Desde el auge del cine, la moda ha jugado un papel importante como una extensión de la narrativa visual de una producción, siendo un elemento clave que nos habla de la identidad de un personaje. A medida que Hollywood se consolidaba como la meca del entretenimiento en los años 20, los grandes diseñadores de moda comenzaron a ver en la industria cinematográfica una plataforma para exhibir sus creaciones. Fue en la era dorada del cine cuando los nombres de diseñadores como Adrian y Edith Head empezaron a trascender, cruzando los caminos de la alta costura y la pantalla grande, redefiniendo el vestuario como un elemento central en la construcción de historias.
Con ocho premios Óscar en su haber, Edith Head fue responsable de algunos de los diseños más icónicos de Hollywood, vistiendo a estrellas como Grace Kelly, Elizabeth Taylor y Audrey Hepburn. Su capacidad para acentuar la personalidad de cada personaje a través del vestuario la convirtió en una leyenda. En La ventana indiscreta, de Alfred Hitchcock, vistió a Grace Kelly con una selección de trajes diseñados para resaltar su elegancia y reforzar la evolución de su personaje a lo largo del filme.
Su icónico vestido negro y blanco con falda de tul reflejaba la opulencia de su vida como socialité, contrastando con la modesta vestimenta del protagonista. Más adelante, un conjunto de falda lápiz y blusa de seda enfatizaba su determinación e independencia, mientras que su atuendo final, un look casual de camisa y jeans, simbolizaba su transformación y disposición a abandonar esa zona de confort que suponía su vieja vida.
Pero estos fueron solo los primeros grandes momentos en la convergencia de estas dos industrias. Durante los años 50 y 60, diseñadores como Pierre Cardin e Yves Saint Laurent empezaron a incursionar en el séptimo arte, aportando su visión vanguardista a producciones tanto europeas, como de Hollywood. En Bella de Día, la película de 1967 dirigida por el legendario Luis Buñuel, Catherine Deneuve lució un vestuario diseñado por Saint Laurent que exaltaba la sofisticación parisina de la época e incluso estableció su imagen como un ícono de la moda. Entre los atuendos más emblemáticos se encuentran el abrigo de lana beige de doble botonadura, así como los vestidos estructurados con cuellos altos y mangas, todos en tonos neutros y cortes minimalistas.
all the costumes for Luis Buñuel’s 1967 film ‘Belle de Jour’ created by Yves Saint Laurent, a thread: 🧵 pic.twitter.com/2YyOpyslXo
— C 💒 (@churchofysl) April 4, 2024
Pero no podemos hablar de moda y cine sin mencionar Breakfast at Tiffany’s. El largometraje de Blake Edwards con Audrey Hepburn como protagonista es, quizá, uno de los filmes imprescindibles en esta conversación. En esta ocasión fue Humbert de Givenchy la mente creativa detrás del memorable vestido negro que viste Hepburn en la piel de Holly Golightly. Su trabajo no solo definió el estilo de la actriz dentro y fuera de la pantalla, sino que también cimentó el “little black dress” como un elemento esencial y atemporal en la moda.
En los años 70, la influencia del prêt-à-porter se hizo más visible con películas como Dos extraños amantes de Woody Allen, donde Diane Keaton, vestida con trajes masculinos y boinas, impuso un estilo andrógino que traspasó la pantalla para convertirse en una tendencia global que incluso aún persiste hoy en día.

Giorgio Armani también se hizo un camino en la industria cinematográfica con películas como American Gigolo, que data de principios de los 80. Richard Gere, enfundado en trajes impecablemente confeccionados por la casa italiana, representó el epítome del estilo masculino de la época. Siendo fiel a su estilo minimalista y elegante, Armani redefinió el traje moderno y lo convirtió en un símbolo de poder y seducción. Su incursión en el cine popularizó el concepto del traje desestructurado, además de sentar las bases que darían paso a una nueva estética en la moda masculina de Hollywood.
