Crítica: Necaxa

El proyecto producido por Ryan Reynolds y Rob Mac, que sigue la historia de un equipo mexicano de fútbol que enfrenta dificultades, es parte de una nueva ola de series sobre celebridades que invierten en el mundo del deporte

Por DANIEL FIENBERG |

agosto 13, 2025

10:58 am

Ricardo Soria / FX

Sin previo aviso, Eva Longoria apareció repentinamente en el segundo episodio de la cuarta temporada de Welcome to Wrexham, transmitida por FX, animando al equipo desde las gradas del Racecourse, junto a Ryan Reynolds y Rob McElhenney (ahora Rob Mac). “Lo explicaremos más adelante”, informó un mensaje en la pantalla, pero la explicación nunca llegó. 

Necaxa

VEREDICTO FINAL

Entretenida, pero incapaz de replicar la fórmula de su predecesora.

Fecha de estreno: Jueves, 7 de agosto (FXX)
Elenco: Eva Longoria, Ryan Reynolds, Rob Mac

Por fortuna, la aclaración llegará esta semana a FXX (y Hulu) con Necaxa, un spin-off o serie complementaria, producida por los mismos creativos, que se centra en Eva Longoria y su vínculo con el Club Necaxa, un equipo de la Liga MX que alguna vez fue emblemático, pero que ahora atraviesa dificultades.

Hasta mayo de este año, el género “famosos que compran equipos de fútbol en problemas” contaba con una sola propuesta, y fue destacada. Welcome to Wrexham, que estuvo en mi lista de los diez mejores programas del año pasado, se ha convertido en uno de mis placeres reconfortantes favoritos: una serie deportiva divertida e inspiradora, que me hace reír y llorar al mismo tiempo.

En un lapso de 10 días —repito: 10 DÍAS— se han sumado tres nuevas series que, sin duda, reconocen el potencial de Welcome to Wrexham como marca. Aunque Necaxa es la única secuela directa, Built in Birmingham (acerca de Tom Brady y el Birmingham City), de Amazon, y Running with the Wolves (con Kelly Ripa, Mark Consuelos y el Campobasso FC), de ESPN, buscarán, tarde o temprano, la forma de hacer alguna referencia al proyecto de Mac y Reynolds.

No es una comparación justa para estas series. Welcome to Wrexham es una producción que logra hacer cinco o seis cosas difíciles extremadamente bien. Las tres sucesoras, al menos hasta ahora, hacen un par de cosas bien. Inevitablemente, Necaxa refuerza la necesidad de una comparación al intentar, con poco éxito, replicar algunos elementos de la fórmula original. Hay aspectos novedosos en la serie, que cuenta su historia en español durante los primeros cinco episodios, pero la dinámica es predecible.

Longoria, criada por su padre como aficionada de los Cowboys —un tipo de fútbol diferente—, se casó con José Bastón en 2016. Desde entonces, la pareja ha vivido con su hijo entre España y México.

El Club Necaxa se fundó en 1923 y originalmente jugaba en la Ciudad de México. El equipo ha ganado tres campeonatos de la liga, pero ninguno recientemente. Con la esperanza de devolverle su antigua gloria, varios grupos de inversionistas internacionales han adquirido participación en el club, uno de ellos, encabezado por Eva Longoria.

Si este es un género con el que la televisión planea saturarnos, tengo, a mi parecer, una petición razonable: necesito transparencia en dos aspectos clave. Primero, quiero conocer el porcentaje exacto de participación accionaria que tiene la celebridad en cuestión. Si todos pueden llamarse “dueños” o “copropietarios” de un equipo profesional, sin importar el compromiso financiero, entonces el término pierde todo el sentido. 

En el caso de Mac y Reynolds es sencillo. Compraron Wrexham FC en su totalidad y, aunque han diversificado el grupo de propietarios, siguen siendo los dueños principales. 

