Crítica: Wicked: For Good

En Wicked: For Good Cynthia Erivo sigue brillante, pero una radiante Ariana Grande domina la continuación del maratón musical de Jon M. Chu

Por DAVID ROONEY |

noviembre 19, 2025

10:47 am

Ariana Grande y Cynthia Erivo en Wicked For Good

Cortesía de UIP

Las dudas surgieron cuando se anunció por primera vez que la adaptación cinematográfica de Wicked dirigida por Jon M. Chu se lanzaría en dos partes, no se borran del todo con las más de dos horas de esta segunda entrega. Pero es seguro asumir que los millones de fans que han convertido el musical teatral en un fenómeno global no se quejarán. Claro, todas las canciones más memorables salvo una están en el primer acto, pero la inversión en personajes, historia y un diseño visual suntuoso compensa con creces en Wicked: For Good, que vuelve a demostrar que elegir a las potentes voces de Cynthia Erivo y Ariana Grande fue una jugada maestra.

Incluso si las dos partes combinadas, que casi suman cinco horas, son mucho, hay una simetría bonita en que la primera entrega pertenecía claramente a Elphaba, la marginada de piel verde de Oz interpretada por Erivo, mientras que esta secuela pone al frente a su antigua enemiga convertida en amiga, Glinda, llevada a una vida luminosa por Grande.

Conclusión: Los fanáticos de Wicked celebrarán.

Reparto: Cynthia Erivo, Ariana Grande, Jonathan Bailey, Ethan Slater, Bowen Yang, Marissa Bode, Michelle Yeoh, Jeff Goldblum, Bronwyn James, Sharon D. Clarke, Colman Domingo
Director: Jon M. Chu

Guionistas: Winnie Holzman, Dana Fox

Duración: 2 horas 18 minutos

Que no haya dudas: Erivo sigue siendo una fuerza de la naturaleza, con una voz que sacude el cielo y una fuente inagotable de intensidad emocional genuina. La paradoja es aún más clara: aunque Elphaba es infame como la llamada Bruja Malvada del Oeste, la bondad y la justicia que impulsan su oposición a las crueldades y al creciente autoritarismo terminan siendo su salvación, aunque asuma el papel de chivo expiatorio.

Pero la rubia vanidosa de Grande crece en estatura mientras Glinda asume responsabilidad casi estadista al intentar esparcir bondad por Oz, a la vez que vive una decepción romántica aplastante que la humilla y reduce su vanidad.

Grande actúa desde niña, y sus momentos tranquilos de introspección, ansiedad o tristeza revelan ternura y profundidad, igual que su lealtad hacia Elphaba. Demuestra fuerza y recursos para igualar la firmeza inquebrantable de Elphaba cuando empieza a ver las maquinaciones de Madame Morrible (Michelle Yeoh), quien surge como la verdadera figura despótica, no el Mago vacío (Jeff Goldblum). Él es un peso ligero y lo sabe, sobre todo comparado con la despiadada Morrible.

Más que nunca, el musical se vuelve una historia de hermandad nutritiva. La hechicería de Glinda puede ser fabricada en vez de un don natural como el de Elphaba, pero su corazón es genuino, y parece a punto de salírsele del pecho en vocales cristalinas llenas de vulnerabilidad y dulzura.

Cuando Erivo y Grande, hacia el final de For Good, se acomodan en esa conmovedora canción que da título a la película y se elevan en armonías preciosas que celebran las recompensas mutuas del amor y el apoyo, las jóvenes sentadas detrás de mí en una proyección de prensa empezaron a sollozar y llorar, lágrimas que continuaron de forma intermitente durante todo el acto final. Esa reacción sin duda indica familiaridad íntima con el material, pero el guion de Winnie Holzman y Dana Fox, basado en el libreto de Holzman y la novela de Gregory Maguire, se gana la emoción con más sinceridad que cursilería.

Al avanzar hacia la apertura de la primera película, en la que Glinda desciende sobre Munchkinland en una burbuja pseudo mágica (en realidad, motorizada) para anunciar una muerte, la historia se retoma cuando la difamación contra la exiliada Elphaba alcanza nuevas alturas. Banderas que la pintan como un monstruo a temer y odiar cuelgan por todo Oz, mientras Morrible usa brujería y propaganda para alimentar esa narrativa.

Elphaba se ha refugiado en un escondite profundo en el bosque, pero sale repetidas veces, volando en su escoba con su capa negra ondeando para frenar el maltrato de animales usados como mano de obra forzada para construir el Camino Amarillo.

La demonización de la otredad, que se ha vuelto un elemento fijo de la política actual, llega a su punto máximo, con animales, antes respetados e integrados en la sociedad de Oz, ahora tratados como seres inferiores que necesitan permisos especiales para viajar. La discriminación a los munchkins no queda lejos.

