Pocas proezas artísticas igualan la capacidad de un actor para transitar entre personajes diversos, complejos y profundamente contrastantes. En ese registro se inscribe Luis Curiel, uno de los actores mexicanos más destacados del cine y la televisión. Una puesta en escena despertó su amor por el oficio y, más adelante, bajo la guía de Patricia Reyes Espíndola, desarrolló sus primeros trabajos en programas unitarios.
Pronto, su filmografía sumó títulos como Olimpia, de J.M Cravioto y Gabriel Mariño, y Un extraño enemigo, serie de televisión protagonizada por Daniel Giménez Cacho, Roberto Duarte y Antonio de la Vega. Desde entonces, su capacidad interpretativa le ha permitido asumir personajes tan diversos como el de un adolescente que se paraliza ante el bullying (Control Z), un aliado de la Revolución (Como agua para chocolate) o un militar de fuerzas especiales (Contraataque).
“Uno de los más grandes aprendizajes que me ha dejado la actuación es que no trabajamos solos, sino también con la mirada, la esencia y la presencia del otro. Tú no puedes existir si no existe el otro, y el otro no existe si tú no existes. Cuando apliqué eso en el escenario y después lo llevé a la vida, entendí que mi existencia no tenía sentido sin todos los demás”, reflexiona Luis Curiel con The Hollywood Reporter en Español.
El mexicano vive por y para la actuación. En los últimos años, ha transitado entre los sets de grabación de Como agua para chocolate, Autos, mota y rocanrol y Cometierra, esta última, inspirada en la obra homónima de la escritora argentina Dolores Reyes, quien plantea a una superheroína capaz de vislumbrar el paradero de los desaparecidos al comer tierra. La producción destaca por la fusión de un elenco experimentado con nuevos rostros del cine.
Junto a Arcelia Ramírez, Lilith Curiel, Yalitza Aparicio, Lizeth Selene y Luisa Huertas, Luis Curiel le da vida a Ale Skin, un joven marcado por un pasado oscuro, con el que demuestra el arte de asumir personajes que habitan en universos tan distintos entre sí. Pero si algo lo distingue, es que logra ver más allá de protagonistas y antagonistas, para otorgar complejidad y matices a sus personajes.
“Somos más complejos de lo que creemos. Me gusta conocer las heridas y los vacíos de mis papeles, y desarrollar biografías nutridas, porque eso les da identidad. En ocasiones, no conocemos todas las complejidades de los personajes, pero las intuimos. Si no construimos eso, entonces se siente algo unidimensional y yo prefiero que haya volumen”, detalla Luis Curiel, mientras nos adentra en la vocación de vivir por y para la actuación.

Felicidades por tu premio en el Desafío Buñuel.
Muchas gracias. Me sorprendió, no lo esperaba. Más allá de este reconocimiento, porque en realidad no trabajo para los premios, pretendo entregarme completamente a cada proyecto y personaje. Me siento muy contento; es algo especial y simbólico. Es el recuerdo de una carrera que he cuidado y procurado, y en la que he invertido mucha entrega y compromiso. Para mí, Luis Buñuel es una inspiración, así que es doblemente especial
Eres uno de los actores mexicanos más versátiles. ¿Cómo surgió tu amor por la actuación?
A los 6 años, viendo teatro, me surgió la necesidad de estar ahí, en el escenario, no como espectador. Se lo comuniqué a mis papás, pero no me creyeron del todo, porque a esa edad solemos decir que queremos ser astronautas o policías, y yo quería ser actor. Sentí esa vocación, empecé a los 8 años y llevo 25 años de carrera. Así lo describiría: un llamado.
¿Cómo se dio la transición de la televisión al cine y a las series?
Empecé haciendo teatro y me cobijó durante muchos años. Fui asistente de dirección de un maestro de actuación, hicimos varias puestas en escena y él me recomendó con Patricia Reyes Espíndola. Ella solamente aceptaba estudiantes mayores de edad y yo no lo era. Cuando la visité, me dijo: “Estás muy determinado, eso me cae muy bien. No acepto a personas de tu edad, pero vamos a intentarlo”.
Comencé a estudiar con ella y me introdujo a la televisión. Fue como mi madrina y dirigió lo primero que hice para la televisión comercial. Eso sí, me advirtió: “Te voy a dirigir y te voy a apoyar, y si después te llaman o no, no es mi responsabilidad. Si después haces una carrera, o no, tampoco es mi responsabilidad. Esta es la única puerta que yo te ofrezco”. Afortunadamente, me siguieron llamando y mi carrera siguió evolucionando. Después de la televisión llegaron las series y ahora estoy más involucrado en el cine.
