Carlos Matienzo y El ritual del nahual: “Creo que el cine independiente es el cine de los valientes”

Tras estrenar su primer largometraje, el director potosino reflexiona sobre los retos de hacer cine de terror en México, la fuerza del género y el sueño de levantar una película independiente desde San Luis Potosí

Por DAMARIS ARELLANO |

mayo 29, 2026

8:50 am

Fotografía por Roberto Chávez Bañuelos

Carlos Matienzo Serment, presenta su ópera prima El ritual del nahual, una película de horror folclórico situada en su estado natal, San Luis Potosí. Tras el éxito del cortometraje predecesor a la historia de la película, Matienzo, junto a su equipo conformado por Roberto Chávez y Gerardo Oñate, emprendió la búsqueda de los recursos para la realización del largometraje. La película fue realizada de manera independiente y recaudó 2.81 millones de pesos en taquilla.

Protagonizada por Gerardo Oñate, Caraly Sánchez, Alejandra Herrera y Gerardo Trejoluna, la película cuenta la historia de un fugitivo herido que llega a una comunidad marcada por desapariciones de niños y antiguas leyendas en los bosques de San Luis Potosí. Mientras un agente investiga los crímenes, una fuerza ancestral ligada al nahual comienza a despertar.

En entrevista con THE HOLLYWOOD REPORTER en Español, el director habla sobre la experiencia de hacer cine de terror independiente en México y reflexiona sobre los retos que enfrenta actualmente la industria cinematográfica nacional.

Primero que nada, muchas felicidades. Siempre es increíble poder ver una creación propia en la pantalla grande, y este es tu primer largometraje, ¿qué fue lo que más te sorprendió del proceso de levantar y dirigir una película en esta escala? 

Siempre estuvo el reto de hacer una película interesante. Además, la hicimos con bajo presupuesto, en San Luis Potosí y con capital local, pero desde el inicio pensamos en una película comercial; una película que pudiera llegar a los cines. Y creo que ese fue el primer gran reto: lograr que, desde la creación hasta la edición, llegara a manos de gente de ventas que pudiera verla y apostar por ella.

Pero siempre lo pensamos así. Como director, nunca pensé: “Mi ópera prima tiene que hablar de mí” o “tiene que mostrar quién es Carlos Matienzo”. No. En este caso, al haber capital involucrado, dije: “Tengo que hacer una película que se vea, una película interesante, entretenida, taquillera”. Ya después, en otro momento, me clavaré en hacer mis locuras más personales o más de autor.

Cuéntame sobre el proceso de la idea. ¿Cómo nace? Leí que está basada un poco en una experiencia personal en la Huasteca. ¿En qué momento entendiste que esto tenía que convertirse en una película?

El proyecto empezó como un cortometraje llamado Tequenchu, que hicimos en pandemia. Afortunadamente conectó muchísimo: viajó a más de 90 festivales y ganó 16 premios. Entonces, para finales de 2022, entendí que había potencial para convertirlo en un largometraje y empezamos a mover una carpeta para buscar apoyos y recursos.

Ahí me junté con Gerardo Oñate y Roberto Chávez —que además de colaboradores son amigos— para desarrollar el guión mientras yo me enfocaba más en la producción. Después sumamos asesorías de guión y así fue tomando forma la película.

Y claro, siendo yo de San Luis Potosí, tenía muy claro que quería llevar la historia hacia la comunidad tének de la Huasteca potosina. Ya había trabajado ahí antes y me enamoré de todo ese universo: la vestimenta, las tradiciones y el misticismo alrededor de figuras como los nahuales. Sentí que era un mundo demasiado rico como para no explorarlo en una película.

Ahora que mencionas la parte del misticismo, que creo que se mantiene durante toda la película, ¿por qué elegir al nahual y explorarlo en el cine mexicano?

Híjole, es que a mí siempre me ha encantado esa figura. En San Luis Potosí y en el altiplano se habla mucho de ella; desde niños crecimos escuchando leyendas o historias de gente que decía: “Fui a la sierra y me pasó algo con un coyote”. Siempre ha estado muy presente en el imaginario colectivo. Así que sentía que todavía no se le había hecho justicia en el cine, que hacía falta verlo realmente en pantalla grande. Y yo tenía muy claro que quería lograr eso.

Además, filmando en la comunidad Tének de Tamaletón, nos pasó algo muy especial: estábamos en un río y de repente bajó volando un guajolote, algo rarísimo en esa zona. Una señora de la comunidad nos dijo: “Yo creo que es el nahual”. Y para mí fue algo muy emblemático, sobre todo porque el guajolote también está muy presente en la vestimenta de las mujeres tének. Fue muy bonito poder integrar todos esos elementos dentro de la película.

Claro. La película gira alrededor de esta figura del nahual y entra dentro del folk horror, pero aún así tiene un subtexto social muy fuerte. ¿Cómo encontraste ese balance entre el folk horror y la protesta social?