Los nuevos “dueños” famosos se encuentran en un terreno más ambiguo. De acuerdo con The New York Times, aunque Brady forma parte de un grupo minoritario de propietarios del Birmingham City, posee aproximadamente el 3.3% del club. Consuelos y Ripa también integran un grupo minoritario de inversores en el Campobasso FC, y la logística específica de ese grupo —sobre la que puedes encontrar información— es mucho más complicada de lo que la serie intenta explicar, lo que resulta extraño. 

En cuanto a Necaxa, Longoria también forma parte de un grupo minoritario y, hay que reconocerlo, la serie se refiere a ella, principalmente, como una “inversionista” (Welcome to Wrexham la llamó “copropietaria”). Pero ella es solo una de varias celebridades dentro del grupo, y no se menciona, por ejemplo, a Justin Verlander y Kate Upton, quienes también figuran como “inversionistas” del Necaxa. 

Eso me lleva a mi exigencia más urgente: hay que aclarar qué tipo de poder real y tangible tienen estas celebridades “propietarias” dentro del equipo. 

De nuevo, Mac y Reynolds podrán haber contratado personal —muchas más personas con cada ascenso en la liga inglesa profesional— para operar el equipo, pero ellos tienen el control absoluto. Brady, en cambio, no tiene ninguna autoridad en Birmingham y admite que, básicamente, está ahí para ofrecer consejos sabios e inspiradores que, según él, nadie en el equipo habría considerado, como que entrenar es importante y más cosas por el estilo. No sé qué tipo de poder real tiene Consuelos en Campobasso, pero Running with the Wolves da la impresión de que él maneja todos los hilos, aunque sospecho que no es así. 

Claramente, Longoria no tiene ningún poder en el Necaxa, pero la serie no logra decidir si eso realmente importa. Esto, finalmente, me lleva a explicar por qué esta producción —que intenta seguir el modelo de Welcome to Wrexham— está fallando, aunque de forma entretenida.

Lo más inteligente que hizo Welcome to Wrexham fue estructurar su primera temporada en 18 episodios de, aproximadamente, media hora cada uno. Eso le permitió a los productores encontrar el tono de la serie y descubrir sus historias en fragmentos fáciles de digerir. Hay un enfoque claro en la mayoría de los primeros episodios, porque los productores y editores estaban descubriendo lo que funcionaba y lo que no. Las siguientes temporadas aprovecharon ese conocimiento y lo aplicaron en episodios más largos (la mayoría ahora supera los 40 minutos). 

Un gran episodio de Welcome to Wrexham entrelaza distintos elementos: un tema general, una historia enfocada en la comunidad, una relacionada con el equipo, otra de Mac y Reynolds y, finalmente, un partido decisivo que lo conecta todo. Funciona porque la primera temporada reveló cuáles eran los factores efectivos, y eso sentó las bases.

En cambio, Necaxa opta por saltarse la etapa de prueba y se lanza directamente a construir un entramado similar. Es una apuesta ambiciosa, pero frustrante, porque sin una base sólida, ninguno de esos aspectos, tomados de Wrexham, funcionan del todo. 

El mayor problema es Longoria, o más bien, no “Longoria” como persona, sino la forma en la que intentan sumarla. Si has visto sus programas de viajes en CNN, sabrás que es una guía encantadora y, seguramente, ya has escuchado sus historias sobre cómo su padre quería hijos varones, cómo creció hablando únicamente inglés y su determinación por aprender bien el español, a partir de su matrimonio. 

La idea de que invertir en el equipo le ha ayudado a reconectar con sus raíces culturales, y cómo eso se vincula con su nueva vida en México, es poderosa, pero nadie dentro del equipo sabe bien cómo responderle o relacionarse con ella; ni ella con ellos.

