Crítica: Monster, The Lizzie Borden Story: La nueva serie de Ryan Murphy sobre asesinos seriales en Netflix es un disparate con falso discurso feminista

Charlie Hunnam, Rebecca Hall y Vicky Krieps se suman a la protagonista Ella Beatty en la versión que el cocreador Ryan Murphy y el showrunner Ian Brennan hacen de la infame asesina del hacha.

Por ANGIE HAN |

septiembre 24, 2026

11:25 am

Netflix

En la última hora de Monster: The Lizzie Borden Story de Netflix, la asesina que da título a la serie, después de finalmente hacer las paces con el acto de violencia que ha definido su vida, se vuelve hacia la fiel compañera que ha estado a su lado durante todo ese tiempo. “Está bien”, le dice. “Hagamos que esto signifique algo”.

Lizzie (Ella Beatty) se refiere a su riqueza y a la fama que ha adquirido, las cuales quiere convertir en una fuerza para hacer el bien. Sin embargo, en ese momento, lo único que podía escuchar era a Ian Brennan, el showrunner, murmurando ese mismo sentimiento para sí. La más reciente incorporación al universo de asesinos de Brennan y Ryan Murphy se esfuerza desesperadamente por sacar algo, cualquier cosa, que tenga significado de la historia de Borden, con toda la sutileza de un estudiante universitario de primer semestre intentando escribir un trabajo de 15 páginas dos horas antes de la fecha límite… y con exactamente el mismo poder de convencimiento.

Monster: The Lizzie Borden Story

LO MÁS DESTACADO: Muchos asesinos, demasiado relleno.

Estreno: jueves 17 de septiembre (Netflix)
Reparto: Ella Beatty, Vicky Krieps, Charlie Hunnam, Rebecca Hall, Sarah Paulson, Jessica Barden, Joey Pollari, Billie Lourd
Creadores: Ryan Murphy, Ian Brennan

Como indica el subtítulo, Monster: The Lizzie Borden Story es, ante todo, una recreación de los hechos reales que probablemente conociste por primera vez a través de una canción infantil que se cantaba en el recreo —cuya melodía se convierte aquí en un motivo recurrente— o quizá viste representados con mayor detalle por Chloë Sevigny y Kristen Stewart en Lizzie, de 2018. Aunque la Borden de la vida real siempre negó haber sido responsable de las muertes de su padre y su madrastra en agosto de 1892, la serie no pierde tiempo jugando al misterio: da por hecho que fue Lizzie quien empuñó el hacha.

Y en cuanto al por qué, la serie también tiene una respuesta bastante clara: porque eran unos sádicos emocionales cuyo único placer en la vida consistía en atormentar al personal doméstico y humillar a su hija. Rebecca Hall y Charlie Hunnam, quienes interpretan a Abby y Andrew, se comen la pantalla como si estuvieran tratando de empacharse; una escena durante la cena incluso termina con ambos vomitando a chorros. No hay ni un ápice de sutileza en sus interpretaciones, ni tampoco nada particularmente original en sus personajes que los haga memorables. Pero si lo que buscan es que simpaticemos con la diabólica señorita Borden, no puedo decir que su villanía caricaturesca sea ineficaz.

La única pregunta que queda por responder es el cómo, y eso también queda más o menos establecido en el episodio estreno, dirigido por Max Winkler. Vicky Krieps interpreta a Maggie, una nueva empleada doméstica que causa una impresión inmediata en la familia gracias a su habilidad, su ética de trabajo y su estilo totalmente fuera de época —un corte shag punk en tonos de Manic Panic, literalmente un siglo antes de que se pusiera de moda—. Lizzie se enamora prácticamente a primera vista, y Maggie parece quedar encantada con ella de inmediato. Bajo su guía, la dulce, tímida y sobreprotegida joven, que nunca había oído hablar siquiera de la petite mort, florece hasta convertirse en alguien lo bastante segura de sí misma como para empezar a sacudir la jaula dorada en la que sus padres la tienen encerrada. Por sugerencia de Maggie, comienza a preguntarse si matarlos no será su única salida.

