Alberto Guerra: El arte de ser otro y seguir siendo uno mismo

El actor cubano-mexicano reflexiona sobre sus procesos emocionales, su visión del oficio y los desafíos de ser latinoamericano en la industria global.

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

mayo 22, 2025

7:20 am

Fotografías por Jesús Soto Fuentes

Alberto Guerra es uno de los rostros más versátiles del cine y la televisión latinoamericana. Nacido en Cuba y consolidado en México, ha construido una carrera en la que se cruzan la intensidad emocional, la mirada crítica y una curiosidad constante por la condición humana. En esta conversación, Guerra habla de su vocación actoral, de sus vínculos con los personajes y de los desafíos que enfrenta un actor latino en un sistema donde aún hay barreras por derribar.

¿Hay algún personaje que hayas encarnado que te haya confrontado emocional o personalmente al punto de transformarte, ya sea como actor o como individuo?

Alguno que me haya transformado por completo, no. Pero todos los personajes te tocan de alguna manera, te modifican o te sirven para algo que estás transitando en tu vida. En términos de carrera, el comandante Benítez en Colosio fue crucial. Me abrió puertas con gente con la que quería trabajar y que antes no me consideraba. Todos mis personajes tienen algo. Esta profesión envejece contigo, y uno le va aportando cosas que son personales. Por ejemplo, en Griselda estaba atravesando momentos muy fuertes con la paternidad, y eso quise que estuviera ahí, aunque no fuera parte del guion. Me interesa colocar en cada personaje temas que me atraviesan: la vida de los hombres, los padres, los migrantes… cosas que soy yo también.

¿Fue la curiosidad por el otro lo que te atrajo inicialmente de la actuación o eso llegó después?

No, eso llegó después. Empecé porque mi abuela me dijo que dentro del mono de King Kong (la versión de 1976) había un actor. Me pareció un juego, algo lúdico. Con el tiempo fui descubriendo otras bondades, sobre todo las terapéuticas. No quiero intelectualizar esta profesión, pero sí he entrado en ella desde una esquina filosófica y psicológica. Me fascina el ser humano, sus recovecos emocionales, sexuales, intelectuales. A veces la falta de emotividad dice más que cualquier emoción desbordada. Cuando uno crece como hombre en una sociedad machista, se nos enseña a ocultar la sensibilidad. Pero esa vulnerabilidad se vuelve clave para conocerte, para ser buen padre, para vivir una vida plena.

Fotografías por Jesús Soto Fuentes

Justamente mencionaste King Kong. Es un personaje peligroso pero profundamente sensible. En tus papeles suele haber esa tensión entre la ferocidad y la ternura. ¿Es algo que buscas o que te buscan?

Creo que ambas. Me buscan para encarnar personajes con esa mezcla de violencia y vulnerabilidad, y yo también trato de encontrar esa complejidad. Un actor puede aportarle mucho a un personaje. Imagínate ver la foto de un asesino en un periódico. Lo encasillas. Pero si ves a ese mismo hombre cuidando a su madre moribunda, tu opinión cambia. Me gusta provocar ese desbalance. Que el espectador vaya modificando su percepción a lo largo del relato. Eso pasa con King Kong: al principio le tememos, pero luego sentimos compasión. Es el contexto lo que nos permite ver otras facetas.

¿Cuál ha sido el mejor consejo que te han dado como actor, y qué consejo das tú a los actores jóvenes?

Hace años escuché a Ceci Suárez decir: “La carrera de un actor se define más por los proyectos a los que les dice que no que por los que acepta”. Me costó años entenderlo. Acepté cosas por necesidad. Pero no hay nada más digno que poder pagar la renta y alimentar a tus hijos con tu trabajo. Hace poco trabajé con Edward James Olmos, y tras una escena muy fuerte me dijo riendo: “Qué divertido es esto”. No es un consejo, pero es un recordatorio. Esta profesión tiene algo profundamente lúdico, incluso en la oscuridad. A los jóvenes les diría: disfruten cada oportunidad de colocarse en un lugar que les dé miedo. En la vida evitamos el miedo. La actuación nos permite abordarlo sin consecuencias reales. Es una descarga emocional que, bien canalizada, puede ser sanadora.

Fotografías por Jesús Soto Fuentes

Es como un juego infantil. El niño se compromete con el personaje, pero puede salir de él en cualquier momento.

Exactamente. Es lúdico. Con los años desarrollas técnica, estudio, preparación… pero sigue siendo un juego. Incluso en la presión de tener solo dos tomas, hay que encontrar placer. Cada momento frente o detrás de cámara es una oportunidad para actuar. Si tú vienes a mi casa para preparar un casting, yo me comprometo como si estuviéramos en un set. Lo disfruto profundamente. Salirme de mí mismo por unos minutos es una de las cosas que más gozo.

¿Sientes que los actores latinoamericanos aún tienen que probar el doble para ganar espacios fuera de sus países?

Sí, sin duda. Cualquiera que no sea parte de Hollywood tiene que probarlo más. No porque seamos menos, sino porque hay una atención desproporcionada sobre esa industria. Las plataformas han cambiado el panorama: hoy es posible ver series o películas latinoamericanas siendo número uno en el mundo. Pero la continuidad sigue siendo difícil. Tener cuatro o cinco proyectos consecutivos que funcionen globalmente es complejo. Eso lo hablo con actores italianos también. Logran una carrera sólida en Europa, pero al buscar el siguiente paso —Hollywood— deben trabajar el doble. Además, las inversiones fuera de Estados Unidos son menores. Hacemos series de 10 capítulos en dos meses y medio, con un tercio del presupuesto. Aun así, intentamos mantener el nivel.

Se podría decir que casi todo el cine latinoamericano es cine independiente.

Exactamente. Hacer cine es un acto de valentía. Es una industria donde se mueve muchísimo dinero, pero nada es seguro. Las pérdidas son enormes y pueden tener consecuencias para toda una carrera. Si un actor lidera una película de gran inversión y fracasa, lleva encima esa carga. Ahí es donde el oficio se convierte en negocio. Y eso también hay que entenderlo: esta profesión tiene una parte mágica, sí, pero también es un negocio, y hay que saberlo jugar.


ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

SUSCRÍBETE A NUESTRAS EDICIONES

Vive la experiencia completa de The Hollywood Reporter en Español, sin límites y todos los días, en sus versiones impresas y digitales.

MÁS DE HOLLYWOOD REPORTER EN ESPAÑOL

Lo más Popular

newsletter

Suscríbete para nuevas noticias de Hollywood Reporter en Español directo en tu bandeja de entrada

Al proporcionar su información, acepta nuestros Términos de Uso y nuestra Política de Privacidad. Utilizamos proveedores que también pueden procesar su información para prestar nuestros servicios. // Este sitio está protegido por reCAPTCHA Enterprise y se aplican la Política de Privacidad y los Términos de Servicio de Google.

Deberías leer

Síguenos