En Familia, dirigida por Rodrigo García, tuvo un papel central en una historia íntima y cargada de silencios, y se reencontró con la memoria literaria de Gabo, padre del director, y con el puente afectivo que pasa por su propia madre, una devota lectora del boom. Natalia pronto regresará al terror, incursionará en el cine de acción, y adelantará una serie de proyectos que confirman su versatilidad.
¿Recuerdas la primera vez que te viste en una sala en la pantalla gigante?
Sí, la primera vez fue con Huesera, todavía no se había estrenado la primera película que hice en realidad, Zapatos rojos, y fue muy impactante para mí. No fue necesariamente agradable, no había manera de solventar una cuestión estética haciendo ese personaje, sentía que si me ponía a pensar en eso iba a perder mucho contacto con una parte muy visceral que era el motor tanto del personaje como de la película; si ella no estaba en ese estado obnubilado y de medio trance, había algo sobrenatural que no se terminaba de contar. Nunca vi el monitor, yo no pertenezco a esa escuela; cuando vas entrando al mundo del cine es muy juzgado el actor que ve el monitor. Pero, cuando la vi por primera vez dije, “¿Qué mierda me pasa en la cara?”; me pareció muy monstruoso mi rango expresivo. Me confrontó mucho.
Huesera es una película muy impactante para uno como espectador también, ¿cómo te impactó como profesional de la actuación y como mujer?
Es una película que ahorita me mueve mucho más porque soy madre de una niña de siete años. Ella además tiene un cameo, en una de las primeras escenas aparece su carita. Obviamente, tiene toda la consciencia de que su mamá es la actriz de esa película, y le empieza la curiosidad por verla, por entender por qué ha sido tan importante para nuestra familia, para mí.
He intentado explicárselo, primero, por qué no la puede ver todavía, y después de qué iba la película y en qué estábamos pensando Michelle [Garza Cervera] y yo en ese momento. Ha sido un proceso muy complicado acercarle algo tan íntimo pero que, al mismo tiempo, tiene mucho que ver con ella, porque, al final, pude hacer esa película por lo que viví como mamá soltera los primeros meses de la existencia de mi hija. Todas las transformaciones que se podían hacer para entender la situación del personaje yo las tenía muy a la mano.
Entonces, justo hemos estado atravesando ese momento, y he pensado lo fuerte y lo parte de mí que es el personaje y ese momento, y también todos los lugares a donde llegó la película y todas las conversaciones que despertó.
Cuando entré a filmar eso mi hija tenía 3 años, yo acababa de pasar por todo el síndrome posparto, me separé al mismo tiempo. Además, amamanté como tres años, casi cuatro, y todavía seguíamos muy simbióticas en esa cosa de “te necesito, no puedo estar mucho sin ti”, todas esas sensaciones eran mi pan del día.

Has sido dirigida por hombres y mujeres, y quisiera saber si encuentras una diferencia, o si ves eso más como un tema autoral.
No, yo creo que sí hay una gran diferencia; a reserva de parecer políticamente incorrecta, hay muchas posturas que son de índole político que no deberían combinarse mucho con lo esotérico, con esa cosa inefable de la energía de las personas, pero francamente sí pienso que lo modifica todo. La mano que toca el timón del barco impregna todo el vehículo. Además, en algo tan humanístico como dirigir una ficción, generar ese proceso medio psicomágico con otros, no hay manera de que no afecte.
Creo que las películas más locochonas, las más profundas que he hecho, tienen que ver con el mundo femenino. No porque con los directores no haya explorado un gran rango, pero sí hay una energía femenina que tiene que ver con este universo emocional que es mucho más nutrido, en el buen y en el mal sentido.
No hace mucho filmé una película de terror con Olallo Rubio, una cosa muy física, además, fue muy cansado. Pero había una cosa mucho más pragmática en la toma de decisiones, en el flujo de las acciones, en cómo íbamos organizando ese caos energético. En el mundo femenino siempre hay más capas; cualquier conclusión tiene otra capa que hace que venga otra discusión, y por ende otra conclusión. Eso hace que el proceso se vuelva muy diverso, pero, al mismo tiempo, muy impactante y abrumador.

Siendo mexicana, de Culiacán, ¿cómo influyen esas raíces en tu enfoque artístico, en los papeles que eliges y en tu forma de trabajar?
Creo que hay un temperamento, y me gusta que seas colombiano, porque creo que hay algo norteño que se parece mucho a lo colombiano, como ciertas costumbres, el acento, no sé. También supongo que tiene mucho que ver con la onda esta de la violencia y de cómo se ha estructurado socialmente eso en Colombia. Creo que hay algo muy de temperamento que sí es como cultural, esta onda medio lúdica, y sarcástica, un poco más directa, de lo que nos distingue al resto de la república, que un norteño siempre va a decir lo imprudente [Risas]. Eso por una parte, y luego yo siempre me he sentido como una desplazada, para mí crecer en ese contexto fue duro por todas las implicaciones, yo me sentía muy diferente a lo que se consumía en esa ciudad, o incluso a los patrones estéticos, la cultura.
Esta impronta que nos deja la violencia o el narcotráfico, ¿te refieres a esa cultura, a que no te sentías…?
Parte de. Porque mis papás son teatreros los dos, y siempre les gustó más el mundo de la política hacia la izquierda, no sé, cosas que no eran muy cómodas en ese contexto. Me vine muy joven a la Ciudad de México a estudiar porque tampoco es que haya muchas ofertas en provincia. Eso me generó como una identidad doble que sí es un poco melancólica, y en ese sentido trato de acercarme al contenido social.
No es porque yo tenga una verdad política, ni siquiera siento que tenga un criterio muy formado para entender estas cosas, pero siento que entiendo cómo funciona esta sociedad, he visto cosas que me han marcado mucho y me gustaría poder fomentar, o por lo menos alentar a que haya como un contenedor para eso.
A veces pensamos que tenemos más poder del que tenemos en realidad; a mí me ha sensibilizado mucho la situación actual, por ejemplo, del estado en donde nací, me parece muy brutal que esté como fuera del estado de derecho. Hay cosas que no termino de entender muy bien, pero, al mismo tiempo, me trato mucho de cuidar, porque entiendo que no hay una identidad política que me proteja. La parte del teatro en mi familia es algo que también me ha marcado bastante.
