El mexicano Jorge Ramos fue uno de los rostros más reconocibles del periodismo en español dentro de los grandes medios tradicionales. Su trayectoria, construida desde el rigor informativo y la confrontación directa con el poder, encontró en la televisión un espacio de alcance masivo.
Hoy, ese modelo ya no es el mismo.
Con la creación de Tres Alebrijes, su productora independiente, y el lanzamiento de su proyecto digital Así veo las cosas, Ramos cambió de plataforma y de lógica. En un ecosistema donde las audiencias migran hacia lo digital y la credibilidad se desplaza de las instituciones hacia las personas, su apuesta se ha convertido en un caso de estudio. Las recientes nominaciones al Emmy en su primer año de elegibilidad confirman que ese tránsito no solo es posible, sino que está marcando el rumbo del periodismo contemporáneo.
En esta conversación, Ramos habla sin filtros sobre lo que se gana y lo que se pierde al salir de una gran cadena, la presión de sostener un modelo independiente y la relación entre credibilidad y audiencia.

Tú has construido una carrera dentro de grandes cadenas y ahora lideras un modelo independiente con Tres Alebrijes. ¿Qué se pierde y qué se gana cuando el periodismo deja de estar protegido por una institución y queda expuesto solo a la credibilidad del periodista?
Lo que se gana es absoluta libertad. El hacer periodismo independiente en esta época en donde Donald Trump está atacando a los periodistas es un verdadero privilegio. Tengo la oportunidad de modificar los formatos. Yo estaba acostumbrado a entrevistas muy cortas de 3, 4, 5 minutos, ahora puedo hacer entrevistas muchísimo más largas con más contexto. Puedo también ser mucho más proactivo.
Creo que abiertamente ahora puedo dar mi opinión en ciertos casos. Durante casi 40 años, mi trabajo no me permitía —y me parece correcto— dar mi opinión. Esa no era mi labor. Esa no era mi función.
Y ahora puedo hacerlo perfectamente. Puedo ser prolatino, proinmigrante, prodemocracia, prolibertad y decírselo a la audiencia.
Yo creo que hay dos grandes cambios que estamos viendo. Uno es cómo millones de personas de las audiencias de los medios tradicionales se han ido a los medios digitales. Aquí en Estados Unidos hay un estudio del Centro Pew que indica que el 65% de los latinos, André —es increíble— prefieren recibir sus noticias a través de medios digitales.
O sea que hay una migración gigantesca de personas al ecosistema digital. Y al mismo tiempo hay una migración de credibilidad. Se está cuestionando la independencia periodística de las corporaciones y la credibilidad se ha ido con personajes individuales. Y eso es precisamente donde nosotros estamos trabajando.

Y ahora, tus dos recientes nominaciones al Emmy con Así veo las cosas parecen validar ese salto al ecosistema digital. ¿Sientes que el reconocimiento institucional sigue siendo necesario o el verdadero poder ya se trasladó definitivamente a la audiencia?
Uno agradece las nominaciones siempre, ¿no? Porque es un reconocimiento de que lo que estamos haciendo funciona. Pero lo que yo agradezco y que es el verdadero premio, es que estábamos viendo las cifras que tuvimos en Así veo las cosas, que es el podcast, y en el mes de marzo tuvimos más de 101 millones de vistas. Estos números son gigantescos. Esto lo que quiere decir, es que podemos competir perfectamente con cualquier medio de comunicación en inglés o en español con estas cifras. Esto también lo que indica es que la forma de hacer periodismo ha cambiado.
Ya no tienes que hacer una cita a las 6 o a las 7 de la noche para ver las noticias. La gente duerme con su celular y sabe lo que está ocurriendo desde la mañana. Pero cuando hay un mar de desinformación y cuando no sabes qué es cierto o no es cierto, todos escogemos a las personas en quién creer.
Y cada vez más estamos todos, latinos y latinoamericanos, escogiendo a personas en particular y a periodistas independientes mucho más que a las corporaciones. Y esto es un cambio gigantesco.
¿Qué se pierde en ese cambio?
Beno, es complicado porque hay que sobrevivir. Hay que pagar salarios, hay que monetizarlo, hay que ser sustentables económicamente. Y ese modelo todavía no está solidificado, es decir, está muriendo lo viejo, pero lo nuevo no acaba de nacer.
El gran reto que tengo yo y decenas de mis compañeros que están haciendo periodismo independiente, gente que está haciendo podcast, es que puedas sobrevivir económicamente y seguir haciendo periodismo independiente.

