Crítica Moana: La cautivadora Catherine Laga’aia y un entregado Dwayne Johnson revitalizan uno de los mejores remakes live action de Disney

Thomas Kail dirige esta nueva versión del exitoso filme animado de 2016 sobre el crecimiento de una intrépida adolescente polinesia, con canciones de Lin-Manuel Miranda

Por DAVID ROONEY |

julio 10, 2026

9:47 am

Disney

Apareciendo como una refrescante brisa de las islas del Pacífico, Moana llega tan solo diez años después de la película animada en la que se basa. Aunque este remake live-action sabe que no debe alterar los sólidos cimientos de la historia original, esta encantadora reinterpretación se sostiene por sí misma. Gran parte del mérito se debe a la convincente actuación de la debutante australiana Catherine Laga’aia en el papel principal, una princesa de Disney que no necesita un príncipe para descubrir quién es ni qué quiere; así como al cómplice apoyo de un Dwayne Johnson dispuesto a reírse de sí mismo, quien amplía el personaje al que dio voz en la versión de 2016: Maui, el vanidoso y astuto semidiós del viento y el mar. 

Confieso que siempre seré escéptico respecto a la necesidad de la inagotable maquinaria de remakes live-action de Disney que, a menudo, parece responder más a una estrategia comercial que a una auténtica necesidad creativa. Pero, en el mejor de los casos, como ocurrió con Cenicienta, de Kenneth Branagh, estas nuevas versiones logran aportar un brillo renovado a historias muy queridas, permitiendo que una nueva generación las descubra, mientras despiertan la cálida nostalgia de quienes crecieron con ellas.

Veredicto final

Una grata sorpresa llena de encanto.

Lugar de estreno: Viernes, 10 de julio
Elenco: Dwayne Johnson, Rena Owen, John Tui, Frankie Adams, Jemaine Clement, Catherine Laga’aia
Director: Thomas Kail
Guionistas: Jared Bush y Dana Ledoux Miller 

Dirigida con dinamismo y generosidad por Thomas Kail, la película incorpora una mayor cantidad de elementos generados por computadora, por ejemplo, adorables compañeros animales, feroces piratas de coco, los poderes mágicos del océano o la furia de un demonio volcánico, lo que inevitablemente plantea la pregunta de siempre: ¿En qué se diferencia esto de una película animada digital? Sin embargo, esas dudas se desvanecen cuando una cinta tiene tanto corazón y sentido del humor, además de un profundo respeto por las culturas del Pacífico Sur, una imaginativa reinterpretación de su mitología y una contagiosa capacidad para despertar asombro ante los milagros de la naturaleza. ¿Aporta nuevas ideas al material original? No. ¿Importa? Tampoco. 

Interpretada a los cuatro años por Emma Puahi-Shapazian, a los ocho por Amaya Masoli y a los 16 por Catherine Laga’aia, Moana ha crecido rodeada de amor en la idílica comunidad polinesia de Motonui junto a sus padres, Tui (John Tui) y Sina (Frankie Adams). Sin embargo, su vínculo espiritual más profundo es con su abuela Tala (Rena Owen), quien le transmite las historias de sus ancestros y comprende, de manera casi intuitiva, la poderosa atracción que la joven siente por el océano.

Los guionistas Jared Bush y Dana Ledoux Miller presentan con agilidad la leyenda que se cierne como una nube de tormenta sobre la exuberante isla, sus cocoteros y sus playas de arena dorada. Hace mil años, Maui robó el corazón de Te Fiti, la diosa de la naturaleza. No obstante, terminó perdiéndolo en el fondo del mar junto con su anzuelo mágico de plata, del que provenían sus poderes para cambiar de forma. Tras la desaparición de Te Fiti, una terrible oscuridad comenzó a extenderse lentamente por las islas y las aguas que las rodean.

Motonui ha logrado resistir esa maldición durante generaciones, pero los problemas finalmente alcanzan a la comunidad cuando una enfermedad comienza a propagarse por los cocoteros y los pescadores descubren que la abundante pesca de la que antes disfrutaban ha desaparecido. Las tradiciones de la isla prohíben aventurarse más allá del arrecife, por lo que, cuando Moana se ofrece a afrontar ese peligro y adentrarse en el océano en busca de una nueva fuente de alimento, Tui interviene, decidido a proteger a su hija, destinada a convertirse en la próxima jefa de Motonui.

