Crítica: Lilo & Stitch

La nueva versión apuesta por la ternura y la fidelidad emocional, pero diluye buena parte del carácter punk que definía al original

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

junio 17, 2025

7:54 am

Cortesía de Cinecolor

En el continuo esfuerzo de Disney por trasladar su catálogo animado al terreno del live action, Lilo & Stitch, se posiciona como una apuesta de bajo perfil que rehúye tanto el naufragio creativo como la reimaginación audaz. A diferencia de las ambiciosas The Little Mermaid o The Lion King, esta nueva versión (pensada originalmente para streaming) se sostiene desde una escala más íntima y una sensibilidad modesta, pero a costa de perder parte del espíritu rebelde que convertía al original en una de las obras más singulares del estudio.

Hay elementos que funcionan. El Stitch generado por computadora, con la voz original de Chris Sanders, mantiene esa mezcla entre caos y ternura que lo convirtió en un ícono de la cultura pop de los 2000. El personaje sigue siendo una criatura adorablemente defectuosa, un alienígena problemático que aprende a amar a través del afecto de una niña solitaria. Pero aquí el proceso es más suave, más masticado y menos incómodo. El Stitch antisocial del dibujo animado se vuelve un peluche más amable y menos salvaje.

Maia Kealoha, como Lilo, es el gran hallazgo. Su interpretación tiene contradicciones y una energía emocional genuina. Su Lilo no es solo una “niña tierna” sino una pequeña furiosa y dolida que encuentra en su rareza un modo de sobrevivir. En sus escenas se percibe una verdad que trasciende el artificio de la adaptación. Su relación con Stitch, aunque recortada en cuanto a matices, conserva el pulso emotivo que sostenía la obra original.

Lo que la rodea, en cambio, resulta más genérico. El reparto adulto no logra encontrar el equilibrio tonal. Zach Galifianakis reduce a Jumba a una caricatura sin una brújula cómica; Billy Magnussen, como Pleakley, apuesta por la torpeza sin matiz; y Courtney B. Vance interpreta a un Cobra Bubbles inexplicablemente desprovisto de intensidad. Hay guiños que funcionan mejor, como las breves apariciones de Tia Carrere y Jason Scott Lee, un gesto amable hacia quienes crecieron con la cinta de 2002.

La mayor pérdida está en el guion y en las decisiones de tono. La cinta animada original (dirigida por Sanders y Dean DeBlois) era profundamente inusual dentro del canon Disney, ya que hablaba del duelo, la marginalidad y el desarraigo desde un lugar incómodo y encantadoramente anómalo. Como la también alocada The Emperor’s New Groove, tenía el desparpajo de una banda punk. Esta nueva versión endulza, ordena y suaviza. Queda poco del nervio, la locura y el riesgo emocional. Incluso la banda sonora parece subestimada. Hay menos Elvis. 

Visualmente, la película cumple sin sobresalir. La dirección de arte recrea algunos espacios con afecto, pero sin la libertad o inventiva que podrían haber llevado la historia hacia nuevas alturas. Las escenas de acción están resueltas con solvencia, aunque sin mayor imaginación. Lo que queda es una cinta que avanza con paso seguro pero sin sorpresa, que respeta el corazón de sus personajes pero evita cualquier disrupción estética o narrativa.

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La versión en acción real de Lilo & Stitch no es una traición, pero tampoco una celebración total. Está lejos del vacío de las horribles versiones en acción real de Pinocchio o Lady and the Tramp, pero también del riesgo que asumieron propuestas como Cruella o Pete’s Dragon. Es una película que sobrevive por la conexión emocional que propone entre una niña dolida y un monstruo venido de las estrellas, pero que olvida que esa conexión surgía, originalmente, del dolor, la pérdida y la diferencia, no del confort.

En el camino de reimaginar su legado animado, Disney haría bien en recordar que no basta con replicar el molde. A veces, lo que vuelve memorables a estas historias no es la fidelidad, sino la disonancia. Y si de verdad quiere arriesgar, ahí están esperando Atlantis, The Black Cauldron, Meet The Robinsons o Treasure Planet. Porque lo que necesita el estudio no es otra historia entrañable, sino una que, como Stitch, esté dispuesta a romper las reglas.

ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

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