El país encerrado en un baño: Entrevista a Tomás Corredor

El director de Noviembre nos habla sobre la gesta, el dolor y la responsabilidad de filmar una película que no explica ni acusa, pero que incomoda.

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

octubre 29, 2025

4:14 pm

Cortesía de Burning

Tomás Corredor no necesitó ficción para inventarse el horror. Lo encontró encerrado en un baño del Palacio de Justicia, en medio de la peor tragedia institucional de Colombia. Noviembre, su ópera prima, no reconstruye el pasado sino que lo interpela. No dramatiza el hecho histórico sino que lo reduce a su núcleo ético. Y en esta conversación, Corredor lo reafirma: su cine no busca redimir ni condenar, sino preguntar.

Tomás, ¿de dónde nace Noviembre?

Es una historia larga. El Palacio de Justicia me marcó desde niño. Tenía nueve años cuando lo vi en televisión, solo en casa. Imágenes terribles, sin contexto. Eso se quedó. Con los años, al forjar una conciencia política, entendí que ese episodio había dejado una herida colectiva. Y esa herida, para mí, fue el inicio de todo. Fue un llamado. Durante años hice comerciales, pero un día me pesó el alma. Tenía más de 200 comerciales hechos y supe que era hora de hacer cine. Este fue el primer impulso.

El baño donde transcurre la película no fue una decisión estilística…

No. Lo encontré investigando. No quise imponer una forma; fue el tema el que me llevó a ese espacio. Leí libros, testimonios, fallos judiciales. El episodio del baño se reveló como un microcosmos de la tragedia nacional: 27 horas atrapados, sin jerarquías, sin identidades claras. Ahí estaba todo. Ahí estaba el país.

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La película no explica, no editorializa. Pero incomoda. ¿Qué reflexión te deja este proceso?

Que no hay película sin una postura ética. Pero cuidado: no es tomar partido. Cuando uno impone una verdad en el cine, traiciona el lenguaje. No me interesa eso. Noviembre es una película humanista. No sobre los armados, sino sobre la población civil atrapada en medio de la guerra. No glorifica ni demoniza. Observa. Y eso, en un país como Colombia, ya es un gesto político.

Ese enfoque también se ve en la cámara: no hay planos heroicos ni estéticos.

Exacto. La cámara está siempre a la altura de los ojos. Porque esta historia no se cuenta desde arriba ni desde abajo. Se cuenta desde adentro. Desde el miedo, desde la vergüenza, desde la humanidad. Me ofrecieron sets con techos desmontables para tener más opciones de tiro. Los rechacé. Esta película necesitaba estar encerrada.

Hablabas de la vergüenza. ¿La sentiste al investigar?

Muchísima. Al principio fue solo dolor. Pero luego apareció la vergüenza. ¿Cómo permitimos esto? Y peor: ¿cómo seguimos sin hablarlo? Esa vergüenza me guió a tomar decisiones duras, como no entrevistar directamente a los sobrevivientes. Usé sus declaraciones públicas. Porque si te lo cuentan en persona, y no filmas eso, ya los traicionaste. Preferí trabajar con la distancia del archivo. Ser responsable.

Natalia Reyes en Noviembre
Cortesía de Burning

En un momento donde coinciden tu película, una serie de Netflix y los 40 años de la toma, ¿crees que hay un nuevo interés por este episodio histórico?

Yo digo que esta es una película oportuna, pero no oportunista. Si hubiera tenido los recursos hace cinco años, lo habría hecho antes. Pero se dio ahora. Se estrenó en Toronto justo cuando cumplía 50 años el festival. En México, justo un 2 de octubre, aniversario de la matanza de Tlatelolco. Hay algo casi místico ahí. Pero también siento que el arte encuentra su momento. Y que esta historia está volviendo porque la sociedad necesita contarla desde múltiples voces. La mía es solo un párrafo.

Y un párrafo que pone las vidas al mismo nivel.

Esa fue una decisión esencial. En el baño llegaron a estar 70 personas. Elegimos 30 personajes, pero no quería extras. Cada vida importaba. No podía haber una figuración que replicara jerarquías. En el diseño del guion eso fue difícil: evitar la tentación de explicar, de dar un mensaje. Este no es un panfleto. Es una experiencia.

Una que también toca la memoria como territorio en disputa.

Claro. La memoria la roban el poder, el Estado, los actores armados. Pero la sociedad civil también necesita contar. Esta película no dialoga con el poder. Dialoga con la gente. Con el duelo. Con lo que seguimos callando. Para mí, la memoria hoy no es solo identidad. Es la última herramienta que nos queda para fortalecer la democracia.

Y ese llamado es potente.

Es que más del 90% de los muertos del conflicto son civiles. No son soldados, ni guerrilleros, ni paramilitares. Son personas. Y es por ellas que hay que hacer memoria. Desde un lugar sin banderas. Desde la humanidad.

Tráiler: 

ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

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