Pero entonces, después de armar tantas piezas del rompecabezas tan rápidamente, The Lizzie Borden Story se encuentra con el problema de tener que llenar ocho horas de contenido. Ojalá pudiera decir que la serie también tiene una solución fácil para eso. En cambio, recurre a una serie de trucos para alargar la historia, y ninguno resulta particularmente satisfactorio.

Uno de ellos consiste, simplemente, en hacer más lento el ritmo de la narración. Algunos datos se repiten una y otra vez con muy poca distancia entre sí (“En realidad, es la culminación de todas las ambiciones de mi vida”, dice un personaje sobre un proyecto que acaba de terminar, y unos minutos después: “En realidad, es todo lo que siempre soñé”, por si no habías puesto atención la primera vez). Lizzie y Maggie se entregan a idílicos momentos en la naturaleza que evocan torpemente dramas lésbicos de época como Portrait of a Lady on Fire o Ammonite, solo que, por alguna razón, con mucho menos sexo. También aparecen tramas secundarias interesantes que no llegan a ninguna parte: apenas la serie empieza a explicar por qué Abby es tan insufrible, acaba con ella, cortando de raíz cualquier interés que pudiéramos haber desarrollado por su personaje.

El otro método, mucho más efectivo para alargar la duración, pero todavía más molesto por lo que pretende hacer, consiste en insistir en que The Lizzie Borden Story en realidad trata de algo mucho, mucho más grande que la propia Lizzie. Que Borden forma parte de toda una línea histórica de mujeres asesinas, cuyas historias están conectadas por un concepto deliberadamente vago y perezoso de lo que significa ser mujer en la sociedad, y que, por lo tanto, hay algo bastante “empoderador” en el hecho de que Lizzie haya decidido asesinar a sus padres a hachazos, si uno lo piensa lo suficiente.

La serie intenta construir todo esto entrelazando la historia de Lizzie con las de otras mujeres asesinas que, podría decirse, son casi las únicas tan famosas como ella. A finales del siglo XIX, Lizzie y Maggie pasan largas horas leyéndose mutuamente la historia de Elizabetta Báthory, la condesa del siglo XVI acusada de bañarse en la sangre de doncellas vírgenes. Krieps interpreta a Elizabetta en flashbacks, lo cual no aporta nada significativo a nuestra comprensión ni de Elizabetta ni de Maggie, pero sí le da a la actriz la oportunidad de lucir otro peinado anacrónico (esta vez, un fleco recto y severo con mechones color rojo tomate).

Mientras tanto, en el siglo XX, Lizzie termina cautivando a Aileen Wuornos (interpretada por Sarah Paulson en una actuación exagerada más propia de Saturday Night Live). La serie le dedica mucha más atención a Aileen que a Elizabetta —hasta el punto de que uno se pregunta si lo que Murphy y Brennan realmente querían era hacer Monster: The Aileen Wuornos Story, y si lo único que se los impidió fue la existencia de Monster, la película de 2003 sobre la historia de Aileen Wuornos—. En la versión de esta Monster, Aileen venera a Lizzie al grado de reservar una noche en la antigua casa de esta y alucinar conversaciones con ella. Para esta trabajadora sexual convertida en asesina de clientes, Lizzie es un modelo a seguir, una hermana espiritual, alguien que entiende cómo las presiones de ser mujer pueden llevar a una chica a recurrir a la violencia.

No importa que estas tres asesinas no tengan absolutamente nada en común: ni sus orígenes, ni sus motivos, ni sus métodos, ni las consecuencias de sus actos. Tampoco importa que el intento de The Lizzie Borden Story por presentar a Lizzie no solo como una mujer independiente y realizada, sino como todo un ícono del movimiento por el sufragio femenino, aparezca de la nada. Ni que una serie supuestamente tan consciente de las dificultades de ser mujer no tenga ninguna empatía que ofrecerle a una esposa y madre resentida como Abby (quien, con todo y sus abusos, no era literalmente una asesina), ni muestre el menor interés por una rebelde como Maggie (cuyos objetivos, deseos e incluso rasgos de personalidad parecen cambiar constantemente según lo que le conviene a la trama).

Porque, al final, todas estas personas son mujeres. Y para Monster, eso parece ser razón suficiente para meterlas a todas en el mismo costal, aunque al final no tenga nada más sustancial que decir que: “Las mujeres también saben usar el hacha.”

ANGIE HAN

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