Elphaba encuentra a un gran grupo de animales intentando huir hacia el misterioso “lugar más allá de Oz”, aunque se dice que no es más que vacío. Al menos por un tiempo, los convence de no irse con una de las dos nuevas canciones escritas por Stephen Schwartz para la película, “No Place Like Home”. Erivo la interpreta con fervor e inspiración, incluso si es una canción genérica comparada con los temas más queridos de Wicked.

Esa escena en el bosque también presenta al León Cobarde (con voz de Colman Domingo), el primero de los tres queridos acompañantes de El mago de Oz, cuyos orígenes se cuentan aquí. Holzman y Fox encuentran formas ingeniosas de cruzar su historia con la novela de L. Frank Baum y el musical de MGM de 1939. Dorothy y Toto se ven repetidas veces desde lejos, sin que se les vea o escuche por completo, pero la chica de Kansas convertida en ladrona de zapatos hace sentir su presencia de maneras muy entrometidas.

Algunos de los momentos más graciosos involucran las reacciones de Grande a elementos del clásico de Judy Garland. “Te juro, esa chica no se cansa nunca”, comenta Glinda, exasperada, mientras Dorothy se va en un globo aerostático. Y cuando Elphaba suelta una risa que recuerda sin duda a Margaret Hamilton, Glinda pone los ojos en blanco y pregunta: “¿Qué fue eso?”. La conexión más grande entre la historia clásica y esta versión revisionista es la revelación de detalles sobre el tornado que levantó la casa de Dorothy en Kansas y la dejó caer en Munchkinland.

El triángulo amoroso entre Glinda, Elphaba y Fiyero (Jonathan Bailey), recién nombrado capitán de la guardia por orden de Morrible para capturar a la paria verde, adquiere una resonancia que fortalece a los tres personajes y profundiza las interpretaciones.

El ascenso de la resentida hermana de Elphaba, Nessarose (Marissa Bode), a gobernadora de Oz, que deforma su relación con el munchkin Boq (Ethan Slater), se siente algo apresurado para justificar su amargo camino hacia el título de Bruja Malvada del Este. Pero sirve para explicar la existencia del Hombre de Hojalata, así como más adelante se explica también la aparición del Espantapájaros.

Entre las interpretaciones secundarias, Yeoh se luce con la villanía manipuladora de Morrible (aunque su canto ha empeorado); Goldblum convierte al Mago en un charlatán egoísta pero con cierto encanto, incluso si ningún actor puede hacer que cierta revelación tardía sobre el personaje sea más fácil de aceptar; Bailey aporta nueva gravedad y honor a Fiyero, moderando el lado hedonista del personaje (y la reciente coronación del actor como el Hombre Más Sexy de 2025 según People); Slater encuentra un tono emotivo como Boq; y Bode muestra una dureza que choca dolorosamente con lo que el corazón de Nessarose desea.

Como en la primera película, la atención al detalle en el espectacular diseño de producción de Nathan Crowley y los trajes salvajemente imaginativos de Paul Tazewell es clave para los placeres de esta creación encantadora, capturada en un arcoíris infinito de colores y juegos de luz por la fotografía de Alice Brooks. Si la cámara girando alrededor de los personajes mientras cantan se usa demasiado, aun así encaja con el efecto mareante que el material provoca en sus fans más devotos. Lo mismo ocurre con la tendencia de Chu a sobrecargar el encuadre, sobre todo en escenas de esplendor en Oz con coreografías excesivamente llenas, algo fácil de perdonar.

Las orquestaciones exuberantes de las canciones de Schwartz le dan a la película amplitud sonora acorde con lo visual, y el uso de música incidental es excelente, retomando temas musicales que remiten a la película previa.

El destino de Elphaba y Glinda, como sabrá cualquiera que haya visto el show, es agridulce. Pero lo más revelador de For Good es la nueva madurez de Glinda, sus instintos de liderazgo y quizá incluso una comprensión incipiente de la magia, cuya ausencia Morrible solía describir como una “deficiencia”.

Glinda siempre ha sido secundaria frente a la más compleja Elphaba, ya que una princesa alegre adorada por todos difícilmente puede igualar el peso dramático de una marginada perseguida. Pero sin alterar de forma significativa la narrativa del musical, los cineastas han equilibrado el terreno.

Parte de eso se debe a la otra canción nueva de la película, “The Girl in the Bubble”. El tema, como “No Place Like Home”, no está entre lo mejor de Schwartz, pero cumple su función. La canción de Glinda da acceso íntimo a un momento de crisis personal, mientras examina con honestidad sus prioridades y privilegios y encuentra su brújula moral. Grande la llena de tanto sentimiento que humaniza y enriquece al personaje y, por extensión, a toda la película.

Tráiler:

DAVID ROONEY

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