Jon Landau, productor de Titanic, revela lo cerca que estuvo la cinta de ser un desastre (Extracto Exclusivo)

En The Bigger Picture (disponible el 4 de noviembre), el fallecido productor detalla su relación laboral con James Cameron, las dudas de Rupert Murdoch sobre Titanic y la primera proyección de prueba que cambió todo.

Por JON LANDAU |

octubre 14, 2025

12:02 pm

Merie Weismiller / Paramount Pictures / Twentieth Century Fox

Este es un extracto de The Bigger Picture, de Jon Landau (Hyperion Avenue, disponible el 4 de noviembre).

Cualquiera que haya visto Titanic sabe que una de las estrellas de la película es el barco. Y, al igual que con el elenco principal, teníamos que hacerlo bien. Contábamos con imágenes históricas como referencia, junto con la visión y la inmensa investigación de Jim [Cameron], pero a partir de ahí, teníamos que descubrir cómo construir el barco. Uno que pudiera adaptarse a las necesidades del rodaje, sin comprometer la autenticidad ni la sensación de realismo. También tuvimos que construir el mar en el que el barco sería hundido y elevado, una y otra vez, a lo largo de la filmación.

Así que esa fue la tarea más grande: encontrar una locación, construir un barco y crear un océano. Necesitábamos un entorno autosuficiente y de gran escala donde pudiéramos controlar las condiciones. Esa búsqueda nos tomó un año. Viajamos por todo el mundo. Por un momento, creí que habíamos encontrado la solución en una antigua cantera seca en Polonia, cerca del astillero de Gdańsk. Nunca olvidaré ese viaje. Fue justo antes de Navidad. Nos reunimos con una productora local y luego asistimos a su fiesta navideña, que se celebró en la planta baja de un edificio de oficinas. Tuvieron que mantener las cortinas cerradas porque no había pasado mucho tiempo desde la era soviética, y tenían que ocultar que estaban celebrando una festividad religiosa.

Al final, encontramos un lugar ideal en el sitio menos esperado: Rosarito, México. Inesperado porque, mientras que el Titanic se hundió en las gélidas aguas del Atlántico Norte, México es tierra de sol y calor. Visité las cuarenta hectáreas vacías a las afueras de Rosarito, una ciudad turística en Baja California. Si usabas la imaginación, casi podías verlo: la construcción del barco y el mar cubierto de hielo. El Titanic avanzando hacia su destino, mientras Rose y Jack se enamoran.

Recorrí esas cuarenta hectáreas mexicanas observando, pensando y planificando. Aquí podríamos construir un enorme tanque de agua —ese sería nuestro océano. También podríamos construir el muelle de Southampton, la casa de juegos y la taberna junto al mar. Habría espacio para los interiores de las cabinas, la bodega, la sala de máquinas, el comedor y los salones. Me senté con una servilleta y dibujé lo que imaginaba, hasta el más mínimo detalle. Supe que había encontrado nuestra locación. Ahora venía la parte difícil: convencer a Jim.

Paramount Pictures / Twentieth Century Fox

Nos encontramos con un obstáculo. Jim se negó a ir a ver el lugar hasta que el estudio nos diera luz verde, pero el estudio no nos daría luz verde hasta que tuviéramos listo el presupuesto, lo que no podíamos hacer hasta decidir la locación. Era un círculo vicioso: Fox no daría el visto bueno hasta que Jim hiciera el viaje; Jim no haría el viaje hasta que Fox lo aprobara. Alguien tenía que ceder y, como de costumbre, ese no iba a ser Jim. Pero aprovechamos esos días adicionales. Para cuando Fox finalmente lo aprobó, Geoff Burdick, vicepresidente senior de Lightstorm, y su equipo ya habían montado un modelo del Titanic de veinte pies de largo, para que Jim pudiera verlo en contexto cuando lo lleváramos a México.

Nos alojamos en un hotel a veinte minutos de Rosarito. Planeaba llegar al sitio antes que Jim. Quería asegurarme de que todo estuviera listo para la presentación: el barco, los diagramas, cómo se haría, cómo iba a lucir. Jim suele dejarse llevar por su intuición, decide rápido y, una vez que ha tomado una decisión, es difícil, aunque no imposible, hacerle cambiar de opinión. 

Me levanté al amanecer y, por supuesto, Jim ya estaba despierto. No importa lo temprano que te levantes, Jim siempre estará listo antes que tú. Condujimos juntos hasta el sitio propuesto. Jim saltó del auto y corrió directo a ver el modelo del barco. Empezó a gritar: “¡Landau! ¡Landau!”. 

—¿Sí, Jim?

—¿¡En qué estabas pensando!? ¡Hay luces allá! ¡Hay una colina allá! ¿¡Cómo demonios se supone que esto va a ser el medio del océano!? ¡Manda a todos de regreso a Los Ángeles! ¡Esto no va a funcionar!

Un miembro del equipo me apartó y me dijo: “Jon, eso es exactamente lo que dijiste que él diría”.

Jim tiene un proceso, algo que con el tiempo llegué a comprender. Primero protesta, luego reconsidera. Necesita involucrarse a fondo; sus huellas deben estar en cada decisión. Se tomó veinte minutos para mover el modelo del barco apenas un poco, y de pronto levantó la vista y gritó: 

—¡Landau! ¡Es perfecto! ¡Es el único lugar donde podemos hacer la película!

