Para este fan de toda la vida, la franquicia de Toy Story, la apuesta de Pixar para todas las edades que combina humor y emociones a flor de piel, alcanzó su punto más alto con sus mágicas segunda y tercera entregas. Pero, a diferencia de muchas sagas que continúan mucho después de haber agotado su creatividad, exprimiendo su éxito hasta llevarlo al desgaste, esta ventana al mundo oculto de los juguetes con vida propia ha cumplido constantemente su promesa de ingenio, creatividad, aventura y profundidad emocional. Incluso la entrega menos exitosa de la familia, Lightyear de 2022, un spin-off sobre el origen del personaje, tenía su encanto retro.
Dirigida por primera vez por Andrew Stanton, creador de la saga y guionista habitual de la franquicia, Toy Story 5 llega unos sorprendentes 31 años después de la película original y demuestra que la historia de estos personajes sigue teniendo mucho que ofrecer. La dulzura cautivadora de la cinta es difícil de resistir y vuelca todo su cariño en una pequeña humana que está tan desconectada de los niños de su generación que le cuesta hacer amigos. Cambiar la solitaria vida de Bonnie, de 8 años y con la voz de Scarlett Spears, se convierte en una misión.
Toy Story 5
Veredicto final: Los juguetes siguen siendo parte de nosotros.
Fecha de estreno: Viernes 19 de junio
Elenco: Tom Hanks, Tim Allen, Joan Cusack, Conan O’Brien, Scarlett Spears, Greta Lee, Shelby Rabara, Mykal-Michelle Harris y Craig Robinson
Director: Andrew Stanton
Codirectora: Kenna Harris
Guión: Andrew Stanton y Kenna Harris
Clasificación: PG, 1 hora y 42 minutos
Quizá el mayor acierto de esta nueva historia es poner a Jessie al frente. Joan Cusack, un verdadero tesoro nacional, regresa al cine tras un periodo de semi retiro y aporta a su interpretación de voz la calidez, el espíritu valiente y la tierna vulnerabilidad que siempre han definido al personaje.
Bonnie ahora es la tercera dueña de Jessie y la vaquera pelirroja suele ocupar un papel central en los elaborados juegos de imaginación de la niña, como el de una organizadora de bodas cuya celebración es arruinada por un plan de envenenamiento. Pero antes de siquiera encontrar una solución, Jessie se enfrenta a una dura realidad.
Mientras intenta, con métodos invisibles, convencer a los niños gemelos que viven junto a Bonnie de incluirla en sus juegos, Jessie descubre que sus vecinos están demasiado pegados a sus dispositivos como para prestarle atención.
Tras hablar con algunos juguetes abandonados, amargados y traumatizados que temen terminar en un basurero como su última morada, Jessie recibe una cruda advertencia. “La era de los juguetes terminó”. Desesperada, sube a la azotea de una casa y su perspectiva cambia al ver, a través de las ventanas de las habitaciones de toda la ciudad, a niños con los rostros iluminados por el brillo de sus pantallas. “¡La extinción! ¡Otra vez no!”, se lamenta el nervioso dinosaurio Rex, con la voz de Wallace Shawn, cuando Jessie le comparte el sombrío panorama.
La situación empeora cuando los preocupados padres de Bonnie intentan ayudarla a hacer amigos comprándole una Lilypad, una tableta inteligente diseñada para niños con una carcasa en forma de rana, interpretada por Greta Lee con una voz exageradamente alegre y satisfecha de sí misma que resulta casi insoportable. La pantalla personalizada se convierte de inmediato en el centro del mundo de Bonnie, mientras Jessie y el resto de los juguetes quedan abandonados en un montón sobre el piso. Pero la vaquera se niega a creer que la nueva obsesión de Bonnie con la tecnología sea algo más que una etapa pasajera.
Mientras Bonnie descubre que las amistades en línea no siempre se traducen fácilmente en encuentros y juegos en el mundo real, el guión de Stanton y de la codirectora Kenna Harris encuentra una forma de llevar a Jessie hasta la granja donde alguna vez vivió Emily, su primera dueña. El melancólico recuerdo de haber sido donada cuando Emily creció y dejó atrás los juguetes provoca que Jessie caiga en una espiral de ansiedad.
