Una cámara en mano, el mundo como escenario y un sinfín de preguntas sobre lo que significa habitar el mundo. Así construyó José Alejandro González, cineasta, fotógrafo y retratista colombiano, Habitante, un documental que evoca el estilo observacional, contemplativo y cotidiano de realizadores como Frederick Wiseman, Agnès Varda, Kazuo Hara, José Luis Guerín y Eduardo Coutinho, quien entendía la no ficción como una oportunidad para conocer lo que nos rodea y, al mismo tiempo, a nosotros mismos.
En Habitante, cada destino es, en realidad, el inicio de un nuevo (auto)descubrimiento. En una playa de Taganga, un hombre mayor confiesa haber abandonado su vida en Bogotá por amor a la música. Pronto, reflexiona sobre cómo el objetivo no debe ser acumular riqueza, sino la búsqueda de historias. Miles de kilómetros al norte, en Chicago, Elton Antoine, quien se define a sí mismo como “un viajero en el vacío de la vida”, cuestiona cómo se puede ser nihilista si todo lo que nos rodea “es algo”.
Para el documentalista, cada respuesta genera otra pregunta: ¿Cuál es tu misión? ¿En qué piensas? ¿Cuál fue el día más feliz de tu vida? ¿Cómo estás? ¿Te sientes solo?
Habitante
Conclusión: Un conjunto de postales sobre el arte de vivir
Fecha de estreno: 2025 (Bogotá, Colombia)
Dirección y fotografía: José Alejandro González
Habitante podría considerarse un relato que acumula postales impersonales e inconexas, sin embargo, José Alejandro no desaparece detrás de sus personajes. Su mirada resulta una guía a través de cada palabra, rostro y acción. Incluso, su aparición ocasional frente a la cámara propicia cuestionamientos que se integran a la narrativa.
Pero si la película reflexiona en torno a qué significa “habitar(nos)”, también se pregunta a quiénes escuchamos cuando intentamos comprenderlo. González dirige su cámara hacia voces que rara vez ocupan el centro de nuestras conversaciones: transeúntes anónimos, rostros que suelen perderse entre el movimiento cotidiano. En ellos no solo encuentra historias, sino una sabiduría que se suele pasar por alto.
En Los Ángeles conocemos a Gwendolyn, una mujer trans de 29 años, quien hace dos semanas decidió terminar su noviazgo y vivir en la calle. En medio de una resolana que se filtra entre las ramas de un árbol, responde que su mayor anhelo son los sueños y la libertad; que las personas dejen de ser asediadas por las crisis sociales. Un par de escenas después, Ana Lucía, una niña que camina por la playa de Tribugá, habla sobre su deseo de pasear por Bogotá o Medellín y, además, recibir un regalo del Niño Dios porque, en ocasiones, no recibe nada.

En Manhattan, José Alejandro González establece uno de los vínculos más entrañables de Habitante. Nacido en Italia, Benito explica que el dinero y el capital le hacen feliz, mientras que la situación del mundo le provoca desdicha. Una larga serie de cuestionamientos nos permite conocer que ese hombre mayor es fanático de los músicos clásicos, especialmente de Giuseppe Verdi, Enrico Caruso y Johann Sebastian Bach; que a veces imagina estar en el Lago Constanza, en la frontera entre Suiza y Alemania.
En una librería, luego de un breve paseo, la pregunta sobre si serán amigos queda flotando en el aire. Prometen mantenerse en contacto: uno ha cambiado la vida del otro, y viceversa.
En Guatemala, un hombre que superó las adicciones narra que le compuso un rap a su hija, quien se quitó la vida cuatro años atrás, y una de sus compañeras improvisa barras contra de la discriminación. De vuelta en Estados Unidos, Sorita Percy, quien utiliza un brazalete electrónico de monitoreo, reflexiona que lo importante no es qué haces en este mundo, sino cómo. En otro acercamiento, Christopher Burns, quien admite haber cometido delitos menores en su juventud, ahora intenta redimir sus actos con buenas acciones.

Michel Foucault sostuvo que allí donde hay poder también hay resistencia. Uno de los aspectos más valiosos del documental es que González no deja de lado esta dimensión tan importante de la vida de sus habitantes. Luego de viajar en un tren repleto de la India, regresa a Tribugá para conocer a Andrés Murillo, un compositor que gusta del vallenato y que canta sobre un enfrentamiento con paramilitares.
El documentalista retrata, además, la migración. En las playas de Tijuana, Baja California, un hombre dice que no es necesario cruzar para encontrar trabajo, dinero y felicidad, pero una mujer interrumpe esos pensamientos para aclarar que no ha perdido la fe ni la convicción de cruzar. Una vez llegó a El Paso, Texas, pero la deportaron. Otro hombre, sumido en una profunda tristeza, reconoce que ha pensado en terminar con su vida.
Una de las últimas meditaciones llega con María de los Ángeles, una mujer de La Habana, Cuba, dedicada a la cartomancia. En contraste con la imagen que desde el exterior podría construirse sobre la vida en la isla, asegura que vive en paz, sin violencia, y que la música, el baile y su familia la hacen feliz. “De Cuba no me voy, siempre buscaré regresar”, dice.

La fuerza de Habitante radica en la espontaneidad, honestidad y ligereza de sus testimonios. La transición entre cámaras y registros funciona como un recurso eficaz para situarnos espacial y temporalmente. Sin embargo, por momentos la narrativa no logra condensarse y algunos extractos se perciben como segmentos prescindibles que terminan por diluir el ritmo del documental.
Tanto Lázaro como Álvaro, sus producciones anteriores, parten de una metodología artesanal y de una mirada compartida sobre el mundo y las historias de vida. Habitante es un diario audiovisual de encuentros fugaces registrados a lo largo de dos décadas, un mapa emocional de lo que significa encontrarse con otros, comenzar algo inesperado y, eventualmente, despedirse.
José Alejandro González encuentra en la otredad y en las virtudes del documental una forma de narrar las posibilidades infinitas de las conexiones humanas. Además, demuestra una pasión absoluta por las personas, sus diálogos internos y externos, las imágenes que evocan y los paisajes a los que pertenecen. Tal como lo plasma en los créditos, Habitante —y el resto de su filmografía— aspira a contar el día en el “que todos los seres sean felices”.