***

Titanic se convirtió en la película más cara jamás producida hasta ese momento, casi duplicando el presupuesto inicial estimado. La legendaria producción incluyó la construcción de una réplica a escala del barco, efectos especiales que rompieron barreras y expediciones al naufragio real del Titanic.

***

Pasamos muchos meses en la postproducción. Elementos completos de la trama, escenas que habíamos filmado con sumo cuidado, quedaron fuera a medida que íbamos armando la película. Mientras tanto, la prensa no dejaba de acosarnos. Los reporteros se infiltraban y se ganaban la confianza del equipo en busca de exclusivas. Los rumores se dispararon. Algunos artículos afirmaban que habíamos gastado 200 millones de dólares. Otros especularon que la cifra era aún mayor. Comparaban Titanic, que todavía estaba a meses de estrenarse, con Ishtar, Waterworld y Cleopatra, los fracasos más notorios en la historia de Hollywood. Siempre que intentas hacer algo grandioso, lo arriesgas todo. Tu reputación, tu carrera, tu sustento —cosas importantes están en juego.

El ambiente dentro del estudio era igual de malo. También todo eran rumores. Decían que la película era demasiado larga. Que los efectos no funcionaban. Que las actuaciones eran débiles. Nada de eso era cierto, pero el chisme cobra vida propia. La percepción se convierte en realidad. Terminas persiguiendo fantasmas, lo que puede ser letal. Pero en Fox, había una persona cuya opinión era la que más importaba: Rupert Murdoch. Jim y yo nos topamos con él en un pasillo del estudio, durante los días más oscuros de la postproducción. Nos detuvimos a hablar.

Le dije: “Supongo que ahora mismo somos dos de las personas que menos te agradan en el mundo”. 

Rupert tuvo la respuesta perfecta. Sin dudarlo ni un segundo, soltó: “Esperaré a ver la película, y entonces te lo haré saber”. 

Habíamos decidido hacer una proyección anticipada en el Mall of America, en Minnesota. Jim fue temprano a inspeccionar el lugar. Rae [Sanchini, productora ejecutiva de Titanic y exdirectora de Lightstorm Entertainment] y yo volamos hacia el este en el avión de Fox junto con Tom Rothman y Peter Chernin unos días después. Las tensiones y la presión eran altas. Había mucho en juego en esa proyección. Mucho en juego.

Rothman se sentó en la parte delantera del avión. Rae y yo nos fuimos hacia atrás y nos sentamos lado a lado. Peter Chernin vino con nosotros. 

—Entonces, Jon, ¿qué piensas? —dijo Peter, por algún lugar sobre el centro del país—. ¿Crees que en Universal Studios hay alguien ahora mismo diciendo: “Oye, contratemos a ese productor, Jon Landau, que se pasó cien por ciento del presupuesto”?

Le respondí: —No, pero, Peter, ¿crees que en otro estudio haya alguien diciendo: “Contratemos al presidente que aprobó esa película”?

Esa era la relación que tenía con Peter. Broméabamos, a veces discutíamos. Nos importaba profundamente. Lo respetaba mucho y todavía lo hago.

La película fue un desafío desde el principio. Ahora íbamos a descubrir qué tan bien habíamos superado esos retos. “Veamos cómo reacciona la gente”, indicó Peter. “Vamos a saber si tenemos alguna posibilidad un minuto después de que empiece la película”. 

Así funcionan las proyecciones anticipadas: las personas hacen fila en taquilla para una función gratuita; solo descubren qué película van a ver al entrar a la sala. Llegamos temprano y nos sentamos al fondo: Rae, Peter, Tom y yo. Jim entró discretamente y tomó un asiento en el pasillo justo cuando las luces se apagaron. Entonces comenzó la película. Titanic apareció en letras grandes en la pantalla. Eso fue recibido con un silencio por parte del público. Un minuto, dos minutos, tres minutos —silencio.

Empezamos a susurrarnos entre nosotros: “¡Dios mío! Estamos muertos, estamos muertos”. 

Pero luego el ambiente cambió. El público se involucró en la acción. Al final, gritaban y lloraban. ¿Qué demonios pasó durante esos primeros tres minutos?

Después de la película, durante la sesión de preguntas y respuestas con el público, la persona de Fox que dirigía la sesión preguntó: “¿Algo les resultó confuso?”.

Todas las manos se levantaron. De alguna manera, a pesar de que el público no debía saber qué película se iba a proyectar en la función anticipada, a todos les habían dicho que verían Great Expectations, otro estreno de Fox. Durante los primeros tres minutos, pensaron que estaban viendo un tráiler de Titanic. Por eso estaban callados. Les tomó cinco minutos darse cuenta de lo que realmente estaban viendo.

Fragmento de THE BIGGER PICTURE (disponible el 4 de noviembre), de Jon Landau, publicado por Hyperion Avenue, sello de Penguin Publishing Group, división de Penguin Random House LLC. Derechos reservados © 2025 por Jon Landau.

The Bigger Picture por Jon Landau / Penguin Random House

JON LANDAU

SUSCRÍBETE A NUESTRAS EDICIONES

Vive la experiencia completa de The Hollywood Reporter en Español, sin límites y todos los días, en sus versiones impresas y digitales.

MÁS DE HOLLYWOOD REPORTER EN ESPAÑOL

Síguenos