¿Viste la primera temporada de Merlina en Netflix y te quedaste con ganas de más misterio y menos humor? ¿Querías ver más de los miembros secundarios de la familia Addams y menos protagonismo de la nominada al Emmy, Jenna Ortega? ¿Más del mundo sobrenatural de los marginados y menos del mundo real que solo sirve como contraste?
Está bien si no lo recuerdas con exactitud. Merlina se estrenó hace casi tres años, un período que equivale a una “adolescencia” para la mayoría del elenco secundario, que en ese entonces era menor de edad.
Merlina (Segunda temporada)
VEREDICTO FINAL
Lo suficientemente escalofriante, pero mucho menos estrafalaria y excéntrica.
Fecha de estreno: Miércoles, 6 de agosto (Netflix)
Elenco: Jenna Ortega, Emma Myers, Joy Sunday, Catherine Zeta-Jones, Luis Guzman, Isaac Ordonez, Steve Buscemi
Creadores: Alfred Gough y Miles Millar
Por suerte —y convenientemente—pocos detalles específicos de la trama de aquella exitosa temporada son realmente relevantes. Hay suficientes momentos explicativos como para ponerse al día, pero la verdad es que la nueva temporada de Merlina es tan genérica, que mi mayor desafío fue distinguir mis recuerdos, de la primera entrega, de las dinámicas que ya vimos en El mundo oculto de Sabrina, Percy Jackson y los dioses del Olimpo y toda la saga de Harry Potter.
Volviendo a mi primer párrafo: creo que es completamente válido haber tenido esas peticiones tan específicas, en cuyo caso, los primeros cuatro episodios de esta segunda temporada, dividida en dos partes, probablemente te resulten satisfactorios. Pero si entendiste que lo más atractivo de la primera temporada fue la actuación de Ortega, algunas interpretaciones secundarias destacadas, y los rastros del humor oscuro y excéntrico de Tim Burton, esta entrega resultará una gran decepción. Es más de lo mismo, solo que más enredado y con menos Ortega, lo cual, supongo, era lo que la joven y ocupada actriz quería, pero no lo que este espectador esperaba.
El capítulo de estreno, escrito por Alfred Gough y Miles Millar, nos cuenta qué hizo Merlina durante las vacaciones de verano, que consistieron en negarse a editar su novela, dominar sus habilidades psíquicas y usarlas para rastrear a un asesino en serie. Claro, ¿por qué no?
El otoño trae de regreso a Merlina a la academia Nevermore, donde se ha convertido en toda una celebridad escolar por su verano como cazadora de asesinos y todo lo que sucedió la temporada pasada. Su compañera de cuarto y mejor amiga, Enid (Emma Myers, la otra revelación de la primera temporada), pasó el verano haciendo cosas de hombre lobo y conquistando un nuevo amor (Noah B. Taylor interpreta a un personaje cuyo nombre bien podría ser “Nuevo Interés Amoroso”), pero está lo suficientemente feliz por la fama de su amiga.
Merlina, como era de esperarse, no está contenta con eso y mucho menos con ser usada como la mascota escolar de Barry Dort (Steve Buscemi), el recién llegado “Dumblebore” a este “Slogwarts”. Lo que sí le gusta es que los cuerpos empiezan a acumularse en la comunidad de Jericho —las cosas raras hacen feliz a Merlina—, todos con los ojos arrancados por los cuervos y, la mayoría, con alguna conexión a ella.
Lo que aumenta la incomodidad de Merlina —que esta vez no resulta tan graciosa— es la incorporación de toda la familia Addams a la dinámica de Nevermore. Por alguna razón, Pugsley (Isaac Ordonez), que ahora lanza electricidad por los dedos, se ha convertido en estudiante. Mientras tanto, el director Dort ha decidido que la clave para su campaña de recaudación de fondos es conseguir dinero de la aparentemente adinerada madre de Morticia (Catherine Zeta-Jones), y que la mejor forma de lograrlo es ponerla al frente del comité de recaudación. Y para eso, lo más lógico es instalarla en una casita dentro del campus. Gómez (Luis Guzmán) no tiene nada mejor que hacer, así que también se muda ahí.