Ahora, hay un peligro: la dilución del rigor periodístico en favor del alcance.
Bueno, ciertamente estamos peleando por clicks y estamos peleando por vistas, pero al mismo tiempo nosotros no seguiríamos creciendo y otros podcasts no seguirían creciendo si no fuera porque la información que les estás dando la pueden corroborar al día siguiente y al siguiente y al siguiente.
Entonces, lo interesante es que estamos haciendo —estoy haciendo— el mismo periodismo de hace 40 años. La diferencia es que ahora lo estoy haciendo en otro lugar. La diferencia es que ahora tenemos otros instrumentos para hacerlo. Pero la idea de la credibilidad sigue presente independientemente de cuál sea el medio que estamos utilizando.
Mira, lo único que tenemos es que me crean. Si yo digo algo y la gente me deja de creer no me va a seguir. Y ahora tenemos más de 450 mil suscriptores en menos de un año y seguimos creciendo todos los días.
O sea que sí, hay un riesgo, pero te doy un ejemplo: yo vivo en Miami y confío en dos meteorólogos para que me digan durante la época de huracanes si debo evacuar mi casa o no. Confío plenamente en ellos y de ellos dependo para ver qué pasa con mi familia.
Creo que en las noticias, ante tanta desinformación y tanta gente que no es profesional o que no es periodista, todos escogemos personas en las que de verdad podemos creer, porque de eso depende tu vida, tu trabajo y tu familia. Así que todos estamos haciendo esa decisión de escoger a ellos o a ellas en quienes podemos confiar.
También estoy viendo una fortaleza en eso que mencionas: la posibilidad de cuestionar al poder, de retomar esa función del periodismo.
Claro. Aquí la decisión de criticar o no criticar es totalmente mía. Yo siempre he hecho un periodismo independiente. Creo —hay una palabra preciosa que tenemos en español, André— que es contrapoder.
Yo creo que los periodistas debemos ser contrapoder. Y si no eres contrapoder, es mi convicción, no estás haciendo periodismo. Hay medios de comunicación que han decidido no ser contrapoder y esa es decisión de ellos, pero yo creo que no se hace periodismo si no eres contrapoder.
Luego, en el fondo, está por qué tantos periodistas han perdido credibilidad. ¿Por qué tantas corporaciones ya no les puedes creer cuando tienen sus noticieros? La razón es muy sencilla: primero, porque no reflejan la realidad tal y como es. Y segundo, porque no se atreven a cuestionar y a retar a los que tienen el poder.
La gente nos cree cuando se dan cuenta de que no estamos con nadie, que siempre estamos del otro lado del poder. Si estamos del otro lado del poder, estamos bien. Pero la credibilidad se pierde cuando dejas de cuestionar al poder. Y eso es muy fácil de darse cuenta.
Cuando tú ves una entrevista y el entrevistador no se atreve a hacer la pregunta más difícil… cuando no se atreve a incomodar al otro… cuando tiene miedo de no tener acceso a esa persona en el futuro… dejas de creer en él.
¿Y ahí es donde se construye esa relación de confianza que permite ese crecimiento masivo en lo digital?
Yo creo que sí, porque seguimos creciendo en todas las plataformas. Antes me gustaba decir que era un dinosaurio, era un anchor, como le dicen en inglés, que la traducción es un ancla. Eso funcionaba en otras épocas, en donde todo se centraba en un personaje central. Ahora ya no. Ahora soy tiktoker, youtuber y podcaster… pero sobre todo surfista, André.
Porque creo que mi trabajo es ser surfista: es crear un contenido y asegurarme de que ese contenido pueda ir surfeando por todas las distintas plataformas. No una, sino montones de plataformas. Y ahora no habría nada peor para un periodista que ser anchor, porque no hay nada peor en este mundo que tanto se mueve que estar anclado. De lo que se trata es poderse mover con ese contenido en distintas plataformas. Y si no logras moverte en todas las plataformas, estás totalmente desaparecido.
También hay un cambio generacional muy fuerte en cómo se accede al oficio.
Esto es maravilloso. Porque tengo 68, y cuando yo era joven tenía que ir a la universidad, estudiar periodismo, entrar como reportero local en una estación pequeña, pasar a una estación más grande, ser reportero local en una estación más grande, ser conductor de una estación local o estatal… ser reportero a nivel nacional…tener experiencia… y después de muchos años —y estoy hablando de 20 o 30 años— quizás tener la oportunidad de conducir un noticiero. Ahora no es necesario.
Un joven que acaba de salir de la escuela de periodismo —o mejor todavía, un joven que está en la misma escuela— con un celular como el que tengo en mis manos, puede hacer periodismo.
Y me parece maravilloso que no tengamos que esperar a tener 50 o 60 años para poder hacer el trabajo que realmente te mereces. Yo conozco a grandes podcasters que pueden ser hijos o nietos míos que están haciendo un gran trabajo.
Ahora, hay una presión: no estar “anclado”. ¿Qué otras presiones enfrentas en este cambio?
Sí, bueno, la forma de presión es sobrevivir. La forma de presión es que lo que estás haciendo pueda ser sustentable económicamente, que puedas monetizarlo para poder seguir haciéndolo.
Y también hay que reconocer que, particularmente aquí en Estados Unidos, donde el país está tan polarizado y donde Donald Trump es una figura central y donde hay ataques en contra de los inmigrantes…
Hay gente —y lo entiendo perfectamente— pero hay gente y compañías que prefieren no meterse en noticias, para no meterse en problemas. Entonces, el reto está en poder hacer periodismo independiente y sobrevivir haciendo periodismo independiente.
Así como creo que el gran reto de las corporaciones es cómo sobrevivir ante millones de personas que están perdiendo en audiencia…el reto del periodismo independiente es cómo sobrevivir en un medio digital que es totalmente nuevo y cuyos ingresos son muy limitados.
Para cerrar: ¿crees que el mundo finalmente está alcanzando esa forma de periodismo que siempre se quiso hacer?
Ya estamos ahí. Ni siquiera estamos hablando del futuro, estamos hablando del presente. Quien no esté en redes sociales en este momento y quien no esté haciendo periodismo digital está totalmente perdido. El futuro ya nos llegó.
Lo que vamos a ver no son dos o tres o cuatro grandes medios de comunicación, sino miles de posibilidades de medios de comunicación y de formas de informarnos. Los que realmente sobrevivan a esta vorágine, a este caos, a esta incertidumbre… son los que van a estar liderando.
Pero al final —y cerrando aquí el círculo— en periodismo lo único que importa es tu credibilidad. Y no importa dónde estés trabajando. Al final de cuentas es como en toda relación humana: es una cuestión de confianza. Eso es todo. Un vínculo de confianza. Nada más.