Creo que en México vivimos muy cerca de ambas cosas todo el tiempo. Por un lado está el terror y, por otro, esta realidad marcada por la nota roja, las desapariciones, las protestas sociales y las madres buscadoras. Todo eso forma parte de nuestro día a día.

Nosotros quisimos llevar esos temas a un lugar más simbólico y subjetivo; sin hacerlo tan directo, pero sí dejando un mensaje que pudiera quedarse con la gente. Por eso decidimos situarlo en los años 60, en la época de Díaz Ordaz, cuando ya se empezaban a sentir muchos movimientos sociales y estudiantiles.

También nos interesaba que las nuevas generaciones entendieran que estas cosas no son nuevas, que vienen desde hace mucho tiempo. Y creo que el cine de terror y de género permite justamente eso: abordar temas muy duros de una manera sutil, pero al mismo tiempo muy poderosa, para que el espectador pueda procesarlos después desde otro lugar.

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¿Tú crees que el terror o el horror puede hablar de temas sociales de una forma que quizá otros géneros no pueden? Ahora que hablabas de la sutileza, es algo muy interesante de estos géneros: juegan mucho con la psique. Muchas veces, aunque el miedo se represente a través de una figura, una aparición o ciertas situaciones, termina siendo un reflejo de los miedos internos de quien lo vive. ¿Tú cómo percibes eso?

Sí, claro. A mí lo que me encanta del terror es esa capacidad de sublimar las cosas. El género te permite sentir, ver y disfrutar ciertos temas en pantalla, pero al mismo tiempo separarlos un poco de tu vida diaria. Por ejemplo, en un drama donde ves a una madre buscando a su hijo, siento que te llevas ese dolor directo a la cama y te quedas pensando completamente desde ese lugar emocional. En cambio, el terror te permite entrar y salir un poco más; hay una división entre la fantasía y la realidad.

Pero eso no significa que no impacte. Al contrario, el impacto se va a la psique, se queda ahí trabajando en la cabeza, en la almohada, más que desde un golpe emocional completamente frontal. Y creo que por eso a muchos directores de género nos interesa usar el terror para hablar de ciertos temas. Sí queremos mandar un mensaje, pero el género es tan poderoso que te permite meterlo dentro de la trama sin ser tan evidente o predecible.

Y ahora que hablamos un poco de géneros y referencias, ¿qué películas o autores han sido referentes para ti en la construcción de este universo?

Pues mira, siempre recurro mucho a Macario. Me encanta esa novela y, obviamente, también Juan Rulfo; tener presentes esos elementos de un México tan tradicional.

Y en cuanto al folk horror, vimos y estudiamos muchas películas del género. Por ejemplo, Midsommar, The Wicker Man y otras que a mí me encantan por la relación que construyen con los monstruos, como Let the Right One In.

Son películas que me generan muchas ideas. Uno siempre intenta absorber la mayor cantidad de referencias posible y trazar distintos caminos a partir de ellas. Pero también creo que algo importante para nosotros era que la película no se sintiera igual a ninguna otra. Porque luego pasa que ves algo y piensas: “Chin, se parece mucho a esta”. Y eso puede decepcionar a la audiencia.

Entonces sí estudiamos muchísimo, sí vimos muchas referencias y leímos bastante, pero también intentamos separarnos un poco de todo eso para encontrar nuestra propia identidad.

Claro. Regresando un poco a la producción, creo que el terror mexicano ha encontrado mucho público en los últimos años, aunque sigue siendo complicado levantar proyectos independientes. ¿Qué tan difícil fue financiar la película?

Yo creo que muchos directores y directoras de género nos enfrentamos a la misma realidad. Cuando estos proyectos llegan a fondos o jurados, muchas veces las temáticas no terminan de convencer. Ven un guión sobre un asesino serial en un pueblo y de inmediato hay cierto rechazo, sin detenerse a pensar que también puede ser una película con un trasfondo social, inclusiva con las comunidades y que además apuesta por una industria local en crecimiento, como la de San Luis Potosí.

Entonces sí siento que las cartas muchas veces están en contra del cine de género, aunque existan ejemplos recientes que han demostrado que el terror sí puede funcionar muy bien en taquilla. Aún así, sigue habiendo una preferencia por las comedias románticas, los dramas o los proyectos con rostros más conocidos.

En nuestro caso tuvimos que levantar la película completamente con financiamiento privado. Santiago Rangel, que es el productor ejecutivo, apostó por el proyecto y nos dio ese voto de confianza. Pero claro, eso también hace que la recuperación en taquilla sea mucho más complicada, porque todo depende directamente de recuperar la inversión.

Es la realidad que nos tocó vivir y ojalá poco a poco eso se vaya equilibrando.

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Precisamente hablando del presupuesto, ¿la película cambió mucho entre la versión que imaginaste al inicio y lo que realmente pudieron producir?

