Con una dosis bien ejecutada de sentimentalismo, ese que te hace sentir tristeza y alegría al mismo tiempo, Song Sung Blue narra la extraordinaria historia real de un mecánico automotriz de Milwaukee y su esposa, una estilista, quienes enfrentan juntos los golpes de la vida sin renunciar jamás a su sueño, incluso cuando parece estar en terapia intensiva en los momentos más difíciles.
Aunque la premisa podría sonar a un melodrama empalagoso al estilo Hallmark, el cautivador recuento de Craig Brewer sobre los triunfos y tropiezos de un acto tributo a Neil Diamond está anclado en emociones genuinas y una música tan inspiradora como irresistible. Sobre todo, la película se sostiene en las actuaciones encantadoras de una pareja ideal: Hugh Jackman y Kate Hudson, quien entrega su mejor trabajo desde Almost Famous.
Confieso que fui un blanco fácil para esta película. Uno de mis recuerdos clave de la infancia es estar sentado en el piso de la sala de mi tía —lo suficientemente moderna como para tener un muro resaltado con papel tapiz— escuchando de principio a fin el álbum doble Hot August Night, mientras todos los demás estaban afuera haciendo la digestión después de la barbacoa. Para cuando llegué a la preparatoria, la música de Diamond ya se consideraba poco cool, así que, naturalmente, renegué de cualquier afecto por ella. Pero décadas después, sus canciones se convirtieron en una especie de máquina del tiempo: me sorprendió descubrir que me sabía casi todas las letras. Supongo que era inevitable que Song Sung Blue me conquistara.
Song Sung Blue
Veredicto Final: Un diamante en bruto.
Fecha de estreno: Jueves, 25 de diciembre.
Reparto: Hugh Jackman, Kate Hudson, Michael Imperioli, Ella Anderson, Fisher Stevens, Jim Belushi, King Princess, Mustafa Shakir, Hudson Hensley y John Beckwith.
Director-guionista: Craig Brewer, basado en el documental de Greg Kohs.
No hay duda de que se trata de una película genuinamente “boomer”, lo que plantea preguntas sobre si esa generación todavía puede ser atraída a las salas de cine y si los públicos más jóvenes sentirán siquiera una curiosidad mínima. Sin embargo, este es el tipo de entretenimiento sólido —entrañable pero nada ingenuo, a ratos alegre y a ratos desgarrador— que ya casi no se produce, lo que debería impulsar el boca a boca para el estreno navideño de Focus Features. Es una película familiar en el mejor sentido de la palabra, un éxito seguro con un gran corazón.
Jackman interpreta a Mike Sardina, un veterano de Vietnam divorciado que, a finales de los años ochenta, celebra su vigésimo aniversario de sobriedad cuando conoce a Claire Stengl (Hudson) en un concierto de “Legends” en la Feria Estatal de Wisconsin. El cartel incluye imitadores de Elvis, Willie Nelson, Streisand, James Brown y Buddy Holly, este último encarnado por Mark Shurilla (Michael Imperioli), quien además funge como promotor del show.
Mike, quien actúa bajo el nombre de “Lightning”, un autoproclamado dios del rock, se retira tras un desacuerdo con Mark, pero no sin antes intercambiar un coqueteo con Claire. Justo antes de salir al escenario para interpretar a Patsy Cline, ella le sugiere que debería interpretar a Neil Diamond.
Desde Ritmo de un sueño hasta la brillante Mi nombre es Dolemite, Brewer, guionista y director, ha demostrado afinidad por los desvalidos que buscan realización como artistas. Resulta evidente qué lo atrajo del documental homónimo de Greg Kohs, estrenado en 2008, sobre este dúo de esposos. Aunque aquí trabaja con un estilo más convencional que en algunos de sus títulos anteriores, la película destila una sinceridad y una autenticidad emocional que revelan una profunda implicación personal, además de una devoción absoluta por la música.

El compositor Scott Bomar se desempeña como productor musical ejecutivo, y canción tras canción resulta un triunfo inspirador. Naturalmente, ‘Sweet Caroline’ recibe un tratamiento estelar, pero así como Mike insiste en que Neil Diamond es mucho más que ese éxito sobreexpuesto e infernalmente pegajoso, la película recorre con amplitud el vasto catálogo del artista.
Algunos de los números más memorables son la balada romántica ‘Play Me’, la espiritual ‘Soolaimon’, la conmovedora ‘Holly Holy’ con matices góspel, y el aún más electrizante ‘Brother Love’s Traveling Salvation Show’. A diferencia de muchas biopics musicales que encajan fragmentos frustrantes de canciones solo para abarcar todos los grandes éxitos, Brewer da a los temas espacio para desarrollarse plenamente, mientras que los numerosos montajes del editor Billy Fox sirven tanto para amplificar como para avanzar la narrativa.