Mientras que en mi crítica de la primera temporada elogié a Merlina por tener la moderación y el enfoque necesario para no convertirse simplemente en Los locos Addams… Merlina se ha convertido simplemente en Los Locos Addams; con todo y un Largo (Joonas Suotamo) recasteado y poco aprovechado, y el siempre útil Dedos (Victor Dorobantu). El único que no se ha vuelto miembro permanente del elenco es el Tío Lucas (Fred Armisen), aunque aparece al “final” de la “mitad de temporada” (esas palabras ya no significan nada).
Aunque varios personajes clave del misterio de la temporada pasada han sido eliminados o reducidos a apariciones esporádicas, hay muchas incorporaciones nuevas, entre ellas Billie Piper como profesora de música; Thandiwe Newton como la doctora de un asilo cercano (con Heather Matarazzo como administradora del lugar); Christopher Lloyd como una cabeza en un frasco; y, fuera del terreno de los cameos llamativos, Evie Templeton, quien se presenta como la fan número uno de Merlina.
Incluso, si Burton no hubiera hecho ya una película celebrando su aprecio por los ojos grandes, igual sabrías que Templeton encaja perfectamente con el estereotipo de la joven inocente que prefiere el director, y logra destacar dentro de un elenco frenéticamente sobrecargado. En esa misma línea, resulta verdaderamente desconcertante que Buscemi y Burton solo hayan trabajado juntos en Big Fish (2003), aunque este personaje, tan poco desarrollado, no sea precisamente el mejor material para una colaboración memorable.
No se me ocurre una crítica más contundente que esta para los cuatro nuevos episodios de Merlina. Apenas han pasado dos días desde que los vi y, sinceramente, no puedo recordar qué es lo que Merlina intenta lograr en esta temporada, ni siquiera una línea sarcástica significativa. Aunque en la primera temporada los diálogos nunca fueron tan agudos como deberían haber sido, al menos mantenían un nivel constante de ingenio, y la serie sacó muchísimo provecho al poner a Merlina en situaciones completamente opuestas a su personalidad, como la escena de baile, uno de esos momentos rarísimos que se vuelven icónicos al instante.
La segunda temporada no intenta recrear inmediatamente la famosa escena, y gracias al cielo por eso. Hasta ahora, no ha habido nada que se acerque a ese momento, ni un intento por superarlo. Con la posible excepción de una acrobacia en el tercer episodio, casi todas las ideas que surgieron del: “¿No sería gracioso si Merlina…?” parecen haberse agotado. Merlina ha sido reducida a una detective psíquica, propensa a sufrir convulsiones y a llorar sangre (o algún fluido negro no identificado) por el uso excesivo de sus poderes. El rostro inexpresivo de Ortega sigue siendo impecable, y su mirada melancólica le permite proyectar emociones que van más allá de lo que hay en el guion, pero Merlina, a menudo, se siente como una pieza más del ensamble.
En cuanto al exceso de Addams en esta temporada, me temo que, por mucho que haya disfrutado las interpretaciones atrevidas de Zeta-Jones y Guzmán, como Morticia y Gómez, darles más tiempo en pantalla no ha hecho que sus interpretaciones resulten más interesantes. De hecho, recontextualizar a todos los miembros de la familia Addams dentro de un mundo excepcional, donde aquello que antes los hacía siniestros, excéntricos y completamente raros ahora es algo común, les quita por completo cualquier rasgo distintivo. La familia no es graciosa porque son rarezas afines al terror; es divertida porque son rarezas afines al terror insertadas en un mundo normal.
El contraste es lo que da risa. La segunda temporada de Merlina no tiene contraste. Es aceptablemente lúgubre —el diseño de producción y vestuario siguen siendo de primer nivel— y ocasionalmente divertida, y cuando ves el mundo a través de los ojos de Tim Burton (quien dirigió dos de estos cuatro episodios), siempre habrá joyas extrañas, como la leyenda urbana animada del primer episodio, pero lo más sorprendente de esta segunda entrega es que, aparentemente, se han quedado sin ideas.