¿Cómo llega a ti el papel de Ale Skin en Cometierra? ¿Cómo viviste el rodaje?
Fue intenso porque, a la par, estaba filmando Como agua para chocolate y Autos, mota y rocanrol. La agenda estuvo saturada, con llamados aquí y en Uruguay. Me gustó, pero fue cansado. Tengo que decir que el crew de Uruguay es uno de los mejores equipos con los que he trabajado. Muy relajados. Teníamos algunas horas para tomar mate o un tecito entre escena y escena. Eso hizo el rodaje muy ameno.
Grabamos a orillas de la rambla y fue una experiencia única, sobre todo por el elenco. Por un lado, teníamos a un talento muy joven que se integraba a su primer o segundo proyecto y, por el otro, a actores bastante experimentados como Arcelia Ramírez, Yalitza Aparicio, Gerardo Taracena y Harold Torres. Cometierra formó un equipo muy padre, donde todos aprendimos y disfrutamos. Cada rodaje y proyecto es único y, sin duda, este lo fue. También me emocionó saber que es parte de una novela literaria tan exitosa en Latinoamérica.
Platicamos con Daniel Burman y Dolores Reyes sobre la interacción del elenco como uno de los grandes aciertos de Cometierra. Los actores jóvenes son una revelación y los más experimentados, como tú, sumaron escenas muy complicadas, como la del perro.
Sí, es verdad. Yo diría que es la escena más complicada que he hecho en mi carrera. Cuando estás con otros actores puedes ponerte de acuerdo; a veces eso también se pone complicado, pero tratamos de concentrar todos los esfuerzos en una misma visión, que es la del director. Aquí se trató de otro ser vivo que no tiene tu lenguaje ni responde a los mismos códigos. Quise llegar a Uruguay a ensayar con el perro y, literalmente, repasar mi monólogo, porque él tenía que escucharme y responderme con un ladrido.
Me dijeron que estuviera tranquilo porque era muy inteligente y yo no desconfíe de eso, pero sí del entrenamiento, porque obviamente está acostumbrado a la voz y a la fisonomía de su entrenador, no a la mía. Cuando rodamos la escena, dicho y hecho, el perro no me respondió. Ensayó durante tres meses con otras personas. Fue un reto complicado. Lo tenía enfrente de mí y, a veces, ni siquiera podía escucharme por los ladridos También necesitó su tiempo para descansar y volver a escena, eso complicó los tiempos, pero se logró.

¿Hubo alguna otra escena que te resultara especialmente difícil?
Hay una escena que no salió, pero yo llevaba a Yalitza arrastrando por todo el hospital abandonado. Era una locación muy complicada porque había vidrios, fierros y bancas tiradas por todos lados. Tuvimos que sortear todos esos obstáculos para llegar hasta el final del pasillo y nos caímos un par de veces por lo resbaloso que estaba el piso. Siempre traté de cuidarla y, afortunadamente, en algún momento alcancé a girar para que no cayera y se lesionara.
Por otro lado, hablando específicamente de Contraataque, me parece que ha sido el proyecto más demandante, a nivel físico, que he hecho. Nos pueden ver en escena con el chaleco y las armas, pero hubo situaciones en las que tuvimos que subir y bajar una montaña, cruzar un río; todo más de diez veces. Es cansado, sin embargo, me emociona hacer ese tipo de proyectos. Me gusta unirme a producciones que me representen un reto, que me enseñen cosas nuevas y que me lleven a nuevos límites.
¿Cómo se desarrolla un villano en historias como Cometierra?
Para fines prácticos y narrativos, solemos hablar de héroes y villanos; de protagonistas y antagonistas. En mi caso, para construir un personaje no me gusta verlo de esa manera, porque creo que todos somos un nudo de contradicciones, como diría Marx, y somos más complejos de lo que creemos.
Me gusta conocer las heridas y los vacíos de los personajes, desarrollar una biografía nutrida para saber cómo fue su infancia, cómo es su relación con las figuras de autoridad y cómo se desarrolló en la adolescencia, porque eso les da identidad. Por ejemplo, en Cometierra no vemos toda la historia de Ale Skin, más que un flashback, pero con eso intuimos que es un personaje que tiene muchas complejidades. Si el actor no construye eso, entonces se siente un personaje unidimensional y, personalmente, me gusta que mis personajes tengan volumen. Así es como me acerco a ellos, sean villanos o no.