¿Se supone que Longoria es una especie de mascota? ¿Una figura maternal entusiasta? Cuando participa en una videollamada con un nuevo entrenador o con el director deportivo, ¿es simplemente por cortesía? ¿Una obligación ligada a su participación como inversionista? ¿O una puesta en escena creada exclusivamente para el programa de  televisión? Lo que le falta a Longoria es un protagonismo real dentro de Necaxa, es decir, no tiene la capacidad de mover o impulsar la narrativa principal.

Tal vez, al percibir que Longoria no tiene el peso suficiente para sostener el relato por sí sola, los productores optan por forzar la inclusión de Reynolds y Mac en la historia. Ahora bien, para ser justos, Reynolds y Mac sí tienen participación accionaria en el equipo (y, de manera recíproca, el grupo propietario del Necaxa tiene una pequeña participación en Wrexham). Probablemente, su participación sea mayor que la de Longoria, pero la serie no puede —o no quiere— explicar los detalles de ese acuerdo.

Así que, a partir del segundo episodio, el dúo aparece en segmentos de entrevistas, que dan la impresión de haber sido filmadas durante una sola tarde, dentro de un hotel o sala de conferencias genérica. Mac hace el esfuerzo de hablar español. Reynolds no. El resultado es incómodo, y como no conocen ningún detalle específico del Necaxa, no aportan nada más que su presencia. 

Necaxa tampoco logra definir con claridad cómo aborda el aspecto comunitario. Aguascalientes, que adoptó al equipo en 2003, tras su traslado desde la Ciudad de México, es descrita como “un pequeño pueblo profundamente religioso”, pero la narrativa es imprecisa sobre cuánto quiere realmente enfatizar la importancia de la religión en el estado que, como cualquiera podrá notar, es una ciudad de tamaño considerable, no un “pueblito”. 

Las decisiones sobre qué miembros de la comunidad destacan también son discutibles. La historia de un vendedor de burritos que mantiene a su familia con las ganancias de los días de partido, es sólida. La de un chico pretencioso que se autodenomina “anti-fan”, va a un solo partido y luego se declara hincha, es irrelevante; mientras que la de un joven vlogger, dentro del espectro autista, se siente como un intento cínico de imitar uno de los mejores arcos de Welcome to Wrexham, pues ignora totalmente cómo la serie conectó mágicamente a Millie Tipping con la historia del hijo de Paul Mullin y, posteriormente, se vinculó a un partido emocionante.

¿Y el fútbol? Bueno, podría ser mejor. No hay mucho que los productores puedan hacer respecto al rendimiento de los Rayos tras la llegada de Longoria, aunque la serie emplea las mismas técnicas de Welcome to Wexham, para retratar lo que sucede en la cancha. Los jugadores que reciben un trato más destacado resultan, en general, simpáticos, aunque su presencia en el desarrollo de los partidos no siempre es central. Donde la serie falla es en construir drama alrededor del extraño formato de torneos cortos que utiliza la Liga Mx. Está mal explicado, se presenta de manera confusa y, en lugar de aportar, atenta directamente contra el desarrollo de una narrativa tradicional, en una temporada televisiva. 

Estoy seguro de que mi reacción ante Necaxa, al igual que en Built in Birmingham y Running with the Wolves, está influenciada por una necesidad inevitable de comparar a estos “hijos” con su “progenitor”. Welcome to Wrexham es una serie magnífica, y no necesariamente compararía cada serie documental sobre fútbol con lo que ha logrado, del mismo modo en el que no compararía automáticamente cada serie policiaca con The Wire, pero tal vez sí compararía cualquier serie que haga referencia a The Wire con The Wire

Aunque Necaxa tropieza en muchos aspectos, hay partes de la historia de Longoria que conmueven, elementos de la historia del equipo que inspiran, y todo el proyecto está presentado con un nivel técnico y estético que refleja los avances creativos que ha tenido el género, desde que HBO lanzó Hard Knocks. No es, ni de lejos, una mala serie. Simplemente, es una secuela decepcionante de Welcome to Wrexham, al menos por ahora. 

DANIEL FIENBERG

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