El próximo 28 de agosto se estrenará en Las Vegas uno de los experimentos más ambiciosos del cine clásico y las nuevas tecnologías. La sala esférica conocida como The Sphere, en Las Vegas, abrirá sus puertas para mostrar una versión inédita de El Mago de Oz realizada con inteligencia artificial junto al archivo histórico del filme. El resultado es un espectáculo que busca colocar a 18 mil espectadores dentro de un tornado, rodeados de pantallas LED, mientras gigantescos ventiladores recrean en vivo el caos de la tormenta que arrastra la casa de Dorothy hacia la tierra de los Munchkins.
El proyecto, más allá de la restauración de la película de 1939, constituye uno de los intentos más significativos de colaboración entre un gran estudio de Hollywood y una compañía tecnológica. Más de dos mil personas, entre ingenieros, creativos, académicos, artistas de efectos visuales y directivos de Warner Bros Discovery, trabajaron en conjunto con Google para reconstruir, ampliar y resignificar la obra sin alterar su esencia. “Representa un hito real en la colaboración entre humanos y máquinas en el ámbito creativo”, afirmó Thao Nguyen, agente de artes inmersivas y tecnologías emergentes de CAA, a Reuters.
La iniciativa tomó dos años de desarrollo y llega en un momento en que la industria audiovisual enfrenta dudas sobre el impacto de la inteligencia artificial en el empleo y la preservación de la creatividad humana. Incluso algunos estudios de efectos visuales rechazaron participar en un inicio, debido a que sus contratos prohibían trabajar con IA. Para evitar polémicas mayores, Warner Bros. estableció lineamientos estrictos: los modelos generativos podían entrenarse con datos de los actores para reproducir detalles de sus interpretaciones, pero ese material quedaría bajo propiedad exclusiva del estudio y no se incorporaría a sistemas públicos de Google. Ben Grossmann, ganador del Óscar y responsable de la supervisión de los efectos visuales, lo describió como un “espacio de cuarentena” que permitió experimentar sin comprometer la integridad del legado fílmico.
La reconstrucción implicó revisar planos de escenografía, listas de rodaje, fotografías promocionales y numerosos documentos de archivo, además de más de sesenta artículos de investigación que aportaron al desarrollo. La resolución alcanzada por la inteligencia artificial multiplicó por diez la calidad de trabajos previos de restauración, rescatando texturas que habían quedado ocultas por el proceso, como las pecas en el rostro de Judy Garland o el tejido de arpillera en la cara del Espantapájaros. En escenas fragmentadas por el encuadre original, la tecnología completó imágenes para ajustarlas a la monumental pantalla del recinto.
La producción también reimaginó elementos sonoros. Toda la partitura fue nuevamente grabada en el estudio original, esta vez con la intención de aprovechar los 167 mil altavoces de The Sphere, aunque las voces de Garland y del resto del elenco permanecieron intactas. El resultado combina una imagen ultra definida con un sonido envolvente capaz de amplificar la experiencia sensorial de los asistentes.
La IA también reconstruyó escenas donde el encuadre dejaba fuera a personajes secundarios, para ampliar la acción en el espacio panorámico de la sala. En otras secuencias, las modificaciones buscaron realizar las ideas que los cineastas de 1939 no podían ejecutar por limitaciones de la época. Un ejemplo ocurre en la sala del Trono Esmeralda, donde el Mago aparece como una cabeza verde de más de 60 metros que domina a la audiencia con un efecto mucho más sobrecogedor que el humo proyectado en el filme original. A ello se suman intervenciones físicas, como monos voladores de 16 pies de largo controlados por drones que se lanzan sobre el público para añadir una dimensión teatral al espectáculo.

La magnitud del proyecto, cuyo presupuesto ronda los 80 millones de dólares, no ha estado exenta de controversias. Críticos y aficionados al cine lo han calificado como una “afrenta al arte” o incluso un acto de “vandalismo” contra una de las películas más emblemáticas de la historia.
Para su equipo y desarrolladores, la elección de El Mago de Oz fue impulsada por el propósito original del filme, el cual fue un símbolo de innovación técnica en su tiempo gracias a su uso de Technicolor y a la transición visual que pasaba de los tonos sepia a los colores saturados. James Dolan, director ejecutivo de Sphere Entertainment, y Rosenthal vieron en esta obra la oportunidad perfecta para llevar el concepto de inmersión al límite.
No obstante, quienes han tenido acceso a funciones privadas describen la experiencia como una fusión entre cine, espectáculo en vivo y realidad virtual, capaz de cambiar la manera en que se conciben los relatos audiovisuales. Pero el debate que despierta esta propuesta trasciende el caso puntual de El Mago de Oz. En el fondo, continúa planteando diferentes preguntas tanto morales como de utilidad sobre la incorporación de la inteligencia artificial en producciones.