No, fíjate que no. Creo que una de las decisiones más acertadas fue pensar desde el inicio en un presupuesto realista: uno que no sacrificara calidad, pero que sí fuera viable para la historia que queríamos contar.

Y creo que eso se nota en pantalla. De hecho, mucha gente nos ha dicho que la película “se ve más cara”, y justamente ese era el objetivo. Pero también creo que la inversión estuvo completamente enfocada en el proyecto: en el equipo técnico, en la calidad de producción, en la cámara, en todo lo necesario para hacer bien la película, y no tanto en gastar el presupuesto en otras cosas.

Entonces sí siento que fue una película muy honesta y muy aterrizada en lo que necesitaba. La verdad, no nos faltó nada para poder hacerla como la imaginábamos. Ahora lo que esperamos es que este modelo también funcione a futuro, porque si seguimos haciendo cine de género bajo estas condiciones, probablemente tendremos que seguir levantando proyectos por fuera de los fondos tradicionales.

Y en cuanto a la distribución, ¿qué obstáculos encontraron para poder colocar la película en salas de cine? Porque también es bastante complicado.

Sí, totalmente. Creo que el gran reto para todas las películas es mantenerse en taquilla. Y aunque sí veo un esfuerzo de las distribuidoras por apostar al cine mexicano, también entiendo que la competencia es durísima.

En nuestro caso, Cinemex Distribución vio la película y decidió sumarse al proyecto. Después se la presentaron a Cinépolis y también les interesó programarla en algunas salas. El problema es que el cambio de una semana a otra es muy drástico. Tuvimos buenos números la primera semana, pero para la segunda ya tienes la mitad o menos de las salas que tenías al inicio, y obviamente eso afecta muchísimo la taquilla. Entonces hay que ser muy estratégicos, seguir moviéndote y seguir impulsando la película todo el tiempo.

Pero bueno, creo que esa también es la realidad que vivimos muchos cineastas actualmente: seguir luchando y seguir buscando cómo hacer que las películas conecten y permanezcan.

¿Tú qué crees que necesita cambiar en la industria para que películas como El ritual del Nahual tengan más espacio, además de todo lo que ya platicamos?

Yo creo que también tiene que ver con una estrategia de exhibición. Por ejemplo, en lugar de tener calendarios tan mezclados, quizá podrían existir temporadas más enfocadas por géneros: un periodo para cine de terror mexicano, otro para comedia romántica, y así.

Porque al final estamos compitiendo directamente contra estrenos enormes extranjeros. A nosotros nos pasó: teníamos una película muy fuerte jalando taquilla, El Diablo Viste a la Moda 2 y nosotros estábamos ahí en medio; luego viene otra de terror, luego llega The Mandalorian and Grogu… y dices: “A ver, estamos en el limbo”.

Entonces yo sí creo que sería importante construir momentos del año donde realmente se impulse el cine mexicano y se le dé espacio para crecer, consolidarse y permanecer más tiempo en salas.

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Totalmente. ¿Qué te gustaría decirle a las personas que van a leer sobre tu película, sobre esta primera creación tuya?

Pues que se atrevan a ver nuevas voces y a vivir un cine folclórico, un cine de terror más cercano a esas leyendas que nos contaban cuando éramos niños.

Es una película que puede disfrutar toda la familia a partir de los 15 años y que creo que logra conectar con públicos muy distintos. Y también me gustaría invitar a la gente a seguir apostándole al cine de terror mexicano. Tenemos referentes enormes como Guillermo del Toro, pero también creo que es importante seguir abriendo espacio a nuevas generaciones de realizadores y realizadoras.

Ojalá en unos años podamos seguir hablando de más películas mexicanas de género. Y bueno, también muchas gracias a ustedes por el espacio y por apoyar este tipo de cine desde la prensa especializada.

Con muchísimo gusto. Para cerrar, ¿qué consejo le darías a jóvenes cineastas que quieren hacer terror independiente en México?

Primero, que se atrevan. Creo que este cine independiente es el cine de los valientes. Y este proyecto es prueba de eso: un sueño que se pudo llevar a la pantalla desde San Luis Potosí, por un director fuera de la gran industria y además siendo padre de familia, llevando a sus hijos a la escuela y haciendo cine al mismo tiempo.

Entonces creo que sí hay posibilidades, pero también nos toca a nosotros crear más espacios para las nuevas generaciones. Por ejemplo, nosotros estamos trabajando muy fuerte en la Ley Estatal de Cinematografía justamente para que los jóvenes la tengan menos complicada que nosotros y puedan desarrollarse desde sus propios estados.

Porque también existe esta fuga de talento: mucha gente se termina yendo simplemente porque no encuentra oportunidades en donde vive. Entonces creo que lo importante es seguir construyendo esos espacios, apoyarnos entre todos y hacer crecer la industria para que después podamos encontrarnos como colegas y hacer de esto un negocio sostenible para todos.

DAMARIS ARELLANO

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