En El monaguillo, el cura y el jardinero, Juan Manuel Fernández Escoto documenta el proceso legal y personal que vivieron víctimas de abuso sexual infantil, por parte del entonces sacerdote Mauricio Víquez Lizano. En 2018, mientras se encontraba en Tailandia y se ponía al tanto de las noticias de su país, el realizador encontró en el periódico la historia de Anthony Venegas Abarca, quien en ese momento había iniciado una batalla legal para obtener justicia.
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Fernández decidió ponerse en contacto con Anthony y Josué Alvarado Quirós, otra de las víctimas, para proponerles filmar el caso que, en 2022, reformó el plazo para la prescripción de casos de abuso sexual infantil en Costa Rica. De esta forma, Víquez, quien se mantuvo prófugo durante casi dos años en México, recibió una condena de 20 años de prisión.
El documental, que se proyectó en la 13° edición del Festival Internacional de Cine de Costa Rica, cuenta con testimonios desgarradores de las víctimas y sus familias, así como con cuestionamientos aún vigentes sobre la justicia y el sistema que la procura. El cineasta costarricense (Los Vargas Brothers) relató a Variety que no solo se mantuvo detrás de la cámara, sino que también apoyó a las víctimas en el proceso de persecución, al que se sumó la Interpol.

“Encontrar al hombre en México fue mucho más difícil porque es un país enorme, pero le dije a Anthony que teníamos que ir porque no teníamos mucho tiempo”, señaló. Sobre la forma en la que abordó un tema tan delicado, Fernández expuso que buscó la manera de no revictimizar a sus protagonistas, atendiendo con respeto cada uno de sus recuerdos y sus emociones, mientras contaban parte de su historia.
Para salvaguardar su integridad y la de su equipo, el director contó con apoyo legal que lo orientó durante la filmación, a la que calificó como una de las más retadoras de su carrera. ”Su abusador está en la cárcel, no son acusaciones, sucedió. Es la verdad”, indicó, aunque dijo sentirse temeroso por su estreno. “Sé que debemos mostrar la película en el cine porque va a conmover a la gente. Es un país muy católico, pero la película no trata de la Iglesia en sí, sino de dos hombres que encarnan el trauma del abuso desde distintas perspectivas; eso es lo que importa”, añadió.
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La sensibilidad del documentalista lo llevó, según reveló, a trabajar en Impermanence, un largometraje sobre las altas tasas de suidicio dentro de las comunidades indígenas, específicamente, en la reserva de Talamanca, en Costa Rica. El proyecto, que se estrenará el próximo año y se coprodujo con El Salvador, aborda temas tan importantes como la pérdida, la identidad de género y la vida de las comunidades que habitan estos espacios.