De niño actor a intérprete inquieto y productor, Alejandro Speitzer ha construido una carrera que desafía etiquetas y se reinventa con cada proyecto. El mexicano reflexiona sobre su vocación descubierta a temprana edad, los retos emocionales que lo impulsan y el momento de madurez profesional que atraviesa, sin perder de vista la empatía, la intuición y la necesidad constante de incomodarse para crecer.
¿En qué momento sentiste que la actuación era tu vocación?
Es particular porque fue muy pronto. Creo que la mayoría decide lo que quiere hacer en sus veintes, pero yo recuerdo una conversación con mi mamá a los doce años, cuando todo indicaba que seguiría trabajando. Ella me preguntó si realmente quería esto, y le dije que sí. En ese momento lo supe. Desde niño me identifiqué con el set, y entendí que hay pocos lugares donde soy tan feliz. Tuve la fortuna de descubrir mi vocación temprano.
¿Nunca te lo has cuestionado?
Ayer, literal, (ríe). Cuando cuestionas algo, es porque hay aspectos con los que no estás de acuerdo. Después de 25 años me doy cuenta de que hay muchas cosas que quisiera cambiar, aunque no estén en mis manos. Supongo que pasa en cualquier industria. Siento que llevo una vida bastante normal, incluso mis amigos me lo dicen, como si no perteneciera del todo a este mundo. No soporto los egos ni muchas cosas que sí existen en esta industria. Pero esos cuestionamientos también me ayudan a entender cómo quiero vivirlo yo, aunque no pueda cambiarlo todo.

Cumpliste 30 años. ¿Te dejó reflexiones? ¿Te conflictuó?
Fue una entrada poco triunfal. El mismo día recibí una noticia personal que me tumbó bastante. No fue como lo imaginaba. Y aunque la edad es solo un número, cumplir 30 te hace sentir más adulto. Siempre he sido un adultito, pero ahora se sienten más las responsabilidades. También llegó con la satisfacción de ver muchas metas cumplidas, tanto personales como profesionales. Veo gente de mi edad aún buscando su camino, y me siento afortunado por lo que he construido. Eso me ayuda a darle la vuelta a lo que me está costando.
¿Qué tipo de papeles te despiertan curiosidad últimamente? ¿Retos emocionales, físicos, psicológicos?
No busco un tipo específico de personaje, sino aquellos que me incomoden, sea cual sea la incomodidad. En Cóyotl fue algo físico, por el tiempo de caracterización y el traje; en otra peli de acción, fue por las coreografías intensas. También hay personajes que te tocan emocionalmente. Si tengo que decir qué busco, es eso: personajes que me incomoden, porque ahí me pruebo. Incluso la comedia puede ser incómoda, cuando está bien escrita. No busco una trama en específico, creo que los personajes te encuentran.
¿Has tenido que tomar alguna decisión difícil en tu carrera, como rechazar un proyecto o cambiar de rumbo, que hoy consideres clave?
Sí, en ambas direcciones. Rechacé una serie y una película porque mi intuición me decía que no, y a la película le fue espectacular. Pero no pasa nada. Creo que el actor debe aferrarse a su intuición, aunque a veces no se nos enseña eso o le tenemos miedo. La intuición debe acompañar al intérprete.
Vives entre Madrid y México. ¿Qué te inspira y te reta de cada ciudad? ¿Qué diferencias notas en cómo se trabaja en cada una?
Lo primero es el reto cultural. Justo ahora me voy a trabajar tres meses a España. Me gusta porque es adentrarte a otro mundo, encontrar nuevas formas, y sí, se trabaja distinto en ciertos detalles y formas. Pero el mayor reto es cultural: conectar con otro entorno y estar fuera de casa. Eso también es un reto personal. Saber que estarás tres meses solo impacta.

¿Qué crees que está haciendo bien la industria audiovisual mexicana hoy?
Somos expertos en resolver. Hacemos maravillas con lo que tenemos, y eso pasa en muchas industrias del país. El mexicano tiene algo muy chingón: hace que las cosas sucedan. A veces no se dimensiona todo lo que falta para sacar adelante un proyecto, pero lo hacemos. Eso habla del talento que hay. México tiene muchísimo talento en todas las áreas de la industria. Y en los últimos años, eso se ha notado internacionalmente: directores ganadores del Óscar, actores que van bien. El valor de la industria mexicana es su gente.
¿Te sientes en un gran momento de tu carrera?
Sí, estoy en un gran momento. No me gusta decir el mejor, porque creo que lo mejor siempre está por venir. Es una forma de no conformarse. Me sigo construyendo y evolucionando como persona e intérprete. Creo que mi carrera cambiará mucho en los próximos años porque me interesa moverme.
¿Qué te ha enseñado esta carrera sobre la empatía? ¿Te ha ayudado a trabajarla?
Totalmente. Como intérprete, lo importante es observar todo el tiempo. Ahí encuentras a tus personajes. Pero más allá, la interpretación te lleva a mundos que no conocerías de otra manera. Por ejemplo, en Pimpinero, fuimos a La Guajira, casi en la frontera con Venezuela. Rodamos en el desierto, en la comunidad Wayú. Fue de las experiencias más bellas de mi vida. Entender la vida desde la raíz, la necesidad, el rechazo, fue muy fuerte. Y también muy bello. Volver a lo esencial. Esa comunidad sufre mucho, y gracias a este trabajo pude estar ahí. Te da perspectiva, te toca fibras y te hace consciente de lo afortunado que eres. A veces hay que desconectarse de este mundo y conectar con otros que también habitan el nuestro y que muchas veces son ignorados.
¿Cuál sería el consejo que le darías a alguien que está empezando en la actuación?
Que tenga paciencia y la certeza de que su oportunidad va a llegar. Lo importante es estar preparado cuando llegue. Esta es una carrera de fondo, y va a doler más de lo que imaginas, pero también te va a construir como persona y como profesional. La vida del artista se ve como algo glamoroso —y no lo digo desde la victimización—, pero se sufre mucho. En los castings estás contra las cuerdas. Puedes haber hecho una prueba maravillosa y aún así no quedarte. Hay que prepararse constantemente para el rechazo, y duele. Aún me cuesta, incluso con la experiencia. Pero hay que confiar en que la oportunidad llegará. Lo importante es estar listo para cuando llegue, para que puedan ver que es un lugar merecido.
¿Qué proyectos te emocionan actualmente?
Ya se anunció A Billion to One, una peli de acción. Me emociona mucho porque estamos abriendo camino en un género que consumimos pero que casi no producimos en México. Es una gran apuesta de Amazon y estoy feliz. También anunciaron Autos, Mota y Rocanrol, que estará en competencia en el Festival de Guadalajara. Es cine independiente, un mockumentary que hicimos de forma muy personal sobre el Festival de Avándaro. Que esté en competencia me emociona mucho porque todos pusimos el alma para que sucediera.