Después de pasar de Emily a Andy, quien se la entregó a Bonnie cuando se fue a la universidad al final de Toy Story 3, una película que me dejó completamente destrozado emocionalmente, Jessie se enfrenta a la posibilidad de otro abandono y cae en la desesperación. “No puedo pasar por esto otra vez. No puedo querer a otro niño solo para descubrir que nunca fui importante”.
Este es un claro ejemplo de la capacidad que tiene el universo de Pixar para incorporar emociones genuinas dentro de sus historias, sin renunciar al humor ni al espíritu aventurero. Los encantadores escenarios boscosos y campestres que aparecen cuando la acción se traslada de los suburbios residenciales a las afueras rurales aportan aún más melancolía a la historia, igual que las suaves y reconfortantes melodías de la partitura de Randy Newman.
Jessie descubre que Blaze, una niña apenas un poco mayor que Bonnie, vive con su familia en la granja. Pero encontrar un cobertizo lleno de juguetes olvidados resulta un golpe emocional. Entre ellos hay desde una rebanada de pizza flexible con lentes de sol, con un cameo de voz de Bad Bunny, hasta tres aparatos tecnológicos que fueron dejados atrás cada vez que Blaze se interesó por un nuevo dispositivo más moderno.
El más expresivo de estos juguetes descartados es Smarty Pants, una sencilla herramienta tecnológica para enseñar a los niños a ir al baño, a la que Conan O’Brien le da una divertida personalidad sarcástica. A cambio de la ayuda de Jessie para conseguirles baterías nuevas y volver a encenderlos, Smarty Pants, el hipopótamo de juguete con GPS Atlas, interpretado por Craig Robinson, y la cámara de juguete Snappy, con la voz de Shelby Rabara, le brindan un apoyo fundamental.
Ellos ayudan a Jessie a entender que, aunque Blaze también puede dejarse llevar por el atractivo de los aparatos más nuevos, sigue siendo una niña creativa, divertida y presente en su propio mundo, algo que, según la película, muchos otros niños han dejado de ser al pasar demasiado tiempo pendientes de sus dispositivos, sin levantar la mirada de las pantallas o incluso prefiriendo escribir mensajes en lugar de hablar.
El tema inquietante aquí es una advertencia contra depender demasiado de las máquinas o, como lo expresa Woody con una triste resignación, “Los juguetes son para jugar. La tecnología es para todo”. Cualquier padre que haya enfrentado un berrinche al momento de apagar una pantalla sentirá el peso de esas palabras.
Por suerte, Jessie no es de las que se rinden, especialmente cuando está convencida de que Bonnie y Blaze harán una gran amistad. Por eso llama a Woody como refuerzo, a pesar de que él le cedió su insignia de sheriff en Toy Story 4. Ahora, con una pequeña pancita y algo calvo, sigue siendo un pensador rápido y un experto resolviendo problemas, además de tener un nuevo sentido de la moda gracias a un poncho rojo que provoca más de una mirada de desaprobación.
Jessie también recibe ayuda de un escuadrón de 50 Buzz Lightyear Edición Alta Tecnología, interpretados por Tim Allen, quienes vienen equipados con sus propios puntos de acceso a internet y capacidades de dron.
Por supuesto, es muy bueno ver el regreso de estos personajes centrales de Toy Story, aunque la línea argumental separada que sigue a los Buzz Lightyear mejorados hasta un contenedor de envío destrozado, donde luchan por salir de sus cajas, se siente como si perteneciera a otra película de acción y aventura.
Stanton y Harris quizá tardan demasiado en integrar a la brigada de Buzz en la misión de Jessie, pero una vez que todos los juguetes comienzan a trabajar juntos hacia un objetivo común, su espíritu colectivo de cooperación resulta realmente emocionante.
Lo mismo ocurre con la canción increíblemente pegajosa de los créditos finales, ‘I Knew It, I Knew You’, de Taylor Swift, coescrita con su colaborador habitual Jack Antonoff.
En última instancia, la película funciona porque tiene corazón y convicción en la idea de que los juguetes tecnológicos no son inherentemente malos, ya que también pueden ser fuente de alegría. Como dice el Buzz más reciente: “Nuestra misión en este planeta es hacer feliz a un niño”. Incluso Lilypad recibe su redención.
Pero los realizadores también refuerzan la idea de que los niños necesitan interacción física y comunicación con otros niños para poder desarrollarse y crecer, un mensaje útil y fácil de aceptar.