Turca, por ejemplo, es la capataz, la que manda. Se les dio otra dimensión, más activa. Como tú dices, la selva es tierra, es madre, es feminidad. Y la historia también habla de cómo esa fertilidad ha sido explotada.
¿Y después de La Vorágine qué viene para ti?
Estuve también en Delirio, la adaptación del libro de Laura Restrepo. Es una serie que hicimos el año pasado y que ya está en Netflix. Tiene un elenco increíble: Juan Pablo Raba, Paula Turbay, Estefanía Piñeres, Salvador del Solar… Otro proyecto hermoso. Un personaje delicioso de interpretar.
La Vorágine es un hito histórico sin precedentes para la televisión colombiana. Todos los canales regionales unidos para una producción de este nivel.
Es un momento muy especial. La factura es altísima. Se ve muy internacional. La fotografía, la música, el arte… se nota el amor con que se hizo. El elenco es tremendo: Marlon Moreno, Malida, Nicole Santamaría, Diego Vásquez, Nelson Camacho, Viviana Cerna… Todos entregados. Lo que tú decías: esto no es solo televisión, es memoria, es país, es historia.
La Vorágine muestra otra Colombia, esa Colombia selvática que rara vez aparece en sus ficciones…
Sí, hay muy pocas producciones que se atrevan a contar desde la selva. Y eso es hermoso. Que la gente se contagie de esta historia. Mucha gente no sabe qué fue la fiebre del caucho, qué significó, qué consecuencias trajo. La Vorágine fue una especie de holocausto indígena y casi no se habla de eso. Es una historia violenta, brutal, que sigue teniendo eco hoy.
Steven Spielberg decía que hay que contar una y otra vez la historia del Holocausto para que no se repita. ¿Crees que La Vorágine cumple una función similar?
Sí, hermano, totalmente. Esto fue hace apenas 100 años. Y aún seguimos tocando los mismos temas: violencia, abandono, muerte. Es necesario contarla y revivirla para que no se repita. Es una historia fascinante: tiene romance, tiene acción, tiene tragedia, tiene denuncia. Tiene todo lo que necesita una gran serie… pero sobre todo, tiene verdad. Y la verdad, como la selva, siempre reclama su espacio… Que se venga la selva.