La contraparte de Ale Skin es Luis, de Control Z.
Sí, incluso habita en el espectro opuesto. Cuando me dieron los guiones de Control Z, me llamó mucho la atención ver que este personaje se paralizaba cada vez que vivía un momento violento. Y yo me preguntaba: “¿Por qué se paraliza si ya no está en la primaria? ¿Por qué no grita? ¿Por qué no corre? ¿Por qué no pide ayuda?”. Me di cuenta de que hay personas que viven momentos de violencia y abuso durante la infancia, y que eso queda como una huella que determina sus formas de actuar y de conducirse en el mundo. Así comencé a darle forma a mi construcción.
A la hora de desarrollar su biografía, puse especial interés en identificar cuáles habían sido esos momentos de su vida en los que había sufrido abuso y violencia. Solo así asumí la parálisis y eso, aunque no está contado en la serie, sí se desarrolla internamente, porque cuando lo vemos sabemos que hay algo muy fuerte que lo hace actuar de esa manera.

Una vez que terminas el rodaje, ¿cómo logras desvincularte de la esencia y las emociones de un personaje?
En general, no me cuesta trabajo, porque la vida me ha preparado para soltar muy rápido a las personas o determinadas situaciones. Suena un poco crudo, pero así se desarrolló mi vida en algunos aspectos y lo considero una ventaja. Por otro lado, también trato de buscar historias o personajes que sean totalmente diferentes a mí, en la medida de lo posible.
Cuando termino un personaje que es emocionalmente muy fuerte o que marcó mi carrera de manera contundente, trato de irme al extremo opuesto. En ocasiones, por ciertos perfiles que he interpretado, sucede que me llaman para otro papel similar, pero entonces hago el ejercicio personal de crear universos completamente distintos. Construyo no desde las similitudes, sino desde las diferencias. Pueden parecerse, pero en el fondo tienen otras historias.
No desarrollo mis personajes por arquetipos, sino que trato de verlos como a un humano más, alguien a quien conocería. Me pregunto: “¿Cómo y con quién vive? ¿Cómo es su habitación y su casa? ¿Tiene mascotas? ¿Qué actividades le gustan? ¿Qué música escucha?”. Todo eso lo hago para conocerlos desde cero.
¿Tienes un personaje favorito?
Luis fue un personaje al que le agarré mucho cariño. Al principio no lo quería hacer, porque quería interpretar a los bullies. Después, este papel me enseñó muchas cosas sobre mí mismo: me hizo aceptarme como una persona sensible y vulnerable. Yo, Luis Curiel, me percibo como una persona poderosa, que puede contra el mundo y que no es débil; aceptar esa parte de mí me costó trabajo. La observé y decidí que también puedo ser frágil y necesitar la ayuda de los demás.
Cada personaje te enseña cosas distintas y, por ejemplo, ‘El Pollo’, en Contraataque, también implicó un reto muy grande. Si bien es cierto que me percibo como autosuficiente y poderoso, y me gusta enfrentar retos y no les tengo miedo, cuando llegó el guion de la película me cuestioné si yo podía ser un soldado. Vi películas americanas, francesas y alemanas; todos son tipos de casi dos metros, súper fuertes, y yo no me parezco a ellos. Por supuesto que no, porque tuve que buscar al soldado mexicano. Cuando nos encuartelaron 7 días, entendí que sí podía interpretar el papel.
Uno de los más grandes aprendizajes que me ha dejado la actuación es que no trabajamos solos, sino también con la mirada, la esencia y la presencia del otro. Cuando era niño, una maestra me dijo que yo tenía mucho talento, pero que, si realmente quería ser un gran actor, necesitaba trabajar con el otro Tú no puedes existir si no existe el otro, y el otro no existe si tú no existes. Cuando apliqué eso en el escenario y después lo llevé a la vida, entendí que mi existencia no tenía sentido sin todos los demás.
¿Qué papeles quieres interpretar en el futuro?
Siempre he dicho que quiero hacer una película como Yo soy Sam, en la que actúan Sean Penn y Dakota Fanning. También me gustaría hacer algo como Caracortada o una alguna serie como The End of the F***ing World. En algún momento, quisiera explorar algo musical, como la biografía de un rockstar mexicano.