Este enfoque queda claro desde la primera vez que Mike visita a Claire con un álbum de partituras de Neil Diamond para intercambiar ideas sobre su acto. Para cuando termina esa primera sesión, ambos se han rendido ante su atracción mutua. La química entre Jackman y Hudson hace que uno quiera que sus personajes triunfen tanto como pareja como en su proyecto musical.
Escenas que en teoría deberían ser clichés que hacen rodar los ojos, de algún modo terminan resultando encantadoras. Una de ellas es el primer ensayo completo en el garage de Mike, con sus viejos compañeros The Esquires en trompetas y teclados, y Mark en la guitarra, después de que él decide que ya es demasiado mayor para seguir imitando a Buddy Holly, quien murió a los 22 años. Interpretan ‘Crunchy Granola Suite’ con tal entusiasmo —compartiendo Mike y Claire las voces— que incluso la vecina gruñona de enfrente termina bailando mientras riega el jardín.
Clair también carga con un matrimonio fallido y episodios de depresión, pero cantar resulta un gran elevador de ánimo, al igual que Mike. Su hijo preadolescente Dayna (Hudson Hensley) acepta con facilidad a su nuevo padrastro, mientras que su hija adolescente Rachel (Ella Anderson) se muestra más renuente, hasta que entabla una rápida amistad y comparte un porro con Angelina (interpretada por la artista indie King Princess), la hija de Mike que llega desde Florida, donde vive con su madre.
El dentista de Mike, el Dr. Dave Watson (Fisher Stevens), que también actúa como su representante, conecta al dúo con Tom D’Amato, un contratista de casinos de bajo presupuesto (un divertido y caricaturesco Jim Belushi). Este arruina su primer concierto importante al prometer un público de una convención de casas rodantes y entregar, en cambio, a un club de motociclistas fanáticos de ZZ Top. De ese desastre surge una propuesta de matrimonio y, poco después, Lightning y Thunder se convierten en la sensación de Milwaukee, obteniendo cobertura en noticias locales y una entusiasta base de seguidores.
Su gran oportunidad llega cuando Eddie Vedder (John Beckwith) los llama para pedirles que abran el concierto de Pearl Jam (¡Sí, esto realmente sucedió!). Justo cuando uno se pregunta si habrá algún conflicto significativo, ocurre una tragedia: Claire queda fuera de combate, sumiéndose en una profunda depresión y enojo. Mike intenta sacar lo mejor de la situación, organizando noches de karaoke en un restaurante tailandés familiar, cuyo dueño (Shyaporn Theerakulstit) es un gran fan de Neil Diamond. Pero sin Claire, para él, el acto pierde toda su magia.
Los repentinos infortunios en la vida de estos personajes evocan notas resonantes de patetismo, aunque algunos, como el embarazo no planeado de Rachel, reciben muy poco tiempo en pantalla. Aún así, la película mantiene el interés a través de caídas pronunciadas y remontadas resilientes —incluso con tres finales cuando uno habría bastado—, en gran parte porque los protagonistas son simplemente irresistiblemente encantadores.

Jackman no es ajeno a este tipo de soñador carismático. Su personalidad exuberante y su humor natural lo convierten en el intérprete ideal para los números musicales, ya sea cantando ‘Cracklin’ Rosie’ en ropa interior cuando practica los movimientos de Neil, o entonando los éxitos en el escenario con camisas satinadas de cuello puntiagudo y sacos con lentejuelas, mientras su cabello se agita con la brisa de un ventilador. No obstante, el actor tampoco descuida la profundidad emocional de su personaje.
La verdadera sorpresa, sin embargo, es Hudson, quien ofrece una actuación sin vanidad alguna, haciendo que resulte completamente creíble como una estilista del Medio Oeste y madre amorosa, cuya felicidad al cantar es contagiosa y cuya desolación resulta profundamente desgarradora.
Sus versiones de los clásicos de Patsy Cline, ‘Walkin’ After Midnight’ y ‘Sweet Dreams’, son cálidas, ricas y robustas. Además, iguala a Jackman nota por nota en maravillosos interludios de interpretación, en los que el amor de Mike y Claire se irradia hacia el público, y brilla en un solo de la balada soft rock de Diamond, ‘I’ve Been This Way Before’.
Imperioli, Anderson, Stevens y Belushi lideran con soltura al atractivo elenco en una película que es dulce pero nunca empalagosa, incluso cuando roza lo cursi. La dirección de Brewer es pulida y sin complicaciones; confía en la fuerza de sus personajes y en una historia más extraña que la ficción, siempre anclada en la agridulce experiencia de la vida real.