Pero Tala sabe que el océano ha elegido a Moana para encontrar a Maui y obligarlo a devolver el corazón de Te Fiti, con lo que podrá salvar a las islas de la devastación. La anciana lleva a su nieta a una cueva secreta repleta de embarcaciones, donde le revela que sus antepasados fueron grandes navegantes, hasta que la desaparición de Te Fiti convirtió el océano en un lugar peligroso. Moana parte en secreto y zarpa guiada por el propio mar en cada paso de su travesía. Incluso, cuando una violenta tormenta la arroja sobre una isla desierta, el destino tiene un propósito: conducirla directamente hasta Maui.

Johnson se entrega por completo como el vanidoso semidiós, presumiendo sus enormes músculos y sacudiendo sus largos y abundantes rizos mientras invita a la “pequeña humana” a adorarlo. Moana, sin embargo, no se deja impresionar. Él considera que su misión es una locura y teme enfrentarse a Te Kā, la demonio del fuego y la tierra que hace mucho tiempo lo dejó sin poderes. En lugar de ayudarla, decide escapar en la embarcación de Moana, pero pronto descubre que es imposible deshacerse de ella. 

La película podría beneficiarse al recortar unos diez minutos de su tramo central en el océano, que a menudo se ve afectado por demasiados fondos planos de pantalla verde. Pero gran parte de su encanto proviene de la dinámica entre estos viajeros aparentemente incompatibles: mientras Maui sigue velando por sus propios intereses, Moana se niega a permitir que evada su responsabilidad. Ella apela a su vanidad al recordarle su potencial para convertirse nuevamente en un héroe de la humanidad; incluso los tatuajes que cubren la parte superior de su cuerpo y que cobran vida propia, como jeroglíficos animados, coinciden con ella. 

Johnson y Laga’aia funcionan de maravilla como compañeros de aventura a regañadientes, ya sea enfrentando peligros o entonando las pegajosas canciones de Lin-Manuel Miranda, Opetaia Foa’i, integrante del grupo de música oceánica Te Vaka, y Mark Mancina, responsable de la banda sonora. Es cierto que muchas de las canciones podrían parecer melodías recicladas de Hamilton —la célebre colaboración previa entre Miranda y Kail, quizá hayan escuchado hablar de ella—, pero los actores aportan tanta personalidad a cada número musical que resultaría mezquino detenerse en esa comparación. 

Entre los momentos más destacados se encuentra la hermosa ‘How Far I’ll Go’, de Moana, que reinterpreta la tradicional canción de deseo de las princesas Disney, para convertirla también en un himno de promesa sobre la navegante y líder en la que está destinada a convertirse; así como la enérgica declaración de amor propio de Maui, ‘You’re Welcome’, que incluye un divertido interludio de rap del actor conocido como The Rock

Como en la película original, uno de los momentos musicales más entretenidos es ‘Shiny’, una divertida pieza con tintes de glam rock, interpretada nuevamente por Jemaine Clement como Tamatoa, un enorme cangrejo obsesionado con el brillo. En lo alto de la montaña de tesoros del crustáceo, acumulados desde el fondo del océano, se encuentra el anzuelo perdido de Maui. 

Aunque la película le pertenece principalmente a Laga’aia, cuyo padre es de ascendencia samoana, y a Johnson, también cuenta con las valiosas aportaciones de Tui y Adams como los orgullosos padres de Moana. Resulta especialmente emotivo que Sina reconozca y aliente discretamente la enorme determinación de su hija, antes de que el jefe de la comunidad esté dispuesto a aceptar su independencia. Por su parte, Owen —la actriz neozelandesa que llamó la atención con su interpretación de una víctima de violencia doméstica en la desgarradora Once Were Warriors, de Lee Tamahori— aporta calidez y una sabiduría profundamente arraigada a Tala, quien se convierte en un vínculo vivo con sus ancestros. 

Ha habido cierta indignación en internet —¿cuándo no la hay?— por considerar que es demasiado pronto para rehacer una película tan querida como la de 2016. En principio, estaría de acuerdo, pero esta nueva Moana es un cautivador entretenimiento familiar que merece encontrar a su público: rebosa atractivo visual, colores vibrantes, magníficos elementos de diseño (el exquisito nivel de detalle en el vestuario de Liz McGregor es digno de destacar) y seductores paisajes tropicales. El rodaje principal se realizó en Oʻahu, la tercera isla más grande de Hawái. Su emotivo y alegre acto final casi logra transmitir la sensación de haber pasado unas vacaciones allí. 

DAVID ROONEY

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