Con la llegada de las siguientes décadas, la moda en el cine adquirió un carácter aún más influyente, con diseñadores como Jean Paul Gaultier en El quinto elemento. El creativo francés ideó prendas futuristas, que combinaban elementos de la alta costura con una estética cyber-punk, definieron la identidad visual del universo de Luc Besson. El icónico atuendo de Leeloo, interpretada por Milla Jovovich, compuesto por vendajes blancos estratégicamente dispuestos, es uno de los más destacados y recordados del filme, siendo el ejemplo perfecto de cómo la moda puede construir toda una realidad que como humanidad no hemos vivido.


En el siglo XXI, la relación entre la moda y el cine se ha vuelto aún más estrecha. Prada diseñó el vestuario de El Gran Gatsby, reinterpretando la exuberancia de los años veinte para la producción de Baz Luhrmann. Junto a la diseñadora de vestuario Catherine Martin, Miuccia Prada creó más de 40 piezas que mezclaban la opulencia de la época con una sensibilidad moderna. Vestidos de seda, lentejuelas y flecos hicieron viajar a sus espectadores en el tiempo al ritmo del jazz y el desenfreno de la era del charlestón.
Por su parte, Chanel desempeñó un papel clave en la transformación de Kristen Stewart en la enigmática actriz Jean Seberg en Seberg de 2019. El vestuario, compuesto por abrigos, camisas de cuello y pantalones de tiro alto, evocaba el minimalismo elegante de la década de los 70 y reflejaba el estilo inconfundible de la estrella de la Nouvelle Vague. En Spencer, Chanel continuó vistiendo a Stewart, en el que la diseñadora Jacqueline Durran recreó los atuendos de la princesa Diana de Gales, en una interpretación que se propuso capturar tanto su elegancia innata como el tormento interno del personaje. Desde el recordado abrigo rojo hasta el vestido negro de cuello alto que decía mucho sobre su transformación emocional, cada prenda se utilizó como un vehículo para expresar su vulnerabilidad en la historia desarrollada por Pablo Larraín.
Sin embargo, la alta costura no es la única que puede aportar significativamente a estas narrativas, pues la estética urbana y el streetwear también han encontrado su espacio en la pantalla grande. En Pantera Negra, Ruth E. Carter fusionó elementos futuristas con referencias a textiles africanos tradicionales, creando un vestuario que no solo enaltece la identidad cultural en la que se basaba la historia, sino que redefinió la moda dentro del cine de superhéroes.
Inspirada en patrones tribales, perlas masái y tejidos kente, Carter diseñó trajes que resaltaban la riqueza visual del imaginario reino de Wakanda, mientras que los atuendos de los Dora Milaje, traída a vida por Shaunette Renée Wilson, con su armadura roja y dorada, combinan funcionalidad sin perder de vista simbolismo ancestral que buscaban exaltar en cada una de las piezas del vestuario. Su trabajo fue tan impactante que influyó en las pasarelas, con diseñadores como Balmain, Off-White y Louis Vuitton incorporando patrones y estilos inspirados en la estética afro futurista de la película, en sus colecciones posteriores.
En los últimos cinco años hemos visto cómo las producciones fijan la barra cada vez más alto y es difícil no reconocer la evolución artística de los creativos y diseñadores de vestuario. En Barbie, por ejemplo, Durran vuelve a dar de qué hablar recreando los diseños más memorables de la muñeca de Mattel, trayendo a tamaño humano piezas como el conjunto rosa de vaquera, hasta vestidos de gala inspirados en los años 50. Por su parte, la segunda parte de Duna, también destaca por la capacidad de Jacqueline West para crear trajes inspirados en las culturas que yacen en el desierto.
Pero estas son tan solo algunas películas que exaltan la naturaleza narrativa de la moda. A lo largo de la historia, los diseñadores han tejido relatos a través de cada costura, transformando la indumentaria en un código visual que trasciende tendencias y épocas. Más que adornar a los personajes, sus creaciones han esculpido identidades y nos han dado algunas pistas de hacia dónde nos dirigimos como humanidad. Si la moda es un reflejo de la sociedad, entonces el cine es su espejo más grande. Y en esa simbiosis, como espectadores sabemos que la historia continúa incluso después de que la última escena se desvanezca.