Julio Iglesias enfrenta acusaciones por presuntas agresiones sexuales, físicas y psicológicas contra dos exempleadas que trabajaron en sus residencias de República Dominicana y las Bahamas. El pasado 5 de enero, la Fiscalía de la Audiencia Nacional inició diligencias de investigación a partir de una demanda interpuesta a través de la organización Women’s Link Worldwide. De acuerdo con los testimonios presentados, los hechos habrían ocurrido en 2021.
A la par de las denuncias, las acusaciones fueron detalladas en un reportaje de investigación realizado por el medio español elDiario.es y Univisión Noticias. De acuerdo con la información publicada, Rebeca y Laura —nombres asignados para proteger su identidad— se desempeñaron como empleada del servicio doméstico y fisioterapeuta, respectivamente, en un “ambiente de control, acoso continuo y terror”.
Los testimonios de las mujeres, que se suman a los de otras 13 personas que trabajaron para Iglesias entre la década de los noventa y 2023, y cuyas identidades tampoco fueron reveladas, sostienen que, además de jornadas laborales extenuantes, en las que eran constantemente “humilladas y maltratadas”, también habrían recibido tocamientos indebidos y golpes por parte del cantante español.
Rebeca, que en ese entonces tenía 22 años y trabajó en ambas propiedades durante diez meses, describe que Julio Iglesias la llamaba por las noches a su habitación y la obligaba a participar en encuentros sexuales con él y otras empleadas. Además de las labores de limpieza y cocina, a la mujer se le impuso como obligación laboral acompañar al cantante a una playa privada, lugar donde realizó comentarios sobre su cuerpo.
“Hasta ese momento no había entendido que vivíamos en una dictadura. Debíamos simplemente decir o hacer lo que él decía; no importaba el criterio propio”, externó Laura a los medios de comunicación. La fisioterapeuta relató que recibió ofensas, tocamientos e insinuaciones sexuales por parte del músico, a quien describió como “volátil y agresivo”. Un día, afirmó, Iglesias le pidió que se quitara la ropa mientras comían.
Los testimonios exponen que Iglesias, junto con sus house managers, seleccionaban a las empleadas a partir de una serie de fotografías de rostro y cuerpo. Además, se les pedía mantenerse aisladas dentro de la casa para evitar contagios de COVID-19, una imposición que no se aplicaba a los trabajadores masculinos. Por otro lado, refieren que eran obligadas a realizarse exámenes ginecológicos y pruebas de enfermedades de transmisión sexual, así como a mantener una dieta estricta y a no iniciar relaciones sentimentales fuera del trabajo.
Según los medios de comunicación, las declaraciones fueron contrastadas con “abundantes pruebas documentales, como fotografías, registros de llamadas, mensajes de WhatsApp, visados, informes médicos y otros documentos”. Hasta el momento, los autores de la investigación informan que no han recibido ninguna réplica por parte del cantante ni de sus abogados.
Diez días después de que la demanda se hiciera pública, Julio Iglesias mantuvo una breve conversación telefónica con la revista ¡Hola!, en la que manifestó que prepara su defensa legal para aclarar los hechos. En los próximos días, la Audiencia Nacional podría determinar si procede presentar una querella o archivar la denuncia.
El caso de Julio Iglesias no solo ha generado debates en el ámbito cultural y artístico, sino también en el político. Isabel Díaz Ayuso, dirigente conservadora y presidenta de la Comunidad de Madrid, cuestionó la intención de las acusaciones contra el cantante y apeló a su presunción de inocencia. Por su parte, Elma Saiz, ministra del Gobierno, indicó que las investigaciones llegarán hasta el final para evitar cualquier impunidad.
Otras figuras, como Jaime Peñafiel y Miguel Ángel Pastor, han salido en defensa de Julio Iglesias, mientras que Ignacio Peyró, autor de su biografía, así como la casa editorial encargada de su publicación, anunciaron que el libro será actualizado para incluir los hechos.
“Todas las mujeres que entraron a trabajar en la casa de Julio Iglesias son víctimas, porque sus acciones morales no van con los derechos humanos. No lo hago solo por mí, también lo hago por ellas, porque no es justo ni lo que yo viví ni lo que vivió ninguna de mis compañeras en esa casa. Entramos a trabajar dignamente y no merecíamos todo ese maltrato”, expuso Laura